Mal de amores. Mauvais Sang (1986), de Leos carax

Carla Leonardi 20 - Febrero - 2015 Textos

 

Introducción:


“Mauvais Sang” (1986), aquí conocida como “Mala Sangre”, es una gran película del director francés Leos Carax. El cine de Carax se caracteriza por un estilo poético y  una conceptualización del amor como  pasión tortuosa, que encuentran, en este film, toda su expresión.

Se trata de una película que no puede encuadrarse en un género en particular, es una película de ciencia ficción, un homenaje al film noir de la nouvelle vague, y al poeta y cineasta  francés Jean Cocteau, es un melodrama, y además tiene escenas que rozan lo cómico y un uso de la música muy interesante.

La película  ya tiene 30 años pero sin embargo, la singular manera como Carax utiliza la cámara y el montaje, le dan un aire sumamente moderno, a la vez que le permite crear escenas maravillosas que difícilmente uno pueda olvidar.

Al comienzo unas imágenes en blanco y negro en super 8, de cisnes mientras se intercalan los nombres de los tres protagonistas; ya nos da la pista de la idea del amor que se va a desarrollar en la película. Se trata de una idea del amor como absoluto, puro y sublime (nótese que cuando dos cisnes se juntan, sus cuellos forman un corazón), pero no por eso menos dotado de sufrimiento, inherente a la pasión que conlleva.

Y el epígrafe de la voz en off: “Se lo ha dicho. Me quieres? Ella no ha dicho ni que sí, ni que no. Es un chico con una chica.”, nos remite a su película anterior “Boy meets girl” (“Chico conoce chica”, 1984), y nos vuelve a situar en el problema del amor y los obstáculos que se interponen en el camino entre los amantes.

La acción se sitúa en un futuro cercano, en una Paris agobiada por el calor como efecto del paso del cometo Halley. El suicidio de Jean, un compañero de la banda de ladrones de Marc, agobiado por una deuda que no podía pagar a una mujer anciana que llaman “La americana”, determina que la deuda recaiga sobre Marc. “La americana” le da dos semanas para juntar el dinero. Marc junto a su amigo Hans, deciden llamar al hijo de Jean (Alex), quien es tan habilidoso con las manos como él, para la misión de robar el antídoto de un retrovirus llamado STBO de un laboratorio. Este virus,     que afecta a través de las caricias, a quienes hacen el amor sin sentimiento;  alude en plenos años ochenta a la epidemia del SIDA.  La americana se enterará del plan de Marc con Alex, y andará tras Alex proponiéndole una mejor oferta de dinero a cambio de que le dé la vacuna a ella. También estarán buscándolo su amigo Thomas por encargo de Lise (su exnovia), que insiste en recuperarlo. Y así como Thomas por amor a Lise seguirá a Alex y lo denunciará para que Lise pueda recuperarlo; Alex por amor a Anna (pareja de Marc), arriesgará su vida en el robo, para que Anna pueda recuperar el amor de Marc.

El argumento es simple, pero lo que lo hace atractivo es la manera en que está filmado. Por ejemplo, la subjetiva del suicida viendo pasar el subte en velocidad antes de arrojarse, el cable de la máquina de afeitar de Marc, sus caminatas por la habitación donde vemos su nuca, mientras está preocupado por ser la próxima víctima, luego del cual llegaremos a que se nos presente por primera vez de frente al personaje. O también el uso del fuera de foco del personaje en primer plano, el enlentecimiento de ciertas imágenes, el uso del blanco y negro alusivo al film noir de la nouvelle vague, la escucha de la voz de un solo personaje en los diálogos telefónicos aunque veamos al interlocutor.

 


El triángulo edípico:


Michel Piccoli se destaca en su papel de gánster viejo, cansado, con dificultad para expresar sus emociones pero temeroso de la muerte. En contrapartida, tendremos a Alex, con toda su vida por delante, pura energía, que busca vivir su vida al límite, sin temores; y a quien podemos considerar un alter ego del director. Alex hace tiempo que no tenía relación con su difunto padre, pero heredó de él su pasión por los libros, la habilidad manual y su oficio de ladrón. Tiene un aire de freak, ya que su apodo es “Lengua larga”, porque de niño era muy callado; y además es ventrílocuo.  Tiene una relación con Lise pero no está enamorado de ella. En este punto es interesante la elección del joven Dennis Lavant, para este personaje, cuya  estética punk y sus gestos y facciones de aire grotesco; resultan funcionales a un Alex, que encarna el lado oscuro y torturado de la pasión.

El tercer personaje es Anna (Juliette Binoche), cuyo se presenta por primera vez a Alex desde un espejo de un colectivo y de cuerpo entero a través del vidrio, luego de bajarse y una tercera vez caminando por la calle, con el rostro fuera de foco, difuso y cierto aire misterioso. Es decir que Anna se nos presenta como Alex la ve,  desde la mirada de un neurótico obsesivo: como una diosa, una mujer sublime; prototipo del amor idealizado de juventud, pero a la vez representa aquello que se escapa, aquello imposible e inalcanzable. La relación con una mujer es posible a condición que  se mantenga a cierta distancia. Las escenas de como se presenta Anna para Alex y la seducción que se da a través de las miradas, nos recuerda al Wong Kar Wai de “Con ánimo de amar”.

Lise le demanda a Alex,  verlo, tener relaciones; y Alex escapará de esta mujer tan presente. Este escape de Alex, está magistralmente registrado en una carrera, donde la cámara se mueve al ritmo de sus movimientos, mientras en off escuchamos su carta de despedida.

Alex dejará todo a su amigo Thomas, sus libros, su novia y aceptará la participar en el plan del robo al laboratorio con la idea de rehacer su vida. Cuando llegue a la antigua carnicería donde  se encuentran Marc y Hans,  estará  por primera vez frente a Anna. Anna es joven, pero es la pareja de Marc, y  se encarga del cuidado doméstico de este hombre. Se presenta vestida con un sweater rojo, encarnado simbólicamente en este triángulo edípico,  la sangre y la pasión, el lugar de la madre como amada y a la vez, como prohibida.

Alex se opondrá a las imposiciones a las que Marc somete a Anna y buscará rescatarla de esa sujeción. La lectura edípica de este trio es confirmada porque Marc  en tanto hombre maduro, se transforma para el joven Alex en el rival con el cual llegará a pelearse físicamente (interesante ralentí de la lucha y de los cuerpos sufrientes deformados contra el vidrio) por disputarle el amor de Anna.

Durante y después de la pelea Anna estará vestida de negro. Este negro simboliza tanto su tristeza por el mal momento que atraviesa su relación con Marc, debido a que éste está sumido en su miedo a la muerte, y a la vez, el misterio  de lo femenino que ella encarna tanto para Marc como para Alex. (Ya Freud se refería a la feminidad como el “Continente negro”)

Y el negro, dará paso a una Bata azul, signo de la melancolía y el padecimiento en la que se va sumergiendo Anna en su amor por Marc, y que nos recuerda al David Lynch de “Blue Velvet” (“Terciopelo Azul”)

Son memorables las escenas donde Alex intentará levantar el ánimo de Anna con sus artes de ventrílocuo y sus trucos de magia; el interludio musical donde el dial de la radio cae en el número 3 y Alex expresa la pasión que lo arrebata, ese “amor que va deprisa pero que permanece para siempre” (como él lo expresa) bailando al rimo de “Modern Love” de David Bowie;  o el juego de niños entre ambos con espuma de afeitar, y agua; entre otras.

Y Julliette Binoche deslumbra desplegando su belleza y toda su expresividad, para componer a una Anna que se mueve entre la fragilidad y la distancia.

 


El pathos del amor:


En esta película, la mujer se presenta para el hombre como un objeto de exaltación amorosa. Un objeto sublime e idealizado, siempre inalcanzable; mediatizado, recortado y capturado a través del marco de espejos, puertas o ventanas, es decir a través del marco del fantasma del hombre. Se toma a la mujer desde la mirada masculina, y no en tanto encarnando para el hombre el enigma de lo diferente, lo extraño, o lo Otro radical.

Y la lógica del amor que despliega la película es la del amor idealizado. El amor y el deseo se sostienen en tanto no consumados, a condición de que el objeto se mantenga inaccesible. Thomas ama a Lise, pero Lise ama a Alex, pero Alex ama a Anna, pero Anna ama a Marc.

Sin embargo la relación entre Anna y Marc tiene una particularidad; se trata de un amor en crisis, que está marchitándose, a diferencia del florecimiento del amor entre Alex y Anna. Para Marc se trata de un amor de madurez, menos exaltado en contraposición al amor de juventud que Anna es para Alex. Desde el punto de vista de Anna, ella se posiciona como el objeto que sería la solución a la falta de Marc; pero a la vez como por estructura ningún objeto puede colmar el vacío estructural del deseo, sentirá que nunca puede llegar a completarlo del todo, y lo experimentará como insatisfacción. Anna piensa su lugar como mujer desde la mirada que el hombre tiene hacia ella.

La muerte de Alex, en tanto amor absoluto que está dispuesto a morir por amor, significará un cambio para Anna. Hacia el final la veremos corriendo, alejándose de Marc, en una aceleración de la imagen que la muestra como si fuera un pájaro que sale en libertad de la jaula del patriarcado, para emprender una nueva vida.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Mauvais Sang