Parados en los hombros de los gigantes. Supersonic (2016), de Mat Whitecross

Eduardo Savino 26 - Noviembre - 2016 -Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

Aún después de unas seis décadas de existencia, el rock sigue despertando todo tipo de discusiones, desde su futuro como manifestación artística hasta los valores que representa o que debería representar. Esto último siempre ha significado un punto esencial en el imaginario popular que identifica generalmente al rock con una actitud contestataria, muchas veces alejada de las ideologías políticas dominantes pero casi siempre emparentado –por lo menos, hasta principios de los años 2000- con un expreso desagrado recíproco con las instituciones. Oasis representó, en una década tan confusa para la juventud como lo fueron los noventas, el costado más rebelde de un género que ya empezaba a dar señales de agotamiento.
Pero la de Oasis no era una rebeldía como la de Nirvana, de corte más anti-corporativista y con una suerte de búsqueda espiritual en el contenido de las letras o las declaraciones de Kurt Cobain. En este caso, se trataba más de las personalidades de dos hermanos (Noel Gallagher, guitarrista y compositor, y Liam Gallagher, cantante) que habían tomado la determinación de llevarse el mundo por delante, de pararse en los hombros de los gigantes y mirarlos desde arriba. El meteórico salto de Oasis es relatado en Supersonic con el énfasis puesto, como no podría ser de otra manera, en la puja entre hermanos que funcionaba como combustible para una de las bandas británicas más grandes de la historia.
La película de Mat Whitecross abarca desde los comienzos de la banda en un suburbio de Manchester hasta el punto máximo de su fama con los dos recitales hechos en Knebworth, a los que asistió cerca de un cuarto millón de personas. Algunos críticos, especialmente en revistas de rock, se quejaron de que Supersonic no toca otros tantos puntos en la historia de la banda luego de 1996, como la batalla con Blur que la prensa inventó por esos años y luego siguió alimentando, o las tensiones crecientes que llevaron a la banda a separarse en 2009. Un crítico en particular se quejó de que, de esta manera, parecía como si “la carrera de Oasis hubiera seguido hacia arriba” desde ese momento. Más bien, yo creo que sucede a la inversa. Precisamente, hacia el final de la película y cuando los miembros de la banda hablaban sobre los míticos conciertos del ’96, todos ellos, de una forma u otra, dan a entender que Oasis “debió haber terminado” luego de eso. La película, entonces, está contada tomando esto como una suerte de premisa, como si después de esos conciertos la banda hubiera desaparecido en una nube de humo.
Esto, por supuesto, aunque no haya sido así, le da fuerza al relato. No es poca cosa teniendo en cuenta que el documental de rock (o rockumentary, como se los llama a veces en la prensa especializada) no se caracteriza como subgénero por renovar constantemente sus métodos. Precisamente, el hecho de que la película se limite a contar solo lo sucedido en ese período de tiempo permite explotar una gran cantidad de material de video inédito hasta el momento y evitar que el film dure cuatro horas o que intente contar casi veinte años de historia en unos minutos. La película se hace entretenida también por el hecho de que todas las entrevistas suceden en off y se acompañan las palabras, en general, con material de archivo o con unas simpáticas animaciones que logran destacarse como un elemento particular. La estética, la construcción del montaje mismo se asemeja por momentos a la estética del videoclip, lo que no sucede a menudo en este tipo de películas pero que resulta absolutamente coherente con el tema tratado.
Supersonic resulta relevante, también, y sobre todo para fanáticos de la banda, porque se trata de uno de los primeros acercamientos tan íntimos a la relación de Noel y Liam luego del quiebre de su relación hace más de siete años. Si bien, por supuesto, sus comentarios en la película no refieren a los motivos de la separación, sí se deja leer mucho de lo que ambos piensan y sienten al respecto, por debajo de las palabras acerca de lo que sentían acerca de su relación cuando eran más jóvenes.
El mismo equipo que produjo el documental Amy (2015), acerca de la fallecida cantante británica Amy Whinehouse, estuvo detrás de la realización de Supersonic y, más allá de la caída en algunos lugares comunes o de cierto estancamiento de la narración por momentos, sin dudas hay que darles crédito por el uso original del material de archivo y la focalización temática que, como señalábamos antes, hace que la película llegue a un objetivo concreto y no se vaya por las ramas.
Incluso para quienes no sientan un particular apego a los hermanos Gallagher, se trata de un film interesante para cualquier curioso de las historias detrás de la música. La de Oasis, por la particularidad del vínculo principal que la sostuvo hasta el final, es por demás interesante.

Eduardo Savino

eduardosavino@caligari.com.ar

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