Lo irrecuperable. Panny z Wilka (1979), de Andrzej Wajda

Juan Pablo Barbero 4 - Octubre - 2016 Textos

 

Desde el inicio, con su primer imagen de un cementerio ya nos dice que se trata de una película sobre la muerte, o quizás sólo sea una primera impresión tras esa impactante fotografía, porque en el resto de la historia que Wajda nos cuenta no hay ni una sola muerte presente, pero ni siquiera le es necesario, porque lo muerto en la película es el pasado. Un pasado irrecuperable tanto para el protagonista como para la forma en sí, porque narrativamente no recurrir a ningún flashback siempre es una idea interesante revivir el pasado de otra manera; y la manera de esta película polaca es a través del poder afectivo del cine, por encuentros presentes de los cuerpos en la misma linealidad temporal, la fuerza de las miradas, las palabras y los silencios.

Wiktor, veterano de la I Guerra Mundial, vuelve al pueblo donde solía pasar sus vacaciones cuando era joven. Ahí visita la casa de sus tíos que lo reciben con muchísimo cariño, pero el interés del protagonista está en la casa vecina, donde vive un grupo de mujeres solas que en su pasado tuvieron alguna que otra historia con el protagonista. Por la que más interesado está Wiktor murió durante la guerra y él tras la distancia de los años no se había enterado. De ahí, el conflicto, que no está en el presente de lo que se nos está contando, sino siempre pequeñas reminiscencias a través de los encuentros por la casa entre Wiktor y las diferentes mujeres; “Parece que vuelves a ser el protagonista de nuestras vidas en esta casa” le dice una de las enamoradas, ya que su presencia altera la configuración del hogar porque ninguna de ellas, en el fondo, por más de haber sabido llevar adelante sus vidas, con otros hombres incluso, lograron olvidar al recién regresado. Es una película que trata sobre la muerte, porque el pasado una vez muerto, muerto está, lo nuevo puede nacer pero es algo completamente diferente. Las primeras arrugas se mezclan con aquellos ojos que fueron pero ya no son, porque ya no brillan como en la plenitud de la juventud, lo que brilla para Wajda son los exteriores, el sol afuera resplandece, mientras la casa se mantiene en una tonalidad bastante húmeda.

Desde reproches hasta pequeños roces, Wiktor juega el papel de un Don Juan melancólico y confundido, porque lo que lo distingue de aquel personaje histórico, es lo que lo acerca a lo que mucho después fueron las flores rotas que Jarmusch plantó. Aquel hombre que no puede recuperar su pasado porque es consciente de que ya sucedió y sus ojos ven con ojos de ayer, lo que hoy debería configurar un presente, es inaudito y debe seguir adelante. No es casual que los ojos de Wiktor estén presentes en la más joven de la casa, Tunia, a quien incluso confunde con Fela, la mujer muerta, pero algo en ellas no se puede separar por parte del protagonista. La película sigue al protagonista, pero se da libertades muy acertadas narrativamente, ya que cuando él está hablando con alguna de ellas íntimamente, luego se nos muestra a las demás mujeres, observando, en algún cuarto de la casa, como privándonos de la misma privacidad, es que todo lo que hay hoy es ayer y todas las mujeres de la casa parece que quieren recuperar ese pasado, salvo la más joven, que enamorada de Wiktor, es la única que cree en el futuro porque lo ve como un hombre maduro y era sólo una niña cuando el pasado era el presente de esta historia.

“Las señoritas de Wilko” a diferencia de otras películas en la filmografía de Wajda, es una película bastante clásica y sin contenido político, si pensamos por ejemplo en “El hombre de mármol”, que es anterior a esta, y su secuela posterior “El hombre de hierro”; acá lo primordial es enfatizar los colores apagados para decir con imágenes la nostalgia que no se puede con palabras. Unos cimientos intactos que construyen una casa que guardaron varias vidas de las mismas personas, como si vivieran dentro de un reloj que no olvida pero envejece, y lo que queda, es lo irrecuperable: “Tristeza por todo lo que va quedando atrás y no volverá…”

Juan Pablo Barbero

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Panny z Wilka