“La importancia de ser Chiron”. Moonlight (2016) de Barry Jenkins

Rocio Molina Biasone 20 - Noviembre - 2016 Textos - Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

A veces el tan nombrado “camino del héroe” — que atraviesa nuestras narraciones desde antes del cine, antes de las novelas y cualquier relato escrito — resulta ser una evolución de héroe a antihéroe, o al menos un inevitable paso a través del anti-heroísmo, en particular cuando nos referimos a personajes marginales, minorías, o atravesados por la pobreza y su hermana siamesa, el negocio de la droga.
El protagonista (¿héroe, antihéroe, o humano?) es Chiron: un niño, que será luego muchacho, que será un día un hombre. El discurso que atraviesa el film, en boca de diferentes personajes, es el que hemos escuchado una y otra vez en el cine: “no dejes que otros te definan”, “mantenete fiel a quien sos”, “vos podés ser más que eso”, etc., etc. Moonlight deja en evidencia lo frágil de estos consejos, frases repetidas, palabras sabias, en el día a día de un joven negro, pobre, hijo de una adicta al crack, que empieza a descubrir que su sexualidad no encaja en los criterios de su entorno.
El film de Jenkins representa una lucha, que de silenciosa pasa a activa y violenta, que de lágrimas pasa a músculos. La narración se divide en tres capítulos, cuyos títulos derivan de los distintos nombres que a Chiron le otorgan. El primero, “Pequeño”, su infancia. Su cuerpo, su poco talento para la violencia, le merecen la etiqueta que lo identifica como “presa”. Es pequeño, es solitario, está necesitado de afecto pero éste le es rechazado.
El segundo, “Chiron”, representa el pasaje de el niño que es al hombre que será. Lo es para este personaje, como lo suele ser para la mayoría de las personas hoy. La adolescencia, la juventud, el momento de la constitución de uno, el momento de decisiones. En especial para un joven como Chiron, que vive en los suburbios de Miami entre chicos abusivos, narcotraficantes, y adictos, este suele ser el momento en que el sistema puede definirte, o no, como criminal. Juan, el narcotraficante que lo recibió en su hogar cuando niño, emitió una profecía, sin saberlo: que el hombre corpulento y rudo que hoy estaba allí, no solía ser más que un niño delgado como Chiron, y no parecía tener mucha idea de cómo había llegado a ser quien era. Chiron se descubre, se libera, y el entorno lo rechaza. Chiron toma entonces su decisión.
El tercer capítulo, se llama “Black”. Tal es el apodo que le dio su amigo, su primer amor. Pero “black” es también lo que lo define, porque esa categoría es un prototipo más de lo que crean nuestras sociedades. Ser “negro” es un determinante inevitable en Estados Unidos. Ser gay, en un barrio marginal de Miami, también lo es. “Black” es lo que llega a ser como adulto, por haber sido “little” en su infancia, y por haber sido “Chiron” en su juventud. O más bien, por haber intentado, sin éxito, ser “Chiron”.

Rocio Molina Biasone

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Moonlight