Cuando el terror aspira a ser social. Terror 5 (2016), de Sebastian Rotstein y Federico Rotstein

Carla Leonardi 5 - enero - 2017 -Textos

 

“Terror 5” (2016) es la ópera prima de los hermanos Sebastián y Federico Rotstein que ha circulado por distintos festivales, incluyendo la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, recibiendo criticas divididas entre el elogio y la desaprobación.
Lo primero a señalar es que si bien se trata del primer largometraje de los hermanos Rotstein, no se trata de su primera incursión en el cine: Sebastián cuenta con una trayectoria como guionista y productor*, en tanto que Federico se ha desempeñado en la edición y asistencia de dirección de varios largometrajes*1. Esto ya determina que no estamos ante una película de novatos.


La película abre con el plano general de la vidriera de un local en la cual se hallan distribuidos distintos aparatos de televisión que están encendidos en la sección del noticiero. Esto ya nos coloca en el contexto de las informaciones de sucesos sociales candentes que se cubren en tiempo real, desplazando a la programación cotidiana de los respectivos canales. Y por otro lado, las múltiples pantallas nos sitúan en el contexto de la saturación de estímulos e informaciones a las cuales quedamos expuestos, propia de la época contemporánea. El hecho en cuestión es el derrumbe de un edificio en la calle Camargo, que ha dejado varias víctimas. El zoom hacia uno de los televisores mostrará a una periodista cubriendo la previa del juicio a funcionarios públicos y al intendente Palacios (Rafael Ferro), donde realizan sus respectivas declaraciones solidarizándose demagógicamente con los familiares de las víctimas de la tragedia, mientras que luego pasaremos como en modo zapping, a otro televisor donde una periodista estará cubriendo una marcha hacia el santuario de las víctimas de la tragedia. Este suceso de ficción entra en resonancia con las tragedias de Cromañón o del boliche Kheyvis, o el estallido social de la crisis del año 2001, por mencionar las más resonantes. Se trata de tragedias no naturales, que suceden debido a la corrupción y la desidia de los organismos de control y de la política.
En este contexto social, “Terror 5”, en tanto título hace referencia a cinco historias que transcurren en una noche y que despliegan distintas variantes de ese género. Estas historias se irán desarrollando mediante el montaje alternado. Así tendremos la trama principal focalizada en la tragedia de Camargo (que sirve de marco general para las otras historias), donde los muertos devendrán zombies que buscarán cobrarse venganza y realizarán cierta justicia poética respecto de los funcionarios de la política que resultarán absueltos en el juicio; unos adolescentes que en el colegio tomarán represalias respecto de los profesores que los reprobaron, unos amigos que se reúnen en una fiesta de disfraces, y comenzarán a hacerle “bullying” al gordito ingenuo y sin onda; dos hombres que montan guardia en sus autos a la espera de pasar una noche de lujuria con una prostituta, y una pareja que se dispone a pasar una noche de sexo en un telo, mientras que en medio de los desencuentros no advierten que están siendo filmados. Las historias se unirán a partir de la temática del sexo, la sangre y la venganza. Los directores claramente se mueven en la línea del cine de John Carpenter, apuntando a utilizar el terror como herramienta y alegoría para dar cuenta de cuestiones de índole social.
En la historia de los adolescentes en el colegio, podemos puntuar cierto hacer activo con los profesores aquel sadismo que se había experimentado primero pasivamente y hacérselos ahora sentir en carne propia, y también destacar la actuación de Edgardo Castro como el profesor Guerrico.
La historia del bullying está llevada de modo que palpamos que la tensión va increscendo a la par que aumenta la furia de Bruno (Gastón Coccharale), a través de las bromas que se harán más pesadas, la cámara que comenzará a realizar movimientos giratorios y la interpretación actoral que nos transmitirá claramente la sensación de que estamos frente a un volcán a punto de estallar. Bruno no aguantará más, se dirigirá al baño, y se descargará golpeando con sus puños el espejo del botiquín. Por esos golpes, ese espejo estallará. Y si el espejo da cuenta de la identificación en la cual el yo se afirma y se unifica, su explosión será signo de la disolución imaginaria de Bruno, anticipando su entrada en la locura y su radical transformación llevando la historia hacia una estética de tipo Slasher.
En la de los hombres que esperan en sendos autos a una prostituta, se destaca lo visual de la calle sórdida donde el clima inquietante se irá dando por la tensión de la espera y la espesa niebla que bajará dificultando la visibilidad donde cualquier cosa podría emerger de allí. Esta historia puede leerse en clave de venganza de lo femenino ante la cosificación degradante que realiza el hombre.
En la historia de la pareja en el albergue transitorio, el gore alcanzará su clímax. Introduciendo el tema de las películas snuff, donde sexo y violencia extrema se unen, desdibujándose la ficción en pos de los réditos económicos del entretenimiento; aquí los directores abren el interrogante y el cuestionamiento respecto de los productos comerciales de tipo “Reality”, cada vez más presentes en las pantallas y cada vez más consumidos por los espectadores.
Finalmente, en la historia más explícitamente conectada a la tragedia político-social, veremos a la masa de zombies arrasar con todo aquel que se presente a su paso y avanzar en la plaza del congreso hasta tomar el vallado, en una suerte de lucha entre el pueblo y los políticos. Aquí la figura del zombie, en tanto aquel que se resiste a morir, es apta para representar a esos excluidos, olvidados y marginados del sistema, a aquellos desechos de los negociados de las grandes corporaciones y de la política que no tuvieron inscripción simbólica vía una sanción legal de los responsables, que les devolvería su dignidad de sujetos y que por lo tanto, forcluidos (rechazados) de lo simbólico, retornan en lo real, devorando a los victimarios.
“Terror 5” es una película que se destaca en lo técnico a nivel visual (lo cual no es poco), pero despareja a nivel de las historias que despliega que no siempre resultan convincentes y a veces quedan sin profundidad en su desarrollo o resultando obvias y predecibles. No obstante se valora la apuesta e incursión en el cine de género anclándolo en nuestra idiosincrasia y el esfuerzo por combinar el entretenimiento con la temática de corte social.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

*Sebastián Rotstein ha sido guionista de la serie de tv “Casados con hijos” (2005), “Historias Breves VIII” (2013), y “20.000 besos” (2013), entre otras.
*1 Federico Rotstein ha sido asistente de dirección de “La invención de la carne” de Santiago Loza (2009), “La mirada invisible” de Diego Lerman (2010), “Amateur” de Néstor Frenkel (2011), y asistente de producción de “La antena” (2007) e “Historias breves 8” (2013), entre otras.

Terror 5