Caminos en búsqueda de memoria. El intérprete (Tlmocnik) (2018), de Martin Sulík

Rodrigo Peto Zimerman 4 - Octubre - 2018 Textos

 

El relato de trasfondo/ ya la conocemos/ Segunda Guerra Mundial/ Nazismo/ Fascismo. Campos de concentración/ Millones de personas/ Asesinadas/ Crímenes/ De lesa/ Humanidad/ Mujeres/ Hombres/ Niñxs. Un hiato/ Perverso/ En la historia de/ Nuestras sociedades.
De todas esas/ Personas/ Quedaron/ Algunas familias/Quedaron algunos recuerdos/ Otros/ Son buscados permanentemente.
Quedaron sentimientos/ Otros tuvieron que ser reprimidos.
De todas esas/ Personas/ Quedaron/ Rastros/ Datos/Información/ De otrxs/ Silencio.

Ali Ungar es un hijo y pariente de una de esas tantas familias que fueron torturadas y enterradas en el Holocausto. Este personaje es un anciano traductor judío, ya retirado, que a partir de la lectura de un libro de un ex oficial de la SS (La “Schutzstaffel”, unidad paramilitar y guardia personal de la alta jerarquía del Nazismo) descubre que el autor del libro, fue quien asesinó a sus padres. Ali se dirige entonces a la casa de este ex oficial de la SS, en busca de respuestas (y venganza tal vez), pero se encuentra con el hijo de este, quien le notifica al intérprete, que el ex oficial nazi está muerto.
Este puntapié inicial del que hablamos parece ser totalmente dramático. Pero no es tan así el asunto. Martin Sulik (director de la película) se encarga (junto a las buenas interpretaciones de Jirí Menzel y Peter Simonischek) de darle un tono de comedia dramática a esta historia que unirá a estos dos personajes, tan opuestos pero que tienen un mismo objetivo: buscar en la memoria de sus padres.
Por el lado del traductor, encontrar donde fueron sepultados los cuerpos de sus padres, asesinados en el genocidio judío. Por el lado de Georg Graubner, saber más del accionar de su padre en la Segunda Guerra Mundial. Este último, entonces, contrata a Ali para que le traduzca unas cartas que tiene de su padre y así cada uno cumplir con su propósito.
Esto dará inicio a una particular “road movie” por lugares afectados por el nazismo. El tono de la película se consolida a la par del transcurso de la historia y de las vivencias de los personajes. La “road movie” viaja por: la comedia, ante los choques de personalidad que se generan entre un veterano traductor de buenas costumbres, algo cascarrabias también y un hijo de un anti semita, hombre mayor infantil que juega todo el tiempo con la paciencia de su compañero de ruta. Viaja por: El drama. Inevitablemente, ya sea ante los verdaderos testimonios de sobrevivientes del Holocausto, o ante la lectura de las cartas del padre de Georg, en donde parece haber una humanización de la bestia, similar a la que se nos genera cuando vemos jugando a Hitler con su perra “Blondi”. Viaja por: La vejez. Si bien un personajes es mucho mayor que otro, ambos tienen que enfrentar situaciones donde la edad va por la ruta principal de la trama. Y viaja, final y obviamente: Por la memoria. Cada personaje reflexiona sobre su pasado y el de su familia. Como el recuerdo de estos quedó atravesado por las personas que les vieron pasar y los espacios que les vieron acudir.

Martin Sulik no innova ante las formas. Si, ubica un tipo de personajes, bien conocidos, en un contexto del que no se le había hecho antes. Un pequeño pedazo de historia, visto a través del punto de vista de dos hijos, dos personajes disparejos, que emprenden un viaje que les dará reflexiones y un final sorpresivo.

Rodrigo Peto Zimerman

rodrigozimerman@caligari.com.ar

Tlmocnik