Un escenario vacío. Sinfonía para Ana (2017), de Ernesto Ardito y Virna Molina

Rosario Iniesta 28 - Noviembre - 2017 Textos

 

Basada en la novela homónima de Gaby Meik, de 2004, esta adaptación cinematográfica a cargo de  Ernesto Ardito y Virna Molina, es una puesta contundente con un impecable montaje del material de archivo con el relato de ficción, que nos retrotrae al periodo que abarca del 74 al 76, los años en los que se gestó la última dictadura militar.

Con la particularidad de centrar el relato en el microclima del Colegio Nacional de Buenos Aires, una institución históricamente marcada por su compromiso militante, somos testigos de la historia de Ana (Isadora Ardito), una chica de catorce años que junto a su amiga Isa (Rocío Palacín) viven plenamente su adolescencia, experimentando lo bello, lo nuevo, lo doloroso. Ponen a prueba a los chicos, se juntan en asambleas, pasan el tiempo entre canciones y besos. En un laberinto de pasiones se va gestando un grupo compuesto por jóvenes que apoyan a Perón, padeciendo el momento de su muerte y buscando una salida al descontrol institucional. Se documenta tanto el fulgor y el optimismo como la oscuridad que sucedió a partir de este hecho. Se apela constantemente al público que vivió esos días con tonos melancólicos, pero también al público joven, que suele tener poca información sobre el tema.

En un periodo de rebeldía como es la adolescencia observamos los vaivenes emocionales de los personajes (un elenco de nuevos actores que aportan la frescura que el relato requiere), entremezclado con el compromiso político y la puja de los diferentes partidos que dentro del Colegio convivieron. Destacan las actuaciones de Vera Fogwill como madre histriónica de Ana, la de Sergio Boris como padre de Lito y la de Rodrigo Noya como uno de los delegados líderes.

Ana conoce a Lito, de quien se enamora perdidamente pero duda a la hora entregarse completamente a él, hay mucho en juego y clandestinidad, muchos silencios e inseguridad.  En el medio aparece Camilo, otro amor, mucho más vertiginoso que termina siendo una mera distracción hasta que vuelve Lito y el amor por fin se materializa, pero con sabor amargo, ya que debe irse del país con su familia. Lo mismo sucede con Isa. Y Ana queda sola en ese colegio que se vuelve cada vez más oscuro.

En el final, Isa  se dirige a Ana, develando el final trágico, un grito ahogado que se convierte en un pozo de recuerdos en super 8. Es clave en el panorama actual que haya películas como estas que nos den pistas de cómo fueron los hechos, aunque sea desde una mirada fractal, inocente (o no tanto) de una adolescente. Es necesario que haya una pluralidad de voces para comprender que este periodo no fue una burbuja en la historia que existe sólo en el imaginario de algunos, sino que existió y jamás se debe repetir.

Rosario Iniesta

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Sinfonía para Ana