Cómo cazar monos en África. Omar (2013) de Hany Abu-Assad

Ayelen Boffelli 11 - Julio - 2016 - Textos

 

 

Cada vez que escribo sobre una película me anoto palabras sueltas, disparadores, que al final tienden a unirse. Pero Omar, de Hany Abu-Assad, me dejó más preguntas que respuestas. Por dónde empezar, no sé.  

Me ordeno, escribo esas palabras: muro, saltar; como primeras opciones. Y debe ser así, no importa la altura del muro, no importa el peligro, siempre hay alguien que está dispuesto a saltar para ver qué hay del otro lado. En este caso el protagonista salta porque conoce lo que hay, porque ese muro lo separa de sus amigos y de su amor secreto, Nadia. Para él no hay diferencias entre los 2 lados, y para la película tampoco, nos confunde, nos los iguala visualmente.

Omar es el joven protagonista de la historia, su vida se divide como su territorio; es panadero pero también un militante por la liberación de Palestina; planea un futuro junto a Nadia, y planea una lucha armada junto a Tarek y Amjad, sus amigos de la infancia.

Como consecuencia de haber participado del asesinato de un militar israelí, Omar es detenido y torturado por la policía de este país. Pero es liberado con el compromiso de entregar a quien disparó el arma. Una nueva fractura se nos presenta, casi como una consecuencia natural que debe padecer el protagonista, por el simple hecho de haber nacido de ese lado del muro, una fractura social que afecta a cada uno de los que entran en contacto con ella, sin diferenciar bandos, banderas o naciones; sin diferenciar entre ser de Israel o Palestina. Omar debe elegir entre traicionar a sus amigos para sobrevivir, o seguir esquivando las balas que los persiguen día a día.

Lo más puro y sano que posee Omar, su historia de amor con Nadia, hermana de Tarek, también se verá envuelto en este pasaje de la confianza y libertad, que proclaman los protagonistas, a la trama de sospecha. Así se cruzan los géneros que engloba esta historia: drama, romántico y thriller.

La ausencia de música a lo largo de toda la película nos potencia el realismo de sus escenas. La velocidad de las persecuciones por los infinitos pasajes del lugar, donde la cámara sigue de manera sorprendente a nuestro protagonista, se contrarrestan con los momentos de quietud que se producen en los encuentros a escondidas de Nadia y Omar, donde intercambian cartas de amor que nunca llegaremos a leer. Sin embargo, en ambos casos la tensión nos domina, la tensión de que Omar sea capturado, la tensión que no nos permite dejar de mirar y sorprendernos de cómo el protagonista naturaliza su vida clandestina.

El crecimiento de los personajes es parejo, la soledad, la tristeza y la desconfianza aumentan con los minutos del film. Lo interesante es el trabajo psicológico de cada uno de ellos, donde no vemos ni buenos ni malos, sino el lado humano que poseen cada una de las personas. Y creo que ese es el objetivo del director, buscar la herida de los personajes, meterse en ella, para sacar a flote lo que cada uno es; para mostrar como los otros crean las diferencias para dividir. De esa forma, nos contagia lo que padecen los personajes, tan reales que podemos llegar a sentir su dolor, su desconfianza, su traición.

Así nos conduce Hany Abu-Assad dentro de una trama romántica y una persecución violenta, para contarnos una historia particular dentro de las infinitas realidades que deben habitar el lugar, y donde la violencia y la desconfianza corroen a cada uno de los que participan en ella, sin que lo busquen, como Omar que soñaba viajar a París, o como Nadia para quien su lugar soñado era donde estuviera él esperándola con sus cartas. Porque Omar es una cacería, como hacen con los monos en África, y tal cual lo asegura su protagonista: “Todos nos creímos lo increíble”.

Ayelen Boffelli

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Omar