“El motor de la felicidad”. Microbe et Gasoil (2015) de Michel Gondry

Rocio Molina Biasone 14 - Septiembre - 2015 Textos

 

Ver unas pocas películas de este director alcanza para percibir una innegable calidez en sus obras. Desde los films más serios a los más ligeros; desde aquellas historias que tienden a la comedia (El avispón verde), o aquellas que se inclinan al drama (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos); desde sus documentales a sus cortometrajes, lo que hace Michel Gondry emana calor humano. Su cine es, sin falta, una aproximación a las formas humanas de relacionarse y de generar vínculos, de conectarse unos con otros.

Microbe et Gasoil no es la excepción. Esta vez, el relato gira en torno a Daniel, un chico de al rededor de 13 años que es burlado por su pequeñez, y su apariencia “femenina”, rasgos que le ganaron el apodo de “Microbio” entre sus compañeros. No es un “bullying” más violento que lo normal, y ni siquiera es mostrado con mucha angustia, pero se complementa con una confusión de sentimientos románticos y sexuales hacia una de sus amigas, que hace que Daniel se sienta diferente al resto: un chico que dibuja desnudos para intentar masturbarse en vez de ver pornografía, y que pasa su tiempo libre pintando retratos de la gente que lo rodea, es claramente un adolescente que sobresale.

Como en varios otros relatos sobre amistades juveniles, un personaje llega para cambiar la sensación de no pertenencia de nuestro protagonista. Theo (Gasoil) cumple, al principio, la figura de forastero misterioso que llega a esa comunidad burguesa, y a la clase de Daniel. Otro “bicho raro”, cuyo costado creativo es puesto en evidencia al mostrarlo andando en su bicicleta personalizada, a la cual Theo mismo le agregó un motor, y varias consolas de efectos de sonido. Aunque físicamente casi contrarios, esta tendencia a la “anormalidad” que comparten será el gatillo para una amistad de gran fuerza.

Cada personaje es único, desde Daniel y Theo, hasta sus respectivas familias. Daniel tiene el típico hogar burgués: una madre (Audrey Tatou) que toca el piano y sufre ansiedad y depresión, características que, extrañamente, la convierten en un personaje muy risible; un padre retraído y que es apenas una representación de una autoridad fría; un hermano pequeño, con quien juega al fútbol y comparte habitación; y un hermano mayor en una ridícula fase punk, pero cuyo estilo y grupo de amigos forman parte de la inspiración creativa de Daniel.

Theo, por otro lado, vive sólo con su padre, un anticuario gruñón y desconfiado, y una madre enferma y amarga, en un hogar muy lejos de los ideales burgueses, colmado de antigüedades y pequeños cuadros de estilos y épocas muy distintas, que mucho tiene que ver con la caracterización de nuestro querido Gasoil, quien crea y construye a partir de reciclaje, y cuyo vestuario y estilo es una mezcla de moderno y “retro”.

De forma tanto figurada como literal, ambos adolescentes crean su propio mundo, su hogar, con el que cumplen planes y proyectos de libertad, fortaleciéndose el uno al otro, viviendo experiencias tragicómicas y hasta absurdas, entre sueño y realidad. Un hogar como éste, tan lleno de juventud pura, aunque no inocente, no puede ser eterno, pero eso no lo hace menos importante en sus vidas. Con un final agridulce, la historia igual mantiene un espíritu alegre como sólo puede serlo aquel de un adolescente que descubre las múltiples posibilidades que le ofrece el mundo que lo rodea.

Gondry realiza esta simpática y hermosa película sobre una amistad y un viaje lleno de creatividad, basándose en experiencias propias con un amigo de la infancia. Un amigo con quien perdió contacto, pero que recuerda con gran afecto. Gondry se reinventa en el personaje de Daniel, a quien atribuye sus propias confusiones sexuales, y sentimientos de soledad adolescentes.

Él, que también quería ser pintor, pero terminó usando otro tipo de pincel, uno de luz y de tiempo.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Microbe et Gasoil