Escribir poesía, aún. Paterson (2016), de Jim Jarmusch

Carla Leonardi 20 - Noviembre - 2016 -Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

La película comienza con la imagen de una pareja acostada en la cama sobre la cual se imprime la palabra Lunes. Inicia la semana laboral. En la cama su mujer le cuenta que tuvo un sueño: estaba embarazada de gemelos. El hombre se levanta para desayunar y ponerse su uniforme de trabajo. Un plano detalle enfoca unos ómnibus de juguete apoyados en una repisa y luego una pequeña caja de fósforos con el nombre de la marca en letras de color azul escritas con forma de megáfono que el protagonista tiene en sus manos mientras desayuna.


Este comienzo de “Paterson” (2016), la última película del director estadounidense Jim Jarmusch, ya nos adelanta algunos elementos clave de la película. Paterson (Adam Driver) es un hombre común, que vive en los suburbios de la ciudad de Paterson (Nueva Jersey) y que es chofer de una línea de colectivos. Su uniforme azul lo homogeniza con los demás en tanto trabajador, pero se destaca la singularidad de que es lector de poetas y que en sus ratos libres escribe poesía.
La cajita de fósforos “Ohio Blue Matches”, será una de las fuentes de inspiración de Paterson que dará vida a un bello poema amor, que parte nada menos que de la simpleza de un fósforo. En otro momento de la película, Paterson se topará con un rapero que practica sus rimas en una lavandería, y le dirá: “La inspiración puede surgir en cualquier momento.” Aquí Jarmusch desliza que el arte puede surgir de algo muy banal y cotidiano; y también que no es patrimonio exclusivo de los intelectuales. En medio de la rutina y los problemas cotidianos muchos de los personajes con quienes interactúa Paterson tienen una pasión secreta que hace más llevadera la dureza de la vida. Laura (Golshifteh Farahani), la mujer de Paterson, es muy peculiar. Su estilo es el de una mujer bohemia, que decora la casa pintando a mano, obsesionada con los colores blanco y negro, que combinará en la casa en diversos formatos, en los cupcakes que realice y hasta en la guitarra que se compre para su sueño de ser cantante de música country que es de estilo Arlequín. Doc (Barry Shabaka Henley), el cantinero del bar que frecuente todas las noches luego de su trabajo, juega solo partidas de ajedrez y participa de torneos, por allí pasa su pasión.
Jarmusch juega con la cuestión del tiempo, más específicamente con la apatía y el tedio de la rutina. Nos presenta una historia que se da a lo largo de cada uno de los días de una semana, nos muestra la repetición de los rituales cotidianos y los lugares comunes frecuentados. En otros momentos, acelerará el tiempo repetitivo y vacío, mostrando como se mueven las manecillas del reloj y mediante el recurso al fundido encadenado de imágenes. Como espectador uno siente el peso de la lentitud del paso del tiempo y la monotonía de la vida cotidiana.
A su vez Paterson es el típico personaje jarmuschiano, abúlico y de pocas palabras, que como por ejemplo el Don Johnston que compone Bill Murray en “Flores rotas” (2005), se encuentra sumergido en el desencanto cotidiano hasta que un suceso inesperado le insufle nuevos ánimos a su vida.
El tono lentificado y apático estará bien balanceado por Jarmusch con el recurso al humor con gags que funcionan muy bien en la secuencias melodramáticas de una pareja de parroquianos del bar que se han separado y en aquellas en las que intervenga Marvin, el perro bulldog de Paterson.
También tendremos la referencia a la música, temática siempre presente en las películas de Jarmusch (*), de la mano de la colección de recortes de diario sobre artistas famosos vinculados a Paterson que el Doc pegue detrás de la barra, y en el sueño de Laura de convertirse en cantante de música country.
Además el director no se privará de introducir su posición sobre temas como la violencia, las dificultades de los hombres para relacionarse con las mujeres y la pena de muerte a partir de las conversaciones que se vayan dando entre distintos pasajeros del colectivo que maneja Paterson.
Paterson aunque conoce mucho de poesía y aunque escriba, no se reconocerá a sí mismo como un poeta. Laura lo incitará cada día a que haga copias de los poemas de su libreta secreta para que el mundo los pueda conocer. El promete que lo hará, pero un acontecimiento imprevisto se lo impedirá. La libreta de Paterson quedará destruida en mil pedazos. Su desazón será importante, pues es lo más preciado para él. Pero Jarmusch no nos deja con la pena, sino que nos brinda un final esperanzador y nos invita a seguir intentando, a no ceder en nuestros deseos pese a los tropiezos de la vida.
Con la destrucción de la obra de arte, Jarmusch abre una reflexión sobre los modos actuales de producción del arte, sobre el acto de la creación y sobre qué es ser artista. El director parece proponer cierta contraposición entre la producción masiva en serie de copias respecto a la obra única original e irrepetible de un autor. Y también que no hay acto creativo que pueda surgir sino es en cierta ruptura con la serie de repeticiones que se venía dando anteriormente. Y apunta en cuanto artista no tanto a la fama, sino la persistencia del deseo de crear una y otra vez; cada vez.
En tiempos de predominio imágenes sin contenido simbólico, Jarmusch nos presenta a un singular personaje que permanece al margen de la hiperconexión a internet y nos invita a recuperar el placer por el uso de la palabra. “Paterson” es una propuesta arriesgada por el tono lento y desencantado que va a contramano de la serie de películas de rápido ritmo de acción que tanto produce la industria de Hollywood, pero que sale airosa porque en ella uno encuentra las marcas de un autor único e irrepetible. Toda ella es una poesía agridulce que se disfruta desde el principio al fin.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

(*) En la presente edición del Festival de cine de Mar del Plata también se estará proyectando “Gimme Danger” (2016), documental de Jarmusch sobre la banda de punk-rock The Stooges.

 

Paterson