El paraíso no es para todos. Paradise (2016), de Andrey Konchalovsky

Carla Leonardi 23 - Noviembre - 2016 -Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

Una mujer grita desesperada mientras es arrastrada para ser encarcelada. Así arranca “Paradise” (2016) del director ruso Andrei Konchalovsky quien en esta ocasión nos introduce en la cuestión del holocausto en la Francia ocupada por los nazis.
Se trata de una ficción de tono realista que se acerca por momentos al registro documental, efecto que es aportado por la decisión de usar el blanco y negro y por una narración de estilo clásico sin demasiados artificios técnicos de cámara.
Los protagonistas de la historia son dos hombres y una mujer, con diferentes inserciones políticas y morales, pero cuyas historias se irán paulatinamente entrelazando a medida que avance la trama. Es interesante el recurso que utiliza Konchalovsky para introducir a sus personajes, pues alternará el desarrollo de la ficción con secuencias en plano fijo con un encuadre medio corto en las cuales comparecerán ante una suerte de tribunal (lugar en el cual queda situado el espectador) presentándose y también aportando información y explicaciones respecto de las acciones que cada uno hubo realizado. De este modo, ofrece tres puntos de vista sobre la misma situación.
En primer lugar tenemos a Jules (Philippe Duquesne) el jefe de la policía francesa que colabora con los nazis en su misión de detener a todo aquel que proteja a los judíos. Es un hombre cuyo padre murió repentinamente de aneurisma, que recuerda que jugaba con su hermano al lobo, que está casado y tiene un hijo de salud bastante débil, y que confiesa haber quedado fascinado por la princesa rusa.
Luego tendremos a Olga (Yuliya Vysotskaya) quien cuenta que emigró a Paris junto a su madre desde Rusia. En Italia habrá decidido casarse con el príncipe ruso, lo cual le permitirá acceder a la aristocracia. Se unirá a la resistencia francesa y colaborará dando refugio a unos niños judíos. Por este hecho será interrogada por Jules. Olga intercambiará con él favores sexuales a cambio de que la deje en libertad. Pero ciertos eventos imprevistos no permitirán que este trato pueda cumplirse y Olga será enviada a un campo de concentración.
El tercer personaje es Helmut (Christian Clauss) un noble alemán que se jactará de los logros militares que han alcanzado sus ancestros y de tener un tío abuelo que fundó una colonia alemana en Sudamérica. La muerte de su madre y la situación de zozobra en la cual para él entraba Alemania por la amenaza que significaba el auge del comunismo, lo decidirá a vender su casa y unirse a la SS. Helmut ve al nacionalsocialismo como aquello que devolverá a Alemania su grandeza y hará de ella un paraíso en la tierra. Su primera misión como oficial de la SS será inspeccionar los delitos de corrupción que ocurrían en los campos de concentración, con órdenes de ejecutar a todo oficial de quien probara dichos delitos. Llevando a cabo esta misión en uno de los campos de exterminio, Helmut se encontrará con Olga, quien fuera su amor imposible en la juventud. Y por amor, traicionará a su causa ideando un plan para salvarla.
Konchalovsky retratará el holocausto con mucha crudeza alternando fotos de la época con la ficción. La situación de cautiverio en condiciones inhumanas sacará lo peor de los prisioneros luchando entre sí por sobrevivir o por lograr un mínimo confort como puede ser llegar a ser proveerse de cigarrillos. Los hornos de crematorio no darán abasto para la enorme cantidad de prisioneros que llegaban en los trenes, de modo que muchos serán enterrados aún con vida. Y se destaca la gran paradoja de la SS de inspeccionar delitos de corrupción en un campo de concentración, mientras centenares de judíos morían diariamente en las cámaras de gas. La vida en ese infierno quedaba reducida a un número, ya sea que se trate del número de prisionero, ya sea que se trate de equilibrar las cuentas del régimen, o bien porque haya que balancear la cantidad de cuerpos que el crematorio pueda soportar.
Avanzada la trama se develará cuál es la naturaleza de los tres protagonistas que comparecen ante el tribunal, es decir, si se trata de personas vivas o muertas, y también ante qué clase de tribunal están compareciendo. De este modo el director, en tanto dios creador de la ficción, ejercerá una suerte de justicia divina.
El título de la película “Paradise” refiere entonces tanto a ese paraíso ideal que prometía el nacionalsocialismo, pero que en realidad transformó en un infierno; a los sueños de liberación en tierras extranjeras que tenían los prisioneros judíos, como a ese Juicio Final del último tramo de la película.
“Paradise” es una película que va armando lentamente las piezas de su entramado, apoyándose en un guión y un elenco actoral consistentes. La película puede leerse como un homenaje hacia los rusos que colaboraron con la resistencia francesa, y también como la pintura de un duro retrato del holocausto. Lo interesante es que Konchalovsky no cae en la obviedad de mostrarnos el mal como algo simple que sería producto de seres monstruosos, sino que mediante las confesiones de los tres protagonistas podemos ver que son seres humanos con sus motivaciones, que son capaces a la vez de actos terribles como heroicos. En este punto, el director incomoda porque interpela directamente a la ética del espectador.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

 

Paradise