Apoderarse de la contemplación. Primero enero (2016), de Darío Mascambroni

Soledad Marcote 16 - Abril - 2016 Textos

 

 

 

Primero de enero, ópera prima del cordobés Dario Mascambroni, que se llevó el premio Bafici a Mejor Película de la Competencia Argentina en la ultima edición del Bafici.

Su historia se centra en Jorge, un padre, y su hijo Valentino, de siete años, que entablan un viaje al campo, con el fin de hospedarse unos días en su casa de veraneo que finalmente Jorge pondrá en venta.

La película comienza con una escena en el auto de Jorge y Valentino, acompañados de tangos radiales recorriendo la quietud de los paisajes naturales de las sierras cordobesas. Apartados de la ciudad de Villa María, padre e hijo, emprenden una búsqueda interior que generará descubrimientos y encuentros nuevos.

Este recorrido despliega, bajo una mirada naturalista y bajo una observación cuidadosa, la vida sencilla de las sierras. En ella, todo se vuelve en contemplación de la naturaleza y en fundirse con ella. Nadar en las ollas, buscar leña en el bosque, pescar en un lago, plantar un árbol en el patio, observar el degollamiento de un cordero. Serán momentos de la infancia de Valentino, en su proceso de construcción de identidad, custodiada por una paternidad dificultosa en ocasiones, pero que no se rinde en sus intentos.

El film trasciende en aquello que se hace presente desde el detalle y describe con mucha profundidad el estado anímico particular en el que se encuentran los personajes. Así, es el desenvolvimiento de la paternidad tímida y dulce de Jorge. Su comunicación, se logra, entre simples charlas y largos silencios, de manera sutil pero que por momentos fracasa. Se devela también, la sensibilidad del pequeño Jorge, inquieto y abrumado por la pronta separación de sus padres, en sus tiernos enfrentamientos y comparaciones constantes que le hace éste sobre su madre.

La película contempla el tema de la paternidad, desde una serie de situaciones sencillas en las que padre e hijo se comunican y aprenden el uno del otro. Como en el caso de la escena posterior a la muerte de un cordero, Valentino termina llorando en la mitad del asado porque no ha podido superar el asesinato del animal de la tarde y frustra la cena. Su padre lo consuela, diciéndole que en su época era su padre quien mataba al animal y no un peón y que él lo hacía con una violencia descarnada. Su padre le propone comer el cordero otro día y preparar unas pizzas a la parilla.

Este relato por partes, se mezcla con algunos mitos griegos que Jorge le relata durante sus vacaciones, que logran llamar la atención de Valentino y por momentos, cambiar el estado de ánimo del niño. Sin embargo, lo que terminará cautivando a Valentino será una bella niña, tal vez su primer amor, con la que se cruza eventualmente durante sus paseos. En su despedida del viaje, finalmente terminará teniendo una breve charla con ella.

Primero enero es un registro que explora la belleza en lo natural y la poética del instante. Se aprecia la delicadeza del vínculo de estos personajes, dada por una verdadera frescura, que el director desarrolló al trabajar desde la improvisación y con no actores. El film es una invitación, como dice Jorge a su hijo Valentino a soltar el celular que no tiene señal en la mitad de la sierra, y a conectarnos con el verdadero sentido de las cosas, aunque sea por un rato.

 

Soledad Marcote

Primero enero