Miércoles, jueves y viernes antes de año nuevo. Marti, Dupa Craciun (2010), de Radu Muntean

Juan Pablo Barbero 25 - Marzo - 2016 Textos

 

El frío rumano después de un régimen totalitario congeló el agua, y en el hielo, las grietas; debajo, esa agua turbulenta de una transición socialista, el hielo se rompe dando lugar a las nuevas olas: así sucedió en el cine, a mi parecer, si se me permite la metáfora, porque la nueva ola es pequeña y helada, y empapó muchos temas que los cuales antes no se podían cuestionar: el aborto, la burocracia hospitalaria, la antigüedad de las leyes, y así mismo las personas y sus sentimientos frente a las relaciones familiares.

Martes después de navidad” de Radu Muntean es una película fría, para empezar a adjetivar una idea minimalista, para lo que es el mundo burocrático, pero ¿cuán mínimo es para una niña ver a sus padres divorciados? Sin duda el cine rumano es minimalista frente a las grandes producciones hollywoodenses que no tienen tiempo de narrar un par de minutos en silencio para un tema como lo es el desamor. El silencio no vende, el silencio aburre, el silencio incomoda, pero para una película como esta, el silencio es fundamental, porque el silencio dice mucho más que lo que calla. La nueva ola rumana aparte del frío tiene otra característica en común: su duración. Es indispensable, ya que cuando las cosas duran, se hacen sentir, y el frío, le deja lugar al silencio, y el silencio, al desamor. La película empieza con un hombre y una mujer en la cama, la escena está compuesta por un solo plano de larga duración. Los personajes hablan en la cama sobre la navidad que se acerca y empiezan a transitar por varios estados de ánimo típicos en una conversación cotidiana como sufren las parejas, pasando entre reproches y descuidos, se empieza a desvincular una idea matrimonial entre la pareja, y se presenta la infidelidad. No se crea un juicio de valor, sino que todo prejuicio ya viene congelado de ante mano y se vuelve inútil. La película es fría porque es objetiva, ya que no necesita pararse en un punto de vista, sino que lo importante acá es esa distancia; poéticamente hablando: la ausencia de afecciones; técnicamente hablando: la ausencia de primeros planos.

Esta película rumana se maneja en un tamaño de plano que va entre planos enteros y medios  y las pocas veces que hay corte en una misma escena mantiene distancia con el cuerpo del actor generando una imposibilidad de acercarnos al gesto en los rostros del personaje, o sea, al detalle. No se enfatiza en una ceja que se frunce, ni en un ojo que lagrimea, ya que el detalle lleva al espectador a una idea, a un dónde hay que mirar, a gran parte del nuevo cine rumano no le interesa guiar, sino documentar, y lo que tiene de documental estas ficciones, son su objetividad. Ya que no se presenta un juicio sobre la infidelidad, sino que si se considera “Martes después de navidad” una película de desamor, también tiene que considerarse de amor; ya que el juicio no está establecido, el juicio rumano es absurdo e ineficaz. Toda la película sigue al personaje masculino, mostrando su vida paralela a través de un montaje paralelo entre escenas de su cotidianeidad con las dos mujeres, que convergen sólo una vez físicamente y una segunda vez, si se tiene en cuenta cuando el matrimonio ya degradado llaman a la otra mujer por teléfono. El único encuentro físico es en el consultorio de Raluca, una dentista joven que atiende a la hija del matrimonio. Es una escena larga donde los tres personajes adultos deciden sobre el futuro de los dientes de la niña; y como dice un viejo veinticinqueño: “…los dientes son lo primero en deteriorarse, luego el resto del cuerpo…” y así el amor, agregaría en este caso. Tras cigarrillos culpables, la película nos muestra el lento proceso en el que el protagonista decide abandonar a su esposa y a su hija por otra mujer. Enfatiza en el peso de lo cotidiano en todas las escenas, por ejemplo esta visita al dentista, se muestra como algo muy común y corriente, a pesar del nivel dramático de la historia. La película no genera un ambiente incómodo con elementos extra dramáticos, sino que lo incómodo es comprender la cotidianeidad de la mentira, como cuando la dentista le explica su trabajo al matrimonio y la distancia cámara-cuerpo no da posibilidad de resaltar algún gesto.  Ni un detalle. La mentira es tan cotidiana como el amor y genera un nudo en la garganta tanto a los personajes escondiendo un secreto como al espectador con el peso y la duración de lo real. Y cuando digo que la película mantiene una objetividad es también en la instancia de los personajes, ya que no se presenta a una mujer como la buena y la otra mala, sino que son dos mujeres diferentes con saberes diferentes. Raluca no presiona a Paul para abandonar a Adriana, sino que son los silencios y las distancias.

 Llega navidad, tras pequeñas elipsis: la niña ya tiene aparatos, pero no sabemos cómo es la convivencia entre Paul y Raluca después de la decisión, sólo podemos suponer que quizás también dejó de fumar. A los rumanos les interesa el nudo, no su solución. El martes 27 de Diciembre se va a juntar el matrimonio a cerrar temas burocráticos, y lo cotidiano se desata pero no interesa. El martes después de navidad nunca llega.

 

Juan Pablo Barbero

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Marti, Dupa Craciun