Luchar contra el olvido. Pastores en la Niebla (2013), de Domingo Moreno

Ian Quintana 16 - Mayo - 2018 -Foco: 5º Construir Cine: festival internacional de cine sobre el trabajo.

 

En Asturias, al norte de España, se encuentran los Picos de Europa, unas montañas rocosas con una altura de más de dos mil quinientos metros, ubicadas a orillas del mar Cantábrico. Conforman una cordillera de piedra caliza con gran cantidad de accidentes geográficos, lo que da al paisaje una personalidad única. Hoy en día esa zona se ha convertido en un Parque Nacional, visitado por turistas y viajeros. Pero lejos de las cámaras y los flashes, se encuentran los cuidadores de los Picos, los celadores permanentes del paisaje. Entre los picos más altos, arriba de la maciza roca, entre las nubes, viven familias completas, familias trabajadoras, celosas del cuidado de la tierra, vigilantes de los días y las noches. Continuando con una cultura milenaria, los pastores vigilan y guían a sus ovejas entre la bruma. Allí viven, en pequeñas cabañas, con sus ovejas, sus cabras y sus vacas; con algunos niños, pocos jóvenes y muchas nubes. Son pastores que crían ganado, que cuidan animales al aire libre y los guían entre las montañas para conseguir alimento, pasto fresco a una altura única. Como retribución por los servicios prestados, los animales ceden a los pastores sus leches y pieles. Éstos las intercambian por alimentos o dinero, hacen telas y quesos, se alimentan ellos y continúan así con su sencillo empleo. Pastores de la Niebla (2013), captura cincuenta y cinco minutos de ese brumoso mundo, de sus gentes y su paisaje, del tiempo que ha pasado, de los cambios, los miedos y el futuro.
Entre campanazos y viento, los pastores cuentan cómo su oficio ha cambiado, cómo peligran sus ovejas por los lobos que acechan, y cómo los jóvenes y la sociedad han perdido interés en el oficio del pastoreo. Vidas enteras cuidando rebaños, paseando por los Picos, entre las rocas y los árboles. Una soledad inmensa cubre a las personas, los perros acompañan al pastor, ordenan al ganado. Los días son tranquilos, se trabaja la tierra y con los animales. Se trabaja con las manos, de forma metódica y constante. Se produce leche, manteca, telas y quesos. Uno de éstos, único y famoso en el mundo, el Gamonéu del Puerto, reservado en cuevas naturales durante meses. Pero este oficio tan querido por la gente mayor de esa zona de España, está perdiendo adeptos y la juventud no quiere continuar con la tradición. Están ocupados en otro mundo, tienen otros intereses y ya no valoran la vida del pastor, la paciencia y la humildad con la que ellos viven. Recorriendo la montaña éstos meditan sobre el futuro, sobre su actividad y el mundo de hoy. Sobre la práctica de ser pastor y la conexión que uno debe sentir con la naturaleza. Con dolor, afirman que esa habilidad está desapareciendo. Luego de todos los sacrificios que hicieron para mantener la tradición ven cómo su oficio se detiene en el tiempo. Lo lamentan, pero afirman con orgullo la identidad única que les da su ocupación, la felicidad que ello produce y la alegría que sienten. Se esfuerzan para atraer a la juventud a aprender su trabajo. A través de escuelas de pastoreo y prácticas entre queserías del entorno buscan darle futuro a la actividad que aman. Como una especie en peligro de extinción, los pastores luchan contra el olvido y el paso del tiempo, mientras nubes cargadas de agua atraviesan las ventanas de sus casas.

Ian Quintana

ianquintana@caligari.com.ar

Pastores en la Niebla