“La búsqueda patética del amor”. Un beau soleil intérieur (Un bello sol interior) (2017), de Claire Denis

Rocio Molina Biasone 5 - Octubre - 2017 Textos

 

Claire Denis tiene ya una larga trayectoria cinematográfica recorrida, y al menos por unos años podemos estar contentos de que terminarla no esté en sus planes. Su último film, Un beau soleil intérieur, el cual se llevó a cabo con un rodaje minimalista y un presupuesto acotado, se destaca del resto de su filmografía, tal vez no por su calidad pero sí por su apuesta por un tratamiento cómico. Reconocida por sus historias dramáticas, Denis se propone en esta ocasión filmar lo dramático pero con humor. Su nueva película es una tragicomedia, y nada lo demuestra mejor que el personaje protagónico de Isabelle, soberbiamente interpretado por Juliette Binoche.
Isabelle es un personaje patético en todo sentido: es una mujer que siente, siente mucho, y por esto su continua búsqueda del amor nos da risa, y a la vez nos incomoda o frustra.
El film se acerca más a una idea de teatro filmado que a la idea más tradicional del cine de acciones. Es casi puro diálogo, y hasta incorpora monólogos naturalizados de Isabelle. ‘Naturalizados’ digo, porque por más teatral que nos resulte, el diálogo y los discursos siguen estando adaptados para la experiencia cinematográfica, y nunca va un personaje a irrumpir en un monólogo largo y reflexivo sobre el motivo de la existencia. Teatral es, también, su uso del espacio y la puesta en escena que lo acompaña: espacios reducidos y cerrados, pero en el sentido de unas paredes que crea la cámara a partir del fuera de campo. No hay casi una escena cuyo espacio no pueda ser reconstruido de forma integral sobre un escenario.
Lo mismo acontece con las escenas mismas, que también se organizan según ‘bloques’, relacionados entre sí, mas concisos e independientes a la vez. En este proceder teatral, cada escena tiene su propio inicio, desarrollo y final, cada uno de estos diálogos entre Juliette y sus amantes, Juliette y sus amigos, parecen llegar a su propia conclusión, a la vez que constituyen una unidad con todas las otras. Esta característica de teatral de las escenas se debe también al uso intencional de elipsis cuyo abarque desconocemos, pueden haber pasado días, semanas o meses. El objetivo es claro: hacer una película sobre la búsqueda del amor consciente que emprende Isabelle. Todo aspecto de su vida que no se vincule con aquella trama, será omitido, pero no para engañar al espectador, o para mostrar a una mujer que solo vive para el amor. Las elipsis cumplen justamente esa función, es decir, dejar en evidencia el capricho de la narración, ser transparente respecto a lo que se quiere mostrar en esta película.
Repito, esta no es una película sobre acciones concretas. Su trama no es activa, o no lo aparenta, sino que es una película sobre una búsqueda, casi más difícil que la del Santo Grial, y que implica muchas más esperas, tensiones y desilusiones. Esta búsqueda es la de una mujer de mediana edad que quiere encontrar el amor. Sí, el amor, el verdadero, ese que está en todas las películas y en la propia imaginación, allí donde todo cierra y se adapta a nuestras necesidades. Pero Isabelle, artista de alma y de profesión, no puede contentarse con el mundo de las ideas, y debe llevar lo imaginado a la realidad, cueste lo que cueste, e implique lo que implique. La película es casi un manual de la búsqueda del amor, y me atrevo a decir que dependiendo de quién la mire, la conclusión a sacar de su final será una, o será su contraria. Por un lado tendremos a los optimistas, los amantes de las comedias románticas y finales felices, quienes en la última escena de Un beau soleil intérieur se sentirán aludidos por el título mismo, pues ellos también llevan dentro de sí un bello sol que resplandece y les da calor y esperanza. Este público esperanzado verá esta escena y la interpretará como un final feliz, como el amor que finalmente llegó, por más que la protagonista misma no lo sepa. El final es abierto, pero las reglas del género de comedia romántica les dan una pista de qué pasará luego.
Por el otro lado, sin embargo, estamos los otros: los realistas o pesimistas (¿acaso no son lo mismo?). Para nuestro grupo de escépticos natos y orgullosos por demás; para aquellos que después de ver una comedia romántica sentimos una mezcla de ira, distanciamiento, tristeza y secreto anhelo por el mundo tanto más simple que se nos planteó; para quienes ante una frase ‘motivacional’ no logramos reaccionar de forma instantánea por la cantidad de potenciales respuestas sarcásticas que se van acumulando en nuestros cerebros, este final no es ni feliz ni cerrado. O más bien es cerrado en cuanto no podemos sino sospechar que sabemos lo que pasará después: la búsqueda de Isabel continúa, eternamente, con felicidades momentáneas pero destinadas a fracasar, tanto por sus propios prejuicios como por la poca disponibilidad emocional de sus intereses amorosos.
Donde unos piensan “Bueno, ¡termina bien, al final!”, otros nos desesperamos “Esta mina no aprende más”. Tal vez sea en esta dialéctica cíclica y eterna entre vasos medio llenos y vasos medio vacíos que se encuentre la esencia de Un beau soleil intérieur. ‘Tal vez’, sí, pues no puedo asegurarlo: soy, lamentablemente, realista.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Un beau soleil intérieur