“Enamorarse de un tirano”. Mon roi (2015) de Maïwenn Le Besco

Rocio Molina Biasone 29 - marzo - 2016 Textos

 

“Je ne suis pas un conard. Je suis le roi des connards.”

 

En los últimos años, los relatos cinematográficos sobre amores fallidos, venidos abajo, o directamente tóxicos, se han hecho más frecuentes. Esto es esperable de una época y una generación de gente que trata de sacarle el velo a los mitos sobre el amor; mitos que nos intoxican desde hace largo rato, y que la industria del entretenimiento y del cine han explotado sin parar a lo largo del siglo XX.

Lo que las nuevas generaciones estamos entendiendo y descubriendo, es que conceptos como “alma gemela”, “media naranja”, “para siempre”, traen más daño y dolor que felicidad. El utilizar pronombres posesivos al hablar de la persona a la que queremos, el considerarla tu posesión, son manifestaciones de una base ideológica que nos lleva a construir vínculos a partir de aquello que nos enseñaron sobre el amor romántico durante toda nuestra infancia.

¿Y cómo evitar, entonces, encontrarse súbitamente con una persona que nos controla, que reina sobre nuestra vida, y que no nos permite ser libres, forzándonos a vivir según sus caprichos?

El guión de Mon Roi elige como punto de partida aquel del colmo de la autodestrucción de Tony: tras una relación que la ha ido “quebrando” poco a poco y que no parece encontrar un fin, su mismo cuerpo termina rompiéndose. En la rehabilitación de 5 semanas que se ve forzada a llevar a cabo, Tony no sólo debe recuperar el uso de su pierna, sino que debe mirar hacia atrás y pensar en su vida. ¿Cómo reparar ambas?

La equiparación de su pierna a su vida puede parecer tal vez obvia, pero esto no es un problema para su directora y guionista, Maïwenn, quien se encarga de dejarlo en claro a través del personaje de la fisioterapeuta: ésta le señala que un dolor o falla en la rodilla, implicaría que allí lleva un peso. Arrodillarse demasiado.

 

El resto del film se construye mediante un montaje paralelo entre el presente de Tony — su rehabilitación — y sus recuerdos de su relación con Georgio. El inicio es, reconociblemente, aquel de una historia de amor modelo. Georgio es un tipo carismático, le gusta divertirse, es improvisado y emocionante, tiene plata y muy buen aspecto. Tony se ve atraída por él, y logra conseguir su atención. A partir de eso viene la segunda fase, también típica, de cualquier historia amorosa: Georgio dice sentirse diferente con Tony, quiere seriedad, quiere una familia, e hijos, y es más que insistente al respecto.

Pero claro, si insiste en obtener todo lo que quiere con Tony, es por amor, ¿no?

De este punto en adelante la historia se aleja del cuento de hadas para abordar el realismo. Georgio tiene demandas egoístas, se aleja de Tony y regresa según su placer y comodidad. Ella cede a sus demandas, acepta las distancias, se resigna al cuidado del hijo que comparten, a su rol de madre. Eventualmente, Georgio la vuelve loca. Pero luego de decidir una separación, Georgio no lo permite, la presiona al punto de acosarla.

Pero bueno, es un hombre claramente enamorado, que actúa por sus sentimientos y porque la ama. ¿Por qué no perdonarlo?

Maïwenn logra construir un relato sobre abuso psicológico, sobre la toma de posesión y control de un hombre sobre una mujer. Y lo hace de forma progresiva, sutil, y muy real: individualizando a la perfección la paradoja en la que nos mete el mito del amor romántico. Y para ello, es necesario establecer las características que hacen posible este tipo de relaciones.

En primer lugar, está el adoctrinamiento a las mujeres de lo que deben encontrar atractivo en un hombre. Es la trampa inicial, porque los héroes y príncipes de cuentos y películas poseen personalidades que en el mundo real le pertenecen a aquellas personas más tóxicas. Es romántico que sea narcisista. Es romántico que imponga su voluntad. Es romántico que quiera “conquistarte”. Es romántico que no acepte un “no” por respuesta. Es romántico que haga grandes escenas de amor. Es romántico que te cele. Y es romántico que te quiera sólo para él.

Luego, predeciblemente, el narcisista irá siempre a servir sus propias necesidades. Buen padre, cuando quiera. Compañero, cuando le interese. Pero arriesgar a que te alejes de él, jamás, porque volvería con más encantos que nunca.

Además, ese encanto y todos esos rasgos que inicialmente te atrajeron, también están ahí para hacerte sentir menos. Esa inseguridad es necesaria, sentir que sos afortunada de tenerlo, de estar con él. Mirá ese departamento espectacular, mirá lo que me quiere, mirá a sus amigos tan glamourosos y bellos. Sentirte muy incluida y, segundos después, sentirte una forastera.

 

Desde el lado del público mismo, es difícil identificarlo como un hombre abusivo. La forma más sutil de intimidación es la violencia psicológica. No habiendo violencia física explícita, no estamos tan entrenados para percibir eso: ¿y cómo podríamos, cuando los síntomas mismos de la violencia psicólogica los percibimos como señales de pasión y amor?

Necesitamos que la situación llegue al punto de amenaza explícita, de un acto abiertamente violento. En Mon Roi, el primer momento en que el público puede estar de acuerdo sobre el perfil abusivo de Georgio, es ante su descontento manifiesto y hasta infantil cuando Tony debe interrumpir un almuerzo juntos por una imperdible oferta de trabajo. Es en ese momento que su carácter monumentalmente egocéntrico se manifiesta por primera vez. Y es también en ese momento que Tony comienza a verlo por quién realmente es, y siempre fue.

El motivo del conflicto, del por qué existen estas relaciones, puede identificarse en dos diálogos diferentes. Uno de ellos es entre Tony y Georgio, cuando ella quiere poner el punto final a esa historia, y él no quiere aceptarlo. Él le dice que ella lo está dejando por las mismas cosas que, en un inicio, fueron las que le atrajeron de él. Ella le da la razón.

El otro diálogo es el que tiene Tony con sus compañeros de recuperación, todos hombres jóvenes. Uno de ellos le pregunta a Tony por qué decide pasar tanto tiempo con ellos, siendo ella no sólo mujer sino mucho mayor. Ella les responde que, simplemente, porque son divertidos.

Esto es lo que le atrajo a Tony de Georgio desde un inicio, su carisma, su espíritu divertido. Y es completamente entendible que eso suceda. Pero he ahí que, si lo que te atrae en un inicio es lo que termina destruyendo la relación, lo que tenemos entonces es un problema de adoctrinamiento. Un problema en lo que enseñamos, como cultura, que deberíamos buscar en un amigo, amiga, y más aún, en una pareja. Los problemas de estos vínculos son, por lo tanto, problemas culturales.

Viendo entrevistas de Maïwenn, veo que tal vez no fuese su intención exponer esto. Los diálogos son improvisados, y el guión se fue construyendo en la marcha. Sin embargo, estoy segura de que en la dirección de sus dos excelentes intérpretes, las características de cada personaje no las definió para lograr una simple relación tormentosa, sino con la plena consciencia de qué modelos de masculino y femenino, qué ideas del amor, son las que crean relaciones abusivas.

 

Volver a caminar para Tony es también un volver a vivir como la mujer que era antes. Antes de conocer a Georgio, antes de olvidarse de ella misma. Antes de estar arrodillándose. Y es precisamente cuando deja de arrodillarse que Georgio la rechaza del todo. Porque si no vive devota a él, a sus ojos, es como si no viviera.

Para salir adelante debió derrocar al Rey. A su Rey. El Rey de los imbéciles.

 

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Mon roi