Las palabras del silencio. Michael (2011) de Markus Schleinzer

Ornella De Virgilio 13 - Enero - 2015 Textos

 

“Hay un ser que se mueve, permaneciendo él inmóvil”
- Aristoteles

Markus Schleinzer debuta como director con un film al menos controversial desde el punto de vista de la actuación. Hay una búsqueda definida en cuanto a la búsqueda de hablar, decir, a través del silencio.

Si pudiéramos reunir los diálogos de la película, rápidamente nos daríamos cuenta que no llegan a completar más de diez hojas. ¿Por qué la elección del silencio como forma de diálogo? ¿Es una decisión estética? ¿Qué nos quiere decir Schleinzer?. No sabemos a ciencia cierta que es lo que trama con el uso adrede del silencio. Lo que sí podemos es interpretar.

La película se adentra a mostrar la cotidianeidad de una relación cruel entre un secuestrador y un niño. Dicha rutina se vuelve escalofriante ante el espectador, pues uno no puede dejar de pensar que cada día es un tormento para el niño. Sin embargo, aunque el espectador se refleje en la figura de dicho niño, la película está narrada desde el punto de vista de Michael.

El personaje protagónico interpela al espectador demostrándole que cualquiera puede ser él. Sin embargo,  desde la narración cae en estereotipos típicos: Michael es el típico hombre solitario que no interactúa con nadie, es un exitoso trabajador, tiene poco contacto con su familia, etc. Este recurso en la construcción social del personaje juega un papel burdo en contraposición a la búsqueda de la sutileza construida a través del fuera de campo y los silencios.
El director genera una relación creíble entre los protagonistas.  Es en el trabajo con el niño donde se expone la elegancia de la sutileza, pues lo implícito en esta película es lo que se vuelve trágico, la violencia no acude a lo físico sino que durante todo el film hay una violencia psicológica impuesta que revela un nudo en la garganta del espectador.
Analicemos la construcción del personaje de Michael. El actor se ha inclinado por una realización introspectiva del personaje, lo que en teatro se denomina “de adentro hacia afuera”. Es decir, la gran obra de este film es que el protagonista supo transmitir desde el silencio la psicología del personaje ¿Cómo lo logra? A través de la mirada, las acciones y los tiempos de las reacciones. Michael es consciente todo el tiempo de su accionar, en ningún momento cree que lo que hizo está bien; de hecho lo que le excita es ese peligro de lo ilegal, lo prohibido, la ruptura de la ingenuidad de la niñez. El actor demuestra a través de la acción y no de la palabra cómo Michael disfruta de su niño interno abusando del niño; es decir, este personaje está en busca de la frescura de la niñez y como él es perversamente adulto se desquita con su secuestrado arrebatándole la ingenuidad, la infancia. Ama a los niños en la medida que los odia. Michael actúa como un padre ante Wolfgang, educándolo de la manera más horrible y repugnante. Como padre le muestra las miserias del mundo y cree brindarle en ese sótano un lugar seguro. La psicología de Michael no le permite pensar que está arrebatándole la vida a un niño de diez años, pues lo que él cree es que son una familia, son padre hijo y a la vez pareja. Es así como el director naturaliza la relación de abuso, demostrando cada acto sexual de una manera cotidiana, pues ambos personajes ya han vivido esa situación, les es común; no es el retrato de un primer abuso sino es el retrato de la cotidianeidad de la situación. Esto es lo que perturba la mirada del espectador, la crueldad del día a día. Michael no siente remordimiento ante el acto sexual pues es un lugar seguro; tal es así que cuando intenta tener relaciones con una mujer no puede, no sabe, no está dentro de sus reglas.

Para Michael no hay conflicto frente al anonimato de su doble vida, pero ¿Qué pasa cuando el niño sumiso comienza a revelarse? He aquí un punto de inflexión en el personaje de este abusador, pues Wolfgang comienza a demostrarse contestatario frente a Michael, quien denigra estas acciones del niño demostrando que no hay lugar a la rebelión, que él como autoridad impone las reglas y que cualquier acto de furia del nene no es más que un capricho temporal. El hecho de subestimar al indefenso niño secuestrado es lo que termina siendo la grieta en la perfecta pared construida por Michael. El director, fiel al punto de vista, no nos muestra el proceso por el que pasa Wolfgang para llegar a atacar a su secuestrador, sino nos pone en el lugar de Michael sorprendiéndonos junto a él ante la pava de agua hirviendo que cae sobre su rostro. Es en este momento el quiebre del accionar “racional” que mantuvo Michael, quien siempre se ha demostrado muy consciente y centrado en sus acciones, obviamente dentro de las reglas que él construyó para su vida. En ninguno de los hechos donde se lo vió en situaciones extremas se lo encontró tan alterado ¿Por qué es esto? Porque el ataque representa que a partir de ese momento la relación ha cambiado, el niño se ha transformado en fiera esperando el momento justo para atacar a la presa, el sumiso se reveló. La ruptura del esquema es lo que lo lleva a accionar de la manera más estúpida, es decir, subirse al auto en busca de ayuda. El director en este momento vuelve a transformar al fuera de campo como protagonista, pues una mano temblorosa intentando colocar las llaves nos lleva a imaginarnos lo que pasa por la cara, literalmente, del protagonista.


“Michael” de Markus Schleinzer nos demuestra que hay films donde las palabras sobran y, aunque el director abusa de dicho recurso, lo cierto es que los protagonistas supieron usarlo para crear una relación escalofriante basada en la mirada y en lo que no se dice. Es una película de poco diálogo y gestualidad, pero cargada de sentido por un tema terrible como es la pedofilia donde se busca no caer en el estereotipo del dolor del niño sino indagar la psicología del abusador y secuestrador, donde él mismo crea un mundo paralelo para buscar cierta rutina que escapa a lo que cualquier ser humano puede imaginar. No se necesitan gritos ni llantos, solo miradas para que el espectador sienta la incomodidad de sentirse parte de ese momento intimista, de estar dentro de una casa donde el silencio abunda y las paredes gritan.

Ornella De Virgilio

 

 

Michael