De una separación. Room (2015), de Lenny Abrahamson

Carla Leonardi 27 - Abril - 2016 -Textos

 

“Room” (2015) es una película dramática dirigida por el irlandés Lenny Abrahamson, que tiene como eje central la relación madre-hijo y la construcción simbólica de la realidad a partir de ese lazo.


La película comienza con fragmentos inconexos de paredes y objetos acompañados de un zumbido ominoso y molesto que recuerda a las películas de David Lynch; dando la sensación de que ingresamos a una película de género de terror. Y aunque no se trate de una película de terror, resulta muy acertado este comienzo por la crudeza y el horror en que se enmarca la historia que se nos va a narrar. Madre e hijo despertarán juntos en la misma cama, y sobre esta imagen se imprimirá el título: “Room”, dato significativo.

 

La película asume el punto de vista de Jack (Jacob Tremblay), a partir del día en que cumple 5 años. Lo veremos saludar y nombrar a cada uno de los objetos de la habitación, lo cual marca de entrada que la realidad para el ser humano no es la realidad fáctica o biológica, sino una realidad que es una construcción hecha de lenguaje. Veremos a Jack asearse, desayunar, realizar ejercicios, y cocinar una torta de cumpleaños junto a su madre (Brie Larson).

Y de entrada se nos van brindando referencias históricas y literarias que anticipan lo que vendrá. Una de ellas es la referencia a Sansón. Jack dirá, mostrando se cabello largo: “Mira mamá, soy tan fuerte como Sansón, romperé la claraboya hacia el espacio con mi perro Lucky.” Sansón es nombre de origen hebreo que significa “servidor de Dios”, y también “perteneciente al sol”. Sansón fue conocido por ser un hombre que poseía una extraordinaria fuerza para realizar actos que eran imposibles para los hombres comunes, la cual extraía de su pelo, que nunca había sido cortado. De manera que ya se nos sitúa a Jack como un niño especial. Y a la vez, no es menor que su perro imaginario se llame “Lucky”, que traducido al español significa “Suerte”.

La madre estará vestida con una remera y jogging de color rosa, que simboliza la inocencia juvenil y a la vez la protección maternal. Mientras que Jack viste una remera azul y un pescador de jean. Aquí el azul, en contraposición al rosa de niña, lo sitúa como un varón, a la vez que es símbolo de la inteligencia y la fantasía.

Por otro lado tenemos la referencia a la transformación de Edmond en “El Conde de Montecristo”, clásica novela de Alejandro Dumas cuya temática es la traición y la posterior venganza.

A su vez Jack discriminará en aquellas cosas que son reales, los objetos que conoce en el marco de la habitación, y aquellos que no son reales, es decir los que son desconocidos por él: los que aparecen en la televisión, los que están en el espacio exterior y los imaginados, como su perro. Esta capacidad de distinguir la virtualidad de la realidad concreta, así como lo interior de lo exterior; lo sitúa como un niño cuyo psiquismo se encuentra ordenado.

Y habrá un tercer personaje, al que se llamará Viejo Nick (Sean Bridgers), de quien se dirá que no es un amigo, quien proveerá de alimentos y objetos necesarios, y tendrá acceso carnal con la madre durante las noches, momento en que Jack dormirá en un colchón dentro del ropero.

Cierto día, la madre, apelando a la historia de “Alicia en el país de las maravillas”, le contará a su hijo que antes vivía en una casa junto a su madre y su padre, y que cuando tenía 17 años el viejo Nick la engañó con su perro enfermo y la secuestró, manteniéndola en cautiverio en el cobertizo, que es “la habitación”. Y sólo el Viejo Nick conoce la clave de la puerta de “Room”. En este punto es interesante como más allá de la cuestión del cautiverio en sí; la habitación deviene alegoría del  encierro en la relación madre/hijo. La “habitación” hasta los cinco años, tendrá para Jack un carácter paradisíaco; representa el paraíso de la fusión madre-hijo. Pero ese idilio, deberá caer en la experiencia de crecer y separarse de la madre.  Y por eso, Jack en principio no querrá oír esa historia. 

Lo que separa al niño de la madre, es el padre. Aquí por Padre, no nos referimos al padre biológico o la persona del padre.  Joey en la entrevista periodística que le realizarán más adelante dará una interesante definición de Padre: “Un padre es un hombre que ama a su hijo”. Lacan dice que un Padre es aquel que hace de una mujer la causa de su deseo, y que por ello ama a los hijos que provengan de ella. Aquí hay un padre biológico, el Viejo Nick; quien está lejos de hacer de Joey la causa de su deseo, sino que la toma en tanto objeto de su goce perverso. Por Padre entendemos el padre simbólico en tanto una función separadora. Se trata del padre como un instrumento mediador del cual servirse. En este punto, no importa tanto que haya una persona padre; como que el padre como función esté inscripto en la madre. Y aquí, en el engaño a Nick de “hacerse el muerto”; ese tubo que es la alfombra en la cual se enrolla Jack para salir; es una representación de la función paterna.

Y ese diente, que la madre le dé a Jack en calidad de símbolo de ella; vale como un objeto que cae, que se pierde en esa separación entre el niño y la madre (como la placenta en el momento del parto). Y es en tanto la madre está perdida como objeto, que Jack intentará volver a encontrarla.  Será así que Jack, con su inteligencia,  con las coordenadas simbólicas de los tres momentos de desaceleración de la velocidad luego de los cuales debía saltar de la camioneta, dará la localización del cobertizo donde se encuentra su madre.

como todo reencuentro, será un encuentro fallido, ya que no habrá identidad con el momento anterior. Jack y su madre (Joey) vivirán ahora en la casa de la abuela, en “el mundo”.

Y uno creería que habiendo salido de “la habitación”, Jack y su mamá encontrarían la libertad, pero resulta interesante que en esta segunda parte, la pelicula pone en cuestión estas fronteras fijas entre encierro y libertad. En “el mundo”, que se planteaba al comienzo como vasto, también se estará encerrado, esta vez en la casa de la abuela; que es donde se desarrollarán la mayoría de las escenas. Y este hecho lo anticipa el arribo a la casa plagado de periodistas, y lo muestra hecho de convertirse ambos en “objeto de estudio” de la ciencia con su séquito de médicos y psicólogos. Por otro lado, en “room” Jack estaba físicamente encerrado; pero había construido un amplio mundo simbólico en la imaginación.

Jack deberá habituarse a la convivencia con los miembros de la familia y al hecho de que la familia no es precisamente un lugar idílico, como lo era “room” en tanto metáfora del tiempo transcurrido en el embarazo. Deberá lidiar la dura realidad de que el abuelo Robert (William Macey) no pueda mirarlo o hablarle; porque recuerda en él al captor de su hija. Pero también encontrará la ternura de la abuela Nancy (Joan Allen) y de Leo, la pareja de la abuela (Tom Mc Camus); quien lo invitará a conocer a su perro Seamus.

Por otro lado, Joey se verá confrontada con la realidad de continuar posicionada como hija adolescente. Volverá a la que era su habitación de entonces, y recorrerá las fotos de su adolescencia. Joey se verá encerrada en la relación con su madre, de la cual aún no ha podido salir. Esto se refleja en la fuerte discusión que mantendrá con ella. Le reclamará que parece haberle ido muy bien sin ella, y que parece no necesitarla y aquí se lee el conflicto de Joey, que aún la necesita en tanto madre, pero a la vez, a través del enojo con ella intenta mantener una distancia. Por otro lado expresa que quiere dejar ser “la niña buena”, y que si no hubiera escuchado su voz diciéndole “Sé amable”; probablemente no habría ayudado al hombre que la secuestró. Hay alienación a los significantes del Otro materno: “Niña buena”, pero no separación respecto de la madre; todo esto en un contexto en que el padre en tanto representante de la ley que introduce un corte; “se ha ido” por un tiempo. Joey reedita con su madre, el proceso de separación que Jack como hijo, tuvo y tendrá que continuar realizando respecto de ella.

 

Joey parece no encontrar en ese momento las herramientas simbólicas para efectuar esa separación tanto respecto de su propia madre como de su hijo, a quien aún considera como “una parte de mí”. Y comenzará a mostrar signos de un ánimo depresivo, que la puesta en escena confirma con el piyama de Joey azul, color que simboliza la melancolía; en medio de esa habitación rosada de la inocencia adolescente. Joey se sentirá subjetivamente “destrozada” por la experiencia que ha vivido, permanecerá mucho tiempo durmiendo aún de día, se la verá tomar la medicación que le dieran en el hospital y se irritará con su hijo. Apelará en primera instancia a realizar una entrevista con la prensa, con lo cual se hará de un dinero, que podría funcionar como valor simbólico separador entre ella y su madre. Pero la pregunta de la periodista juzgándola moralmente, por no haber pensado en la libertad de su hijo ni bien hubo nacido, la empujará al pasaje al acto suicida ingiriendo pastillas.  Y aquí este pasaje al acto puede leerse como intento  de separarse en lo concreto tanto de su madre como de su hijo; a falta de poder emanciparse simbólicamente.  

Y la decisión de Jack de cortarse el pelo, para enviarle fuerza a su madre durante su internación, puede leerse del lado del niño como un acto de separación simbólica. El mechón de pelo, será ese objeto que cae, que se pierde como efecto de la separación entre el niño y la madre; y que adquirirá el valor simbólico de representar su fuerza y podrá circular entre ambos. Este acto de separación significará para Jack un crecimiento pues lo introduce claramente en la diferencia sexual; a diferencia del pelo largo que le daba un aspecto ambiguo, y le habilitará la socialización con otro niño con el cual jugará a la pelota.

En el final, la madre regresará al hogar y juntos compartirán distintas actividades en el exterior de la casa. Jack le pedirá a su madre realizar una visita a “la habitación”. Volver al lugar del trauma será para Jack un intento de tramitarlo simbólicamente.  Jack dirá que la habitación es pequeña porque la puerta está abierta. Y efectivamente, es porque se ha salido de allí, que eso que antes era infinito, ahora puede verse pequeño. Y si Jack puede despedirse de “room”,  es en tanto ha podido separarse de su madre.

Y sigue resultando significativo que sea el niño quien le diga a la madre que se despida de la habitación. Es que claramente Jack cuenta con mayores recursos simbólicos que ella.  Y jugando con el futuro de esa ficción, será un desafío para Jack no quedar coagulado al lugar del “salvador” de su madre.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

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Room