El desierto rojo. Shan he gu ren (Mountains May Depart) (2015), de Jia Zhang

Boris Dominguez 8 - Junio - 2016 Textos

 

 

Primer Acto

“Go West” de Pet Shop Boys. Tao, la actriz de casi todas las películas de Jia Zhangke, baila, hay casi dos docenas más de chinos que también bailan, pero nada oriental , todos bailan ese tema del dúo inglés. Y la pasan fenómeno. Trencito incluido; bailan Tao, los alumnos, la cámara, incluso el espectador se le anima a la melodía. Es el año 1999 y todo está más que bien. La humanidad se prepara para el nuevo milenio. China atraviesa la etapa de su reforma económica conocida como, perdón de la palabra, privatización. El que tenía algo de plata (o la forma de conseguirla) podía salir a especular de lo lindo, sobre todo porque el estado colaboraba, los precios estaban por el suelo y las empresas estatales valían dos mangos. En este contexto aparece Jinsheng, un nuevo rico que ya venía en remontada con una estación de servicio y rompe todo comprando un yacimiento carbonífero. Jinsheng ama a Tao. Pero Liangzi también. Liangzi es pobre y labura en la mina que acaba de comprar Jinsheng. Entre ellos estaba todo bien, pero la competencia no va a ser sana.

Lejos de Ellla confirma el corrimiento de Zhangke hacia el cine de género, algo que ya se venía evidenciando con las dosis de policial contenidas en Un Toque de Violencia (2013). Este filme se arrima al melodrama, dos hombres aman a una misma mujer y ella debe decidir. Desde La Maratón de la Muerte, de Griffith, que conocemos lo que hace falta para que haya película; que elija mal. También el filme se estructura en tres actos bien definidos y cada uno situado en una época distinta. Al ya nombrado 1999 se le suma el 2014 y un 2025 bastante bien dibujado. Como si no alcanzaran los distintos modelos de autos, los celulares y, sobre todo, la placa con el número de año al inicio de cada acto; se le asigna una relación de aspecto distinta a cada una de las partes, a medida que pasa el tiempo la pantalla se vuelve más panorámica. Qué se yo.

Dijimos que hay un triángulo amoroso, bueno, cada vértice es representado de la forma más cuadrada posible. Tao es alegre, colorida y naive, es docente pero también le da una mano al padre en el negocio, una novia linda que merece ser amada. ¡Liangzi es tan bueno! Usa una campera azul con cuello de corderito, sonríe, tiene la cara un poco lastimada porque se mata laburando, el candidato ideal. Jinsheng es más malo que la peste, se viste de garca y tiene cara de piedra. Liangzi la lleva a una fiesta de la tradicion, popular, “La Fiesta de la Primavera”, una marea de chinos disfruta de un espectáculo gratuito, al aire libre y para toda la familia. En cambio Jinsheng la lleva a un boliche bien careta, lucecitas de colores y música electrónica. Es aquí donde empieza la película. Vuela una piña desafortunada que sentencia el destino de los personajes. Tao se queda con la víctima. Se casan y se sacan fotos re bizarras con un banner atrás de la opera de Sidney, algo parecido pasa en La Salada de Juan Martín Hsu, se ve que es algo normal en las parejas orientales, quizás también es normal acá y por suerte yo ni me enteré .También tienen un hijo del que vamos a hablar bastante. Van 45 minutos, fundido a negro y aparece bien grande el título de la película.



Segundo Acto

Zhangke no cambia, se renueva, sus inquietudes siguen siendo las mismas. Hacia dónde va el destino de una cultura milenaria que si se empecinó en integrarse al mundo fue con la intención de pasar a dominarlo. Qué papel juegan, si es que existe esa posibilidad de jugar a algo, sus más de mil millones de habitantes. Cuánto ha influido en ellos, en su forma de vivir, amar, relacionarse, este camino a ser, invariablemente, la potencia económica del planeta. Tao y Jinsheng tuvieron un hijo, el padre le hizo honor a su pasión, le puso Dólar. Liangzi parece que se va a morir en la más podrida de las pobrezas, pero ojo, no sabremos que fue de su suerte y con el transcurso de la película dejaremos de pensar en él; porque otro tema importante en la película es el olvido. En la última parte se profundizará.

Por el momento este segundo acto es casi perfecto. Para Tao la vida se complicó. Devenir predecible en el rumbo de las cosas: se separa su marido. Sobrevenir injusto que se posa sobre los cimientos del patriarcado: su ex se queda con la tenencia de Dólar, “su situación económica es más cómoda”. Y acaecer del tiempo, la vida y el destino: muere su amado padre. En este último quiebre asistimos a la desintegración del personaje. Dólar, que vive con su padre en Shangai, debe viajar a Fenyang para la despedida de su abuelo. Es la posibilidad que le queda a Tao de aferrarse a lo único que le queda. Porque si para colmo, la muerte del padre no fuese suficiente, en este reencuentro con Dólar se entera del plan del padre, y de su nueva esposa, llevarse al niño a vivir a Australia.

Hay dos cosas magistrales en esta película, de una hablaremos más adelante, la otra son estos treinta minutos que van desde que Tao, arriba de un moderno tren de alta velocidad, se entera de la muerte de su padre, hasta que se despide de su hijo en un viejo tren que se parece al larga distancia que unía Constitución con Mar del Plata hasta hace unos años. Este segmento es magistral en sus climas lumínicos; en los travellings que rodean a Tao; en la interpretación de Zhao Tao, porque llora pero sin ridículos; porque emociona al espectador pero no lo somete a sentir como propio ese dolor. Porque se admite vencida, sin fuerzas, desgastada, aplastada por una maquinaria que no cesa de devorar almas. Tao se entrega sin luchar. Al final de este segundo movimiento le da Dólar las llaves de su casa, un hogar pequeño pero con jardín grande, un lugar al que siempre puede volver.

Tercer Acto

Si la secuencia anterior fue precisa, noble y poética, la tercera parte flaquea por todos lados. En una Australia futurista en su justa medida, donde se observa un crecimiento de la influencia china y de la corrupción en el mundo, Dólar es un estudiante empecinado en ser detestable. Aquí el olvido pasa a ser una parte importante del film, aunque de un modo que puede resultar un tanto inverosímil para quien lo ve: Dólar no se acuerda como hablar en mandarín y Dólar no se acuerda de las tres letras del nombre de su madre. A todo esto Jinsheng ahora se llama Peter, está soltero de nuevo y es una caricatura de aquel hombre que dejamos de ver hace casi una hora de película. Y a todo esto se suma una docente china que podemos confundir con Tao, incluso Dólar parece confundirla al aducir un deja vu en una escena en la que viaja con ella en auto. Esta mujer, es una suerte de expansión de la madre, los tintes edípicos están incluídos; o hasta la podemos pensar como un ángel que guía a Dólar a su lugar de origen, y que también le consigue boletos económicos en una agencia de viajes.

Lejos de Ella fue estrenada en Cannes en 2015 y dicen los que saben que estuvo cerca de la Palma de Oro, luego de eso tuvo un largo recorrido por los festivales más importantes, incluído Mar del Plata el año pasado. Todas las críticas, opiniones y comentarios han sido positivos y esto se debe, principalmente, a la carta que esconde el director para la escena final. Si en este último tramo la película parece decaer, entonces emerge con todas sus fuerzas para hacernos parte de un instante tan íntimo y bello como inolvidable. En el medio de un mundo competitivo y mezquino, donde todo vale en el nombre del progreso; en el fondo de un paisaje tan desértico como pesimista, Jia Zhangke se guarda un sitio para la redención.

 

Boris Domínguez

 

Shan he gu ren (Mountains May Depart)