Entre el pasado y el presente. Sangue del mio sangue (2015), de Marco Bellocchio

Carla Leonardi 27 - Julio - 2016 Textos

 

“Sangre de mi sangre” (“Sangue del mio sangue”, 2015) del director italiano Marco Bellocchio, contiene dos historias que pivotean entre el siglo XVII y el presente; con las cuales el director intenta saldar sus deudas con el pasado.

La primera historia, situada en el ayer, arranca con la llegada al sombrío convento de Bobbio de un joven soldado, llamado Federico Mai (Pier Giorgio Bellocchio). Federico se presenta  allí con la intención de calmar la desesperación de su madre. Es que su hermano gemelo, cura del convento, se ha suicidado, y no podrá  recibir una digna sepultura. El padre Cacciapuoti (Fausto Russo Alesi), que dirige el convento, le dirá que la única solución es que Benedetta (Lidiya Liberman), la monja que lo ha seducido, confiese que ha hecho un pacto con el diablo. Cacciapuoti someterá a Benedetta a distintas pruebas, con la intención de obtener su confesión. Todo se hará con el fin de limpiar el buen nombre de la Santa Iglesia. La trama se volverá aún más interesante cuando Federico, también sea seducido por Benedetta. Y es que está claro que Bellocchio sabe que lo prohibido y lo oscuro engendran el deseo.

Luego en una cierta continuidad onírica, pasaremos al Bobbio del presente. En ese mismo convento, ahora desmantelado, vive un Conde (Roberto Herlitzka); quien pasa allí tranquilamente sus días, ocultándose de su esposa y de la Bobbio corrompida por los efectos de la globalización. La tranquilidad del Conde tambaleará cuando se presente en el convento un joven llamado Federico Mai (Pier Giorgio Bellocchio), quien dice ser un Inspector del gobierno que acompaña  a un millonario ruso con intenciones de comprar el viejo convento para hacer con él  un negocio inmobiliario transformándolo posiblemente en un hotel de lujo. El Conde, investigando quién es realmente Federico Mai, quedará fascinado por la belleza, de una joven llamada Elena (Elena Bellocchio), que resultará ser hermana de Federico.

De una a otra historia ha cambiado de manos el poder; pero el poder sigue existiendo. Si en la primera historia estaba en manos de la Iglesia, ahora está en manos de los grandes capitalistas. Si antes la Iglesia hacia la Ley, hoy impone su Ley el mercado. Y no por nada coloca Bellocchio como protagonista de la historia actual a un Vampiro; clara metáfora del capitalismo, que transformando a los individuos en consumidores, los termina dejando consumidos bajo el imperativo incesante de obtener más y más.

Menciono  especialmente con relación a este tema, la escena en la cual el Conde aquejado de dolor en uno de sus colmillos, va a ver al dentista, un viejo amigo. Ambos conversan sobre el pasado y el presente, sobre el temor que todos tienen hoy a los inspectores de Finanzas, sobre los cambios que ha sufrido Bobbio con la globalización que ha arrasado con su encanto pueblerino o sobre la impaciencia de las nuevas generaciones. Se trata de una escena donde, al igual que la escena que simula un baño romano en “Bella Durmiente” donde el senador se confiesa ante un psiquiatra del parlamento, Bellocchio pone en boca de los personajes su posición política. Y queda claro que a Bellocchio los poderosos de hoy, le molestan tanto como los poderosos de ayer.

Sigo a Marco Bellocchio desde su más reciente filmografía, y uno puede ir encontrando ciertas marcas de estilo que permiten situarlo como un autor. Una de ellas es el lugar que le otorga a la mujer. La mujer es siempre, tanto en “Vincere” (2009), en “Bella Durmiente” (2012), o en esta última; esa belleza sublime y esa fuerza enigmática capaz de desafiar y poner en cuestión al poder. Tanto es así, que hasta será ocultada y se la hará pasar por innumerables penurias con tal de acallar su voz, siempre en vano. Bellocchio sabe algo de la naturaleza de lo femenino, sabe que lo femenino es siempre lo Otro, siempre lo inapresable, o inalcanzable por las garras del poder masculino, aunque se lo intente.

Con “Sangre de mi sangre”, Bellocchio nos entrega una película muy personal. El título en cuestión refiere a aquellos con quienes se tendrá que saldar las deudas. Y más allá de que se refleje en la ficción, también queda plasmado con la aparición de sus hijos y su hermano en la película, con el hecho de que  tiene un hermano gemelo que ha fallecido, y de que retorne a Bobbio, el pueblo de su infancia.

A la vez se trata de su película más experimental, donde no todo encaja perfectamente como en las películas “made in Hollywood”, y que está signada por la extrañeza, la ambigüedad onírica y la libertad creativa.

Con “Sangre de mi sangre”, a sus 77 años, Bellocchio muestra que está más vital y vigente que nunca.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Sangue del mio sangue