Drogadictos por siempre. T2: Trainspotting (2017), de Danny Boyle

Juan Pablo Barbero 29 - Marzo - 2017 Textos

 

Cuando te sentás a ver Trainspotting 2, no te sentás a ver cualquier película, o por lo menos, eso sentí y me hicieron sentir muchas personas, tanto amigos como desconocidos, es una película que uno sabe que “hay que ver”, ya que su primera parte es una película que marcó una generación y sirve, por lo menos a muchos, como cruzar esa línea imaginaria hacia otro tipo de cine. Una película inicial que forma espectadores, todos nos sentimos un poco más punk después de ver Trainspotting, todos pensamos en qué hay que elegir en la vida gracias a su “choose life” y todos corrimos al ritmo de Iggy Pop.


Veinte años después, veinte años reales, vuelven nuestros antihéroes a reencontrarse para una batalla peor que la de su lucha contra la heroína, hasta peor que la traición que es uno de las líneas de la historia, la peor pelea es contra la nostalgia. Porque T2 es una película consciente de todo lo que logró a lo largo de estos veinte años su antecesora, y eso le permite irse a otro lado del cine, ya que desde un principio el guión se aleja de la novela original, llamada “Porno”, primero una película con el nombre “Porno” sería muy difícil ser vendida y segundo cómo dejar atrás ese nombre que ni siquiera le ganaron los traductores, un nombre tan original, conocido en todas partes, como Trainspotting. Yo leí “Porno” y no tiene nada que ver con T2, por eso no me interesa hablar de adaptación, ni tampoco ponerme en ese lugar crítico diciendo que el libro está mejor o peor. Quiero hablar de esa otra cosa, que hay que entender, que el cine puede darse un gusto que a la literatura le cuesta más, mucho más. Ver veinte años después a los personajes en el cine es ver a personas reales, de carne y hueso, que te hacen sentir que pasaron veinte años para vos también y eso llama a la nostalgia. Se llama Trainspotting 2 porque la decisión del guión fue hacer una película esclava a la anterior, una película donde poco lo interesa contar una historia nueva, sino que acude constantemente a la reminiscencia, como si todos los involucrados, desde el director, los actores, los espectadores, todos quisieran volver veinte años atrás, cuando Trainspotting nos volvió drogadictos a todos, y esto es un juego temporal, porque con esto no estoy diciendo que es un sentimiento que sólo sienten los que vieron la película hace veinte años, sino que hay que ser consciente que el cine es un arte que siempre está en presente, las pinturas pueden ponerse amarillentas con el paso del tiempo y quebrajarse, pero en el cine los actores son jóvenes por siempre. El lema de Trainspotting es sobre la elección: Elige tu futuro. Elige la vida... ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?" La elección de elegir una cosa u otra, esto es lo que quiero decir con que es una película esclava y no por eso todas las películas pueden darse este gusto, no todas las películas se volvieron tan importantes como Trainspotting, no todas las películas vuelven drogadictos a todos, y no como algo negativo, sino todo lo contrario, esa droga que se llama cine, que te incomoda, que te molesta, que te hace querer cambiar de lugar, esa droga que se llama cine que se vuelve estética y a la vez te golpea la puerta de la casa donde duerme bien adentro esa jueza gorda que se llama tu moral, cuando trainspotting nos volvió drogadictos a todos fue cuando nos dijo que los buenos no tienen que ser buenos para no ser malos.
Alejarse de la novela y afianzarse al cine, abandonando las agujas de heroína y quedarnos con los guiños de aquellas agujas ya usadas, descartadas en un tacho de basura que guardamos en nuestra cabeza, todo material descartable vuelve a empaquetarse en un envoltorio similar, tanto en ritmo como en humor, los colores son diferentes, pero hace veinte años el invierno también lo era, acá, en Escocia, o en cualquier parte del planeta, la primavera digital cambió todo y de eso también es consciente T2, ya que no estoy diciendo que porque no sea una película independiente de la otra, sea una película menor, sino que hay que entender esta historia, no como una película cualquiera, sino sentarnos dos horas a ver una emoción, un sentimiento particular que el cine nos puede regalar, apoyando la púa sobre el vinilo y reproducir dos golpes de batería y trasladarnos a otro lado, a la cabeza del protagonista y hacernos sentir la adrenalina que sentimos cuando todos nos volvimos drogadictos, caímos al piso y creímos que era un día perfecto.

Juan Pablo Barbero

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T2: Trainspotting