La eterna vigencia de Metrópolis. Metrópolis (1927), de Fritz Lang

Ignacio Barragan 28 - Octubre - 2015 Textos

 

 

Hablar de Metrópolis a estas alturas es una tarea inútil ¿Qué mas se puede decir de esta película que no se haya dicho? El valor cinematográfico de este filme de expresionismo alemán de 1927 ya es de público conocimiento y no hay mucho mas que agregar sobre una obra que esta tan anclada en el canon cinematográfico. Por eso, teorizar, comentar o analizar un filme que ya paso por la retina de tantos espectadores, resulta una tarea redundante, por no decir inútil. Ya que pocas veces como esta se puede decir que la película habla por si misma.

Sin embargo, siempre resulta interesante destacar ciertas características de este tipo de películas ya que jamás pasaran de moda y forman parte de un modelo narrativo que mas tarde será reproducido en distintas historias y formatos. En principio, hay un conflicto, este conflicto toma tanto una forma social  y una forma espiritual. La lectura desde el punto de vista social podría estar basada en la misma lucha de clases planteada por el marxismo que se encuentra representada en el filme en torno a la puja de los trabajadores y sus patrones. Pero también, y del otro lado del ring, se encuentra otra lectura, una mas relacionada con la tradición cristiana y moralista que tiene su mayor resplandor en la frase por excelencia del filme “El mediador entre el cerebro y las manos ha de ser el corazón” Una conclusión grandilocuente con el que se cierra todo el ciclo del filme.

El argumento de la película es simple y no por eso deja de ser rico en distintos matices. En una metrópolis, aquella ciudad futura donde converge todo el género humano, hay una lucha entre los trabajadores y los dueños de las fábricas que a la vez son la elite gobernante. En este conflicto se destaca Freder, el personaje principal, que es hijo de esta oligarquía fabril pero tiene la particularidad de poseer cierta sensibilidad social distinta a la de sus pares. Esta empatia se va generando a medida que va conociendo las distintas miserias de la vida de los obreros en sus distintas escapadas a las fábricas. Como si fuera poco, Freder esta enamorado de María, una humilde mujer bella y fuerte que posee un discurso semejante al de la religión católica que además infla el corazón de todos los trabajadores a los que se dirige en los famosos mítines. La película es un ir y venir de la frontera de clase que se termina resolviendo en una solución pacifica entre ambas partes donde, y como se dijo anteriormente, es el corazón (la compasión, la solidaridad) la que siempre media entre los conflictos del cerebro (lo racional, el estadista) y las manos (los trabajadores).


Finalmente, los datos técnicos: Metrópolis es una película dirigida por Fritz Lang en 1927, el guión esta confeccionado por Thea von Harbou y tiene una excelente fotografía de Karl Freund. El filme dura 148 minutos gracias al descubrimiento de ciertos fragmentos perdidos por Fernando Martín Peña en las mismas fauces de Buenos Aires. En fin, esta obra es eterna, jamás perderá su vigencia simplemente por que su temática nunca perderá actualidad, la puja entre distintas pasiones, distantes clases son y serán el transfondo de toda historia de los hombres.

Ignacio Barragan

Metrópolis