Habla la ausencia. Una ciudad de provincia (2017), de Rodrigo Moreno

Juan Pablo Barbero 29 - Abril - 2017 Textos - Foco:19º BAFICI, Buenos Aires Festival Internacional Cine Independiente

 

Donde no hay un protagonista para seguir la historia, la historia sigue a varios, donde no hay una historia que contar, hay montones y las más variadas, donde Una ciudad de provincia se narra en todos sus bloques espaciales, en el bar arrugado, en la calle con los perros ladrando, en el movimiento de las motos, en el cielo que agarra todo lo que la cámara persigue. Una ciudad que habla por su cuenta sin la necesidad de la narrativa clásica de anclar todo a sólo un personaje, acá el ancla no existe, sino que más bien parece irse encadenando pero sin atarse a nada, donde un personaje aparece la película lo sigue y después lo abandona, pero sin dejarlo afuera, porque pertenece todo a lo mismo, a la narrativa de una ciudad que habla en todas sus esquinas, a la mañana y a la noche, en la cancha o en los negocios, en una trompada o en una guitarra que se enmudece para darle lugar a los ladridos de los perros que vagabundean en pareja, a la par, como dos motociclistas que intentan hablar sin sacarse los cascos, los perros también se hablan a su manera.

Una película geográfica porque en realidad la única protagonista es la ciudad con todas sus historias donde se roza lo documental tras la falta de conflictos, pero en su ausencia hay conflictos más sencillos y cotidianos, un conflicto distinto a la hora de narrar. Porque si hablan las motos, hablan los perros, hablan las guitarras, hablan las esquinas, no se busca un conflicto como motor para avanzar la narración sino que la acción está difuminada en documentar la realidad y la ficción la encuentre el montaje. La construcción de una película para construir una ciudad, una premisa concisa para establecer ladrillos fuertes, donde en realidad todo puede entrar, pero lo importante es cómo se cuenta esta ciudad, ¿qué elementos y por qué? La pregunta se responde con algo sencillo, porque sí. Porque los pescadores, los jugadores de rugby, las empleadas de los negocios y hasta los perros son parte de la ciudad construida por Rodrigo Moreno para probar una narrativa distinta a lo que venía haciendo, más cercana a Reimon que a El custodio, pero en toda su filmografía se puede encontrar aquella confianza en el plano, su acercamiento a lo real y su preocupación en el montaje para encontrar aquel punto que conecte un ladrillo con otro, un paseo, un silencio o un vestigio musical.

Esta es la película donde más se aleja de la ficción pero sin embargo todas sus ficciones tienen la tentativa de abordar lo casi documental, en esta se podría decir que invierte su fórmula, documenta para ficcionalizar. El cine le permite hacer de todos esos viajes sólo uno.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

Una ciudad de provincia