Hilarante sátira del capitalismo. Mi gran noche (2015), de Álex de la Iglesia

Carla Leonardi 26 - Febrero - 2016 Textos

 


“Mi gran noche” (2015), la última película del director español Alex de la Iglesia, es una comedia  que toma como escenario de relato el medio televisivo con el fin de parodiar el presente de España, salpicado por escándalos de corrupción política y un alto nivel de desocupación, resonando el uso propagandístico de los especiales televisivos que simulaban felicidad durante el franquismo.

El estilo de la película es posmodernista; hibrida géneros como la comedia, el musical y el suspenso, y recupera una figura de la cultura popular española como Raphael quien, tras largos cuarenta años de ausencia, regresa encarnado a Alphonso, un personaje claramente auto-paródico. Raphael es un ícono con el que se identifica a España en el exterior.  Comenzó siendo un niño prodigio que cantaba en el coro de un colegio religioso y saltó a la fama internacional durante los años 60, convirtiéndose en un divo de la balada romántica. A raíz de su fama, año tras año la aparición de Raphael en la Gala televisiva de navidad es tradición. Resulta fabulosa la operación que lleva a cabo Alex de la Iglesia al transformar a ese buen niño católico de bella voz en un divo tiránico capaz de hacer cualquier cosa con tal de que nadie le robe su protagonismo. A la luz de lo que mencioné al comienzo donde la farsa televisiva es en realidad la gran farsa de la política en España y la manera en que los medios arman y desarman la imagen de los políticos, ese ególatra sádico no es solamente de Raphael riéndose de sí mismo, sino que resuena perfectamente en él la figura del presidente español.

La acción transcurre en medio de la grabación de un especial de Nochevieja de 2015. Con un ritmo frenético que se mantiene de principio a fin, desfilarán por la pantalla diversos personajes que protagonizarán las distintas historias que forman el relato coral de la película. Un musical a modo de prólogo inicia el film y da al espectador la idea de estar viendo ese especial de año nuevo en televisión, antes que una película en el cine. Vale señalar la influencia que la televisión ha tenido para De la Iglesia en su vida, pues según sus palabras: “todo lo mejor y todo lo peor que me ha pasado ha sido a través de la tele”. De manera que le interesa trabajar la dupla amor-odio respecto de la televisión, esa especie de fascinación y terror que siente hacia ella. Y a la vez la televisión es la manera que ha encontrado para hablar de cine.

Finalizada la presentación, De la Iglesia introducirá al espectador en el detrás de escena. Uno de los figurantes sufrirá un accidente que funcionará como disparador para las distintas tramas y enredos que se irán sucediendo, a la vez que dejará en evidencia los intereses de la cadena televisiva y el trato inhumano que se le da al trabajador en el marco del capitalismo. Este prólogo anticipa que el escenario estará signado por un caos de carácter apocalíptico. 

Es interesante reparar en la noción de “figurante”; habrá quien esté ahí trabajando como extra o empleado por necesidad económica, quien lo hará por cierta ambición de figurar en los medios y también aparecerá quien sólo puede ser “figurante de la propia vida”, es decir, que no puede adoptar un rol comprometido y protagónico de ninguna clase. El “figurante” será considerado parte del decorado por la corporación mediática, y lo tratará como tal, usufructuando su fuerza de trabajo sin brindarle reconocimiento. Aquí se desliza la ética de De la Iglesia que va en sentido contrario y apunta a dejar de ser el “figurante” que vive aislado y embobado por los medios para tomar partido por la realidad social que encuentra su expresión en las revueltas que ocurren fuera del estudio, como consecuencia de los despidos.

José (Pepón Nieto) es un hombre común superado por las circunstancias. Será convocado para reemplazar al figurante accidentado en el mismo momento en que su hermana se va de viaje (nada menos que a Disneylandia, la gran burbuja yankee) dejándolo al cuidado de su madre, típica devota católica que no se desprende de la enorme Cruz de Caravaca que abraza contra su cuerpo, (según la leyenda tradicional española esta cruz es considerada como un amuleto de poderes protectores). Esta mujer, además, expresa una gran fascinación por el mundo de la televisión.  Una vez llegado  al set, José ocupará el lugar del figurante accidentado y allí conocerá a Paloma (Blanca Suarez). El enganche entre ambos surgirá de las cicatrices que en un determinado momento se exhiben a modo de baile de apareamiento. Paloma, en medio de la gran farsa y del maquillaje de la felicidad, se vuelve signo del carácter verídico del dolor.  En este vínculo se jugarán los sentimientos auténticos de amor, en contraposición al odio, la vanidad y lo inescrupuloso que caracterizará al resto de los personajes.

Por otro lado estará Adanne (Mario Casas), el ídolo teen del momento, cantante de estilo pop-latino, mezcla paródica de David Bisbal y Chayanne y típico producto  comercial surgido del reality show. Su representante Perotti (Tomás Pozzi), un enano prototipo del chanta argentino, estará harto de salvarlo de los líos en que se involucra por su incontinencia sexual con las mujeres. El antagonista de Adanne será Alphonso, estrella consagrada y tradicional de la canción española. Alphonso tiene como representante/asistente a su propio hijo Yuri (Carlos Areces) con quien se relacionará de manera tiránica y despreciativa. En esta relación vuelve a colarse un guiño de De La Iglesia a la saga de Star Wars, (que suelen estar presentes en su filmografía), ya que el vestuario  y la tiranía del personaje remiten a Darth Vader.

Yuri se sentirá frustrado al no ser reconocido por su padre y por carecer del “talento” (o atractivo) necesario para convertirse en heredero legítimo de su padre como Enrique es a Julio Iglesias. Somatizará su malestar mediante manchas en la piel, que expresan su sed por “ser visto” y se verá empujado a tramar el asesinato de Alphonso. De esta manera aparecerá en escena Oscar García (Jaime Ordoñez), un fan acérrimo de Alphonso, paciente psiquiátrico, de quien brota un enorme resentimiento porque su ídolo nunca ha respondido a sus cartas ni cantado ninguno de los temas que le ha compuesto. Yuri aprovechará su desequilibrio para instigarlo a matar a su padre, dando pie a hilarantes diálogos entre ambos matizados por líneas de diálogo de Oscar que son fragmentos de letras de canciones de Raphael.

Los planos no resultan estéticamente destacables y uno siente que está frente a un producto berreta, como suelen ser justamente esos especiales televisivos. Pero esa puesta en escena es absolutamente funcional a la idea que el director quiere transmitir  de cómo tanto en los medios como en la política todo es falso y mediocre, pero atractivo como espejos de colores que encandilan al individuo común y les permiten captar audiencia o votos.

La referencia ineludible es su película “Muertos de risa” (1999) que también tenia como tema al medio televisivo y la violencia. “Mi gran noche” es también una película compleja e inteligente en la que De La Iglesia apela nuevamente al humor absurdo y exuberante, para habilitar una reflexión sobre el discurso capitalista que excluye al amor y transforma a las relaciones entre los seres humanos en transacciones de compra y venta de mercancías. Se trata entonces de una película que, desde la satirización de la violencia, revela un alto contenido simbólico, y que está en la línea de los problemas y reflexiones que propone Tarantino en su última “Los ocho más odiados” quien, con una estética de western y suspenso, centra su relato en los vínculos de odio que desencadena el imperativo del mercado.

El efecto abrumador que puede generar la película con tantos personajes, tantas situaciones y tantos símbolos es funcional a la lógica de la misma por cuanto pretende discutir los excesos del sistema capitalista. En este presente, en que la imagen impera y vale más que mil palabras, donde vivimos pegados a la pantalla del celular o de la pc, donde siempre se escuchan voces que presagian la muerte del cine en manos de la Tv o internet, De la Iglesia hace el camino inverso y nos lleva a ver televisión en el cine.

En un mundo tan globalizado y en un medio en que predomina la ambición por los premios festivaleros, se valora que De la Iglesia entregue una película que se plantea global pero que a la vez conserva la idiosincrasia de su tierra, así como el humor negro, la bizarría y el tono apocalíptico, marcas características de su universo artístico.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Mi gran noche