La televisión es tan corrupta como la corrupción. Slava (Un minuto de gloria) (2016), de Kristina Grozeva y Petar Valchanov

Juan Pablo Barbero 11 - Octubre - 2017 Textos

 

Con una de las imágenes iniciales se puede plantear un acercamiento a esta película donde su protagonista, un hombre que se encarga del mantenimiento de las vías del tren, ajusta con una llave las tuercas oxidadas y en mal estado. Esa imagen de la llave girando, para un costado ajusta, pero si hace para el otro lado, desajusta todo. Y de eso se va a encargar la historia, de desajustar ciertas herraduras. Al protagonista le aparece una gran oportunidad de cambiar su vida, de la que poco sabemos, pero sin embargo no la cambia ya que decide actuar como un habitante honrado, con el error de no prever que las vías que el tanto cuida no están hechas para el destino de personas como él. Se monta un circo de heroísmo frente a su acción sólo para que una cadena de televisión muestre que tan caritativa puede ser la cuestión de acuerdo al encuadre del camarógrafo y lo que diga la reportera. Nunca para la verdad. La televisión es tan corrupta como la corrupción.

 La denuncia se encuentra en el detrás de la televisión, ya que nadie mejor que el cine para desmantelar el artificio con los mismos medios. La televisión que teje lo documental y oculta la ficción frente al cine que utiliza la ficción para escupir lo documental. Esta película ayuda a potenciar la lucha de desconfiar frente a lo que vemos, la televisión es un circo del que su rostro poco sabemos, ya que lo que importa es el show. Quizás los críticos que trabajan en la televisión puedan hablar de otras cosas de la película pero estoy seguro que es para no hablar de estas.

 Algo muy presente en toda la región cinematográfica de Europa del Este es esta continua sátira frente al presente. El cine de Bulgaria está creciendo, como preparándose para ser uno de estos nuevos auges que aparecen como lo es el nuevo cine Rumano o ahora también el de Georgia. Pero en realidad los auges los arman los festivales, el cine está hablando las veinticuatro horas del día a veinticuatro fotogramas por segundo.  El cine se monta en su espalda todo lo que está pasando e intenta recrear el presente, no sólo registrarlo, sino que interpretarlo. Según se sabe esta película está basado en un hecho real, y nadie desconfía de eso, pensar en personas como el protagonista son los que mantienen al mundo con fe. Pero ver su cuerpo delgado y descuidado, arrastrándose por las vías, arrastrándose por la calle, arrastrándose por lo que se le cruce en la vida; sirve de aplauso para reaccionar después de dormitar la hipocresía de todos los días y el fracaso de lo moral. La moral es un programa más en la grilla de la televisión. El protagonista está lleno de poesía frente a lo absurdo, es viejo, está sucio y es tartamudo mientras que a su alrededor las risas de los payasos mientras está el televisor apagado y cuando se encienda van a ser lágrimas en forma de reloj. Nada más hipócrita que regalar un reloj a un personaje sin tiempo.

Esta es la segunda entrega de la trilogía que están haciendo en conjunto Kristina Grozeva y Petar Valchanov, la primera se llama La lección y también tiene esto de armar una situación donde hace enfrentar a los individuos frente a su propia moral. Por eso de nuevo la imagen de la llave que desajusta, porque todo circo social se arma frente a la moral y sólo hay que demostrar que eso no es más que un reloj de arena que puede darse vuelta cuando quieras y el tiempo va a estar a favor del menos ingenuo. Porque la ingenuidad es la mascota del absurdo y la única alternativa es morder pero siempre ser dominado… salvo que le comas un dedo.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

Slava