Apuntes para una venganza. Matar a Jesús (2017), de Laura Mora

Santiago Mariñas 11 - Junio - 2018 Textos

 

La venganza como motor narrativo no es ninguna novedad. Desde Antígona de Sófocles hasta el Hamlet y Otelo de Shakespeare, desde el intrépido y valiente capitán Ahab en Moby Dick hasta el perturbado y manipulador Edmond Dantès en El Conde de Montecristo; la venganza siempre ha sido un tema central en el teatro y la literatura. Ese impulso egoísta, disfrazado de justicia, cuyo despliegue acaba desplazándose mas allá de los limites éticos-morales de nuestros personajes, y logrando que un argumento, en primera instancia lineal, devenga en una red, un cosmos de argumentos y posibilidades. Funcionando en cierta medida con la lógica del screwball comedy, con la llegada de la venganza en el relato, reina la confusión, cada acción desencadena un efecto no deseado frente al resto y el personaje es puesto en un contexto en el que se lo despoja de toda su seguridad. Mas allá de las apariencias, una vez que se entra en el juego no se sabe lo que a uno le espera. Ante la perdida de la seguridad solo nos queda la inquietud.

“Inquietud, hay que mantener viva la inquietud.” Con esa frase termina de impartir la clase el padre de Paula (Natasha Jaramillo), aficionada a la fotografía y protagonista de “Matar a Jesus”, ultima película de la directora colombiana Laura Mora. Nuestra protagonista espera a su padre en la puerta del salón de clases. En el camino a su casa, el padre detiene la camioneta y sale a revisar un desperfecto, cuando detrás de ellos dos hombres en moto aparecen y le disparan. Un padre asesinado sorpresivamente, una hija testigo. Un panorama difuso, donde la realidad político-social de Colombia se exponen a flor de piel. Una policía abrumada con la alta tasa de homicidios, un asesinato cuya causas parecen relacionarse con razones políticas; muchas preguntas y pocas respuestas. La inquietud comienza a descubrirse. Una realidad en donde una salida a un boliche con amigos puede convertirse en una pesadilla (¿o la solución?) donde el asesino de tu padre intenta invitarte a bailar. A pesar de todas las connotaciones que puede tener, el asesino se llama Jesus (Giovanni Rodríguez), y es a partir de su encuentro en el boliche que la venganza comienza a ser un elemento palpable, deja de ser algo meramente utópico, para volverse una realidad, volverse aquel motor alrededor del cual girara la vida de Paula.

“Voy a matar a un hombre. No sé cómo se llama, no sé dónde vive, no tengo idea de su aspecto. Pero voy a encontrarlo y lo matare…” escribe Frank Cairnes en su diario personal al comienzo de aquella obra maestra de Nicholas Blake “La Bestia debe morir”. Su hijo fue asesinado y tiene pocos indicios del asesino, la venganza es meramente una imposibilidad, un deseo que parece imposible bajarlo a nuestra cotidianidad. De esa forma, el momento del encuentro se vuelve esencial. Ese momento en el que la venganza se vuelve posible, despojándola de su forma utópica inicial. La causalidad (Matar a Jesus), la investigación (La bestia debe morir), un informante (Hamlet) son algunos de los canales que pueden llevar a nuestro personaje (que ejerce la venganza), a tener el encuentro con su ansiado objeto del deseo (no tanto en términos Lacanianos). Aquel sujeto alrededor del cual gira la vida de otro sujeto (sea la razón la razón que sea) se transforma en un objeto deseado, aquello que guía nuestros impulsos. Eso es exactamente lo que ocurre con la persona en la cual recae la venganza, guía los impulsos de nuestros vengadores, se vuelven su obsesión. Es aquí donde la subjetividad entra en cuestión; tratándose de una necesidad del relato de develar el interior de nuestros vengadores. Así es como nacieron los soliloquios de “Hamlet”, los diarios personales de Frank Cairnes o la introspectiva voz en off de Dae Su Oh en “Oldboy “(dirigida por el prolífico director surcoreano Park Chan-wook). “Matar a Jesus” elige por adoptar la primera persona (teniendo en cuenta que la primera persona en cine no puede llegar nunca a la primera persona literaria) de Paula, cuya interioridad es definida por su absoluta exterioridad. Sus acciones, sus palabras, sus gestos son los que dan cuenta su obsesión. ¿Y qué hay en el medio? Suspensión del tiempo, limbos reflexivos. La naturaleza en los márgenes de la ciudad, le permite a Paula reflexionar y hasta me atrevo a decir, cuestionar su propio acto vengativo. Una naturaleza que permanece virgen a la corrupción y decadencia de la ciudad.

Hitchcock le expuso a Truffaut en el libro “El cine según Hitchcock”, que el suspense deviene del manejo de información. Es decir, que depende de la forma en la que se distribuye la información al público. En este sentido, al momento que el espectador tiene conocimiento de algo que los personajes no, se genera suspense. Mientras que, cuando el espectador conoce la misma información que los personajes y ocurre un suceso inesperado, para ambos, ocurre la sorpresa. ¿Cómo se trabaja la venganza? Si bien la sorpresa se da en menor medida, ya que solo ocurriría en el caso que adoptemos el punto de vista del sujeto en el cual recae la venganza; el suspense aparece como el mecanismo preferencial. ¿Cómo se estructura? La venganza siempre suscita un secreto. El vengador no debe dejar que su víctima lo descubra. Aquí estamos ante el planteo hitchcockiano del suspense. El espectador conoce acerca de los planes del vengador, superando en conocimiento al segundo sujeto, por lo que cada vez que estemos frente a una situación en la que ambos sujetos se encuentran, esa tensión característica del suspense emergerá en el relato. “Matar a Jesus”, desaprovecha este potencial recurso (que surge del puro acto vengativo) intentando buscar una tensión a partir del uso de la cámara en mano. Un recurso que si bien puede funcionar a nivel del registro (casi documental) de la ciudad, no permite que fluya el suspense en el film. Un detalle que en algunas situaciones puede resultar menor, pero que en el film de Mora puede costarle su principal mecanismo narrativo.

“Hamlet no era un neurótico vacilante, tímido e indeciso. Era un hombre con un talento especial para el odio, capaz de convertirlo en un arte”. De esta manera, Cairnes define al héroe dramático de Shakespeare. La venganza arrastra un sentimiento de odio. Ese sentimiento que termina obnubilando hasta al mas razonable de los individuos. Sus estudios, su familia, su pasión por la fotografía, sus amigos. Paula lo pierde todo. El odio y su sed de venganza arrasan con todo aquello que alguna vez fue importante en su vida. Sus metas, que parecían bien claras, por momentos se desplazan a los margenes del relato para quedar en una especie de fuera campo debido al afecto que empieza sentir Paula por el asesino de su padre. En esos momentos, solo el odio es capaz de recordarle sus metas, volviéndola a llevar por esos senderos oscuros de los que ya casi no hay retorno.

Santiago Mariñas

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Matar a Jesús