Un día taxativo. Oslo, 31. August (2011), de Joachim Trier

Julieta Abella 17 - julio - 2016 - Textos

 

Cómo un día, un momento, un instante lo cambia todo; una elección determina qué camino tomar. Se narra una historia de una serie de sucesos significativos que resultarán en un momento categórico: de esto se trata el relato plasmado por Joachim Trier, ese momento donde todo lo vivido ya no tiene más significado y se cae sobre sí mismo.

Oslo, 31 de agosto enmarca un punto de inflexión. Ya desde el comienzo, con su título, se marca un foco específico, un día preciso. Sucesivamente, se irán marcando pequeños momentos relevantes que construirán la posibilidad de revisitar y revivir situaciones del pasado. Anders, quien sale de su clínica de rehabilitación ese 31 de agosto, toma el día para volver a Oslo luego de mucho tiempo y ponerse en contacto con situaciones que le resultan lejanas: sus amigos, el mundo laboral y su familia. Sin embargo, todo confluye en un momento determinante donde se sucumbe al pasado mismo.

A través de una cinematografía especialmente cuidada, las situaciones que lo afectan a Anders se ven muy naturales y orgánicas. El contacto con esa realidad de abandonar la adultez temprana, los dictámenes sociales en tanto a familia, trabajo e interacción social, lo van atravesando y permeando a lo largo de estas horas. Aquí se genera un desfasaje interesante: Anders, al volver al contacto con estas imposiciones, se ve ajeno a lo que él “debería hacer” o “debería cumplir”; nótese cómo ve la vida de su amigo al que visita, su propio par, la cual no puede compartir. Incluso resulta interesante que Anders encuentra una  vinculación con una amiga que le menciona que en cierta forma no puede cumplir un estándar, la maternidad. Sin embargo, rápidamente ve que esto no sucede debido a que no desee cumplirla, como es su propio caso, sino porque no puede físicamente. Aquí, una vez más, Anders se verá alejado de los mandatos sociales y observará desde su lateralidad.

Asimismo, hay un juego con los niveles de sonido y  con la elaboración de los planos que genera un fuerte perspectivismo. De este modo, el espectador vive a la par de Anders su día de “primeros encuentros”: volver a la ciudad, volver a la estructura social y volver al mundo laboral.  Es entonces que se genera un proceso de acompañamiento a revisitar categorías ya pasadas, ya “superadas”. Y, sobretodo, de observar esa desconexión con el alrededor; alrededor que le pide ciertas cosas con las que Anders no se encuentra ni se encontrará, nunca dejará de sentirse ajeno. El único lugar donde no se encuentra presión ni desfasaje es el pasado mismo.

Pero debe observarse que la construcción narrativa no demoniza ni culpa al joven Anders por sus actos y sus decisiones, todo lo contrario, abre su perspectiva. De esta manera, cabe preguntarse cómo el pasado marca el presente y el futuro de Anders y, a su vez, lo conduce en su vida. No obstante, no se construye como un pasado obstaculizante ni mucho menos; él siempre estará al margen de la sociedad y sus estándares. De manera que, el interrogante es, a fin de cuentas, si él no es el más sano y feliz decidiendo no sublevarse a estos dictámenes.

Julieta Abella

julietaabella@caligari.com.ar

 

Oslo, 31. August