Humanidad. Nunca vas a estar solo(2016), de Alex Anwandter

Ivan Garcia 26 - Noviembre - 2016 -Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

El padre de pablo diseña maniquíes. Pablo es un joven chileno. Es homosexual, y esto no parece ser del gusto de sus vecinos y conocidos. Los chicos de su edad lo molestan y lo agreden, no tanto por el hecho de ser homosexual en sí, sino más por no esconderlo, por no arrepentirse e intentar “reformarse”. La película explora la búsqueda de un contacto, de una conexión humana en un mundo de prejuicios y violencia. Podría parecer algo ya visto en pleno 2016, algo que por supuesto quisiéramos que perteneciera al pasado o se circunscriba a la ficción. Sin embargo “Nunca vas a estar solo” está basada en una historia real.
La ciudad es una selva, parecen decirnos los bellos planos de la ciudad en brumas, ocasos de colores y edificios que se deshacen en las tinieblas a lo lejos. Y es que esta cinta trata sobre la imposibilidad de encontrar un lugar donde estar seguro, de encontrar un soporte en esas personas que parece que más alejamos cuando las necesitamos, y más se alejan cuando nos necesitan. Es por eso que si bien podría decirse que el protagonista es Juan, el padre de Pablo, la historia no trata primordialmente sobre él, sino que circunda el hecho de la brutal golpiza sufrida por su hijo a manos de un grupo de jóvenes matones.
Los maniquíes hacen eco de esa necesidad de buscar un ideal de ser humano, una idea inculcada de lo que debe ser un hombre, de cómo debe comportarse. Un estereotipo fijo que solo ve la variedad como un defecto. La contraparte de Pablo es Félix, un chico con quien tiene relaciones, pero que se muestra reacio a un contacto más profundo, niega su identidad sexual y busca validarse ante los otros chicos. Algo similar sucede con su padre, que no tiene una relación muy cercana con Pablo y vuelve extenuado de las arduas horas laborales. Juan no niega la identidad de Pablo ni se lo recrimina activamente, pero tampoco habla con él, ni le brinda su apoyo, diálogo o contención.


A lo largo de la película asistimos a un sinfín de desilusiones, en los que la redención se hace cada vez más difícil. Las cuentas de hospital son enormes, y Juan no parece encontrar la manera de ayudar a su hijo: se emborracha, tiene serios conflictos laborales y personales, y poco a poco pierde la mesura. Y es que no se está buscando reproducir ningún tipo de redención ni gesto de salvación: estamos ante los aspectos bajos e incapaces del ser humano. Ni siquiera su mejor amiga puede ayudarlo, ya que huye en el momento de la golpiza y no llega a verla, por lo que no constituye un testigo ocular para la justicia.
Esto iba a pasar, tarde o temprano, dice Félix a Juan cuando este le pide explicaciones. Se nos está diciendo sin tapujos que el peligro de negar una identidad sigue existiendo hoy, y sus consecuencias siempre serán devastadoras. En una escena hacia el principio de la película, Juan charla con su socio sobre la caída de ventas por la competencia china, y le dice que los chinos podrían hacer las cosas más rápido y barato, pero nunca tendrían el factor humano, la humanidad que ellos sí poseen. Esta es solo una más de las tantas despiadadas ironías que esta gran obra chilena plantea, como lo son el título, como lo es el contraste entre los planos iniciales de dos chicos teniendo un fugaz encuentro romántico a escondidas entre planos de la ciudad, y los del final, con Pablo brutalmente golpeado, abandonado en plena calle, entre los planos de esa misma ciudad enorme.

Ivan Garcia

ivanggarcia22@gmail.com

Nunca vas a estar solo