Tomar el desafío . Mujer nómade (2018), de Martín Farina

Mercedes Orden 12 - Septiembre - 2018 -Foco: FIDBA 2018 - Festival internacional de cine documental de Buenos Aires.

 


¿Cómo se podría plantear un documental de Esther Díaz si no fuera haciendo eje en el cuerpo? Muchos de nosotros podemos conocerla en su forma teórica, pero ¿quién conoce el punto de partida de lo que nos plantea? ¿Qué hay detrás de esa mujer que escribe, da clases, cita a Michel Foucault, habla de Gilles Deleuze y refiere al hímen como un obstáculo epistemológicoMartín Farina toma el desafío de llevar a cabo ese retrato.
El comienzo es una voz y un cuerpo en primer plano el cual recuerda la crisis que implicó cumplir cincuenta años y pensar que su vida se acababa. De inmediato, esa voz recuerda una noche de orgías, drogas y celos que terminó en un neuropsiquiátrico. Luego la cámara sigue a Díaz en sus rituales de belleza cotidianos mientras numerosos planos detalle se suceden: una aplicación de bótox, la peluquería, la clase de pilates son algunos de los espacios por los que transita recordando hechos de su vida, yendo y viniendo de lo superficial a lo más íntimo de su persona.
La filosofía se escabulle por cada rincón. Así, por ejemplo, apela a la categoría de la percepción desde la perspectiva de Deleuze, observando la diferencia entre lo que percibimos en la vida cotidiana y lo que somos capaces a través del arte -el percepto. Este concepto es también el que la lleva a pensar al cuerpo como una superficie perceptible relacionándolo con su posibilidad de “orgasmear”.

Mujer Nómade propone la subjetividad de Díaz como su protagonista quien, de manera constante, relaciona su historia con la filosofía que eligió como profesión, la sexualidad -entendida a partir de la promiscuidad- y el cuerpo que las atraviesa. Pensar en ser nómade sin moverse del lugar, de eso nos habla la escritora quien entiende que no sólo los genitales, sino también los objetos son órganos sexuales, a la vez que declara el carácter transformador del posporno el cual hace posible ese nomadismo de la mujer.
Farina elige un personaje que fue víctima de violencia de género, se divorció y comenzó sus estudios ya de grande, logrando un Doctorado en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Los motivos parecen suficientes, sobre todo, por la riqueza de sus anécdotas, el modo en que piensa el mundo que habita y la frescura que tiene para estar frente a la cámara -posible quizá por su experiencia como docente o su acercamiento al ámbito teatral.
A partir de filmar su crisis y recorriendo los espacios de dolor que le recuerdan el brote psicótico de su hija Fabiana, haciéndola hablar de la felicidad que encontró cuando empezó a acostarse con pendejos y apelando al material de archivo que la muestra ante numerosas audiencias, el director lleva a cabo un trabajo donde los sentimientos explotan frente a la pantalla y la subjetividad es la decisión estética lógica para que Díaz no sea si no una nueva forma que él encuentra para hablar de lo que ya nos viene hablando.
El resultado es un lúcido documental, con añadidos de ficción, donde la filosofía es hablada a través del cuerpo. Un cuerpo que piensa el ideal de belleza, la sexualidad pero también el entramado de poder. Es allí Esther Díaz la protagonista indicada que no teme contar quién es sino que además atestigua el modo en que una mujer puede -y debe- no sólo romper con los mandatos sociales que la rodean sino también exponerlos para así llevar a cabo una verdadera crítica acerca de ellos.

Mercedes Orden

mercedesorden@caligari.com.ar

 

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