Por suerte, existe el cine, y la pasión. Mi hist(e)ria en el cine (2016), de María Victoria Menis

Natalia Avalos 18 - Abril - 2016 Textos

 


“El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión.”

(El Secreto de sus Ojos)

 

María Victoria Menis se separó del amor de su vida: el cine. La ruptura, como todos los desengaños amorosos, fue dramática. Se habían amado apasionadamente, pero su relación se había agotado con los años.

Las razones fueron principalmente económicas. El vil metal es capaz de empañar las cosas más hermosas de la vida, incluído el amor. María Victoria, dramaturga, directora y guionista, tras muchos años en el ambiente de la producción cinematográfica independiente, se hartó de las dificultades que implican la financiación y distribución. Decidió entonces separarse de su amor, y con ese acto devela la necesidad de repensar la realización cinematográfica tradicional. 

Pero María Victoria sigue enamorada, y, como suele suceder, se sigue viendo con su ex. Anuncia que se retira del cine, pero no puede dejar de filmar, porque en su hartazgo siente la necesidad de explorar formas alternativas de sobrellevar su amor, diferentes formas de ver y hac(s)er cine. Se permite perderse para poder reencontrarse con su pasión, y nos invita a acompañarla en ese camino. Este documental-ficción es el registro de esa búsqueda.

En su duelo amoroso, se dedica al registro de la vida cotidiana de su gran familia cinéfila, y encuentra en ellos reflejos de su propia historia de desengaños con la industria. Cada uno hace su camino, busca, se cansa, rechaza y vuelve, o no. Su hija está en la misma situación, debatiéndose entre seguir estudiando cine o quedarse con un laburito estable. El lente de la cámara o el cubículo de oficina. El amor al arte o la estabilidad económica.

¿Acaso no estamos todos en la misma? Queremos realizarnos profesional, creativa y personalmente, pero nos vemos obligados a insertarnos en un sistema productivo que sólo aprecia nuestro potencial en términos económicos y delimita los caminos transitables en función de eso. ¿Cuántos corazones rotos habrá rememorando sueños que no pudieron a perseguir por el miedo a apartarse del camino estipulado? ¿Cuantos caen en la trampa de sostener un matrimonio sin amor con carreras profesionales que no se condicen con sus expectativas de realización personal?

Por suerte, existe el cine. Y la pasión. Y María Victoria.

El cine es a la vez registro y reflejo, un espejo en el que nos vemos a nosotros mismos. Como realizadora cinematográfica, la misma identidad de María Victoria necesita del proceso creativo para desarrollarse plenamente, para volcar lo que piensa y siente y así entenderse mejor. Se escapa, reniega de su amor por el cine, lo desafía, pero no puede cambiar su pasión, no puede soltar la cámara. Es inspiradora, porque animarse a interrogarse a sí misma y barajar y empezar de nuevo, siendo una mujer con una carrera profesional ya encaminada, es muy valiente. Y con ese ejercicio nos invita a repensarnos a nosotros mismos, nuestro camino elegido, los otros posibles, lo que amamos y lo que nos apasiona.

Natalia Avalos

Mi hist(e)ria en el cine