La violencia más invisible. Paula (2015), de Eugenio Canevari

Rosario Iniesta 2 - Noviembre - 2015 Textos

 

 

Eugenio Canevari nos presenta Paula, su primer largometraje, un ensayo sobre la compleja realidad de una mujer joven que trabaja en el campo en la casa de una familia burguesa, que descubre que está embarazada y quiere abortar. "La película tiene que ver con la diferencia de clases. Es en esa relación que se genera la violencia, una violencia más invisible", afirma el realizador.

La película comienza con la imagen del campo, un perro, el silencio. Pronto conocemos a Paula. Ella siempre estará con la mirada perdida. Los patrones nunca la miran a los ojos, siempre le hablan dándole la espalda, dándole órdenes, imponiendo respeto. Paula sólo se relaciona con los chicos a los que cuida. La madre es una mujer fría, superficial, pedante, cínica, histérica. El padre es sumiso, nunca dice demasiado. Por orden de su mujer le enseña a su hijo mayor Nachi a utilizar un arma de fuego para sacrificar a su perra que se comió varias de sus crías. Nachi es un chico abstraído del mundo, de su familia, de todo. Es el único personaje que muestra cierta rebeldía dentro del núcleo familiar.
Paula quiere comunicarle a su ex novio Berna la noticia de su embarazo para ver qué decisión pueden tomar juntos, aunque en el fondo, está implícita. Acto seguido, se encuentra en una sala de espera de una clínica con un montón de chicas para hacerse cargo del asunto, las miradas se entrecruzan incómodas.



Al entrar al consultorio, la médica aparece en un escorzo desenfocado dibujando en una hoja de papel. La conversación que mantiene con Paula es desapegada. La joven busca una palabra de alivio y lo único que encuentra es otro problema: el costo de su aborto, pues no tiene la cantidad de dinero que le piden para realizárselo. Su única amiga intenta ayudarla con un remedio casero, malvende su moto para pagarse el aborto, pero la doctora le dice que el embarazo ya está muy avanzado. Nadie la quiere ayudar. Está sola en el mundo.
Canevari, que reside desde hace seis años en Barcelona, decide regresar a Buenos Aires con un guión de una temática contundente en la que le interesa trabajar: un universo que conoce muy bien porque su familia es esa familia que retrata. Las escenas rodadas con cámara digital con enfoque diferencial, posee un estilo austero y un tempo, que, según el director, es el ideal para contar la historia y que se ajusta a las condiciones de producción que se manejaron en el rodaje. El mismo fue de escasa duración, en la ciudad de Pergamino, provincia de Buenos Aires.
Las influencias que declara el director son muy variadas: de Yasujirō Ozu a Lucrecia Martel, pasando por Godard y su ineludible intertextualidad entre el cine y la literatura. Se trata de un proyecto en el que fue fundamental trabajar el silencio, la palabra no proferida. Los silencios de Paula hablan. Sus ojos expresan el dolor, la desidia, la condena de vivir de esa forma y no tener posibilidad real de decisión en ese entorno tan cerrado.
Gorila baila, su primer cortometraje que versa sobre la última dictadura militar puede considerarse como un paralelismo, al menos, temático, del interés del director  por explorar universos femeninos padecientes. Según Canevari, “dos mujeres oprimidas en dos contextos, aparentemente distintos”. El director se declara interesado en que la película genere una reflexión en el espectador, ya que el cine posee esa capacidad de transformación. Por eso exploramos en torno a él.

Rosario Iniesta

rosarioiniesta@caligari.com.ar

Paula