Una fábula estonia. Mandariinid (2013), de Zaza Urushadze

Fiamma Larreyna 2 - Agosto - 2016 Textos

 

 

Corre el año 1990. Son tiempos difíciles para Ivo (Lembit Ulfsak), un estonio que convive en un poblado de Abjasia con el miedo de una guerra que podría extenderse cada vez más. Decidido a quedarse en territorio georgiano, Ivo cuenta con la promesa de un negocio entre manos y la compañía de su amigo Marcus (Elmo Nüganen), quien se dedica a la cosecha de mandarinas, frutas que luego el mismo protagonista recolectará para ponerlas en cajones de madera que el mismo construye en su modesto taller.

El film se titula Tangerines, y con él su director Zaza Urushadze nos cuenta una fábula de amistad y supervivencia. Urushadze hace con pocos elementos una historia lo suficientemente atrapante como para que llegado el final tengamos ganas de más. Los cuatro personajes que integran la trama serán la columna vertebral de la película. Por un lado tenemos a Ivo y a Markus, cuyo deseo de emprender su negocio excede al conflicto bélico que envuelve al territorio que habitan. Por el otro dos mercenarios malheridos de bandos opuestos que son rescatados por los dos personajes anteriores. Uno en peores condiciones que el otro, quienes con ayuda de un médico logran recomponerse hallándose en dormitorios separados aunque en el mismo lugar. Quizás el elemento más jugoso de la trama, hacer que dichos enemigos convivan bajo el mismo techo con todas sus implicancias. Ivo no solo será un anciano con sueños simples, sino el mediador de dos hombres que con solo mirarse desean acabar con la vida del otro.

Ahmed (Giorgi Nakashidze) un soldado checheno que al comenzar la trama visita a Ivo en busca de provisiones, en dicho encuentro concurre en compañía de su amigo y compañero de guerra que muere escenas después como víctima de un enfrentamiento. Decidido a vengar la muerte de su amigo, Ahmed querrá asesinar a Niko (Misha Meskhi), el único soldado georgiano sobreviviente de dicho enfrentamiento, que tras un fuerte impacto queda convaleciente durante semanas. Con la frase “Nadie mata a nadie bajo mi techo a no ser que yo lo diga” Ivo logrará mantener el orden. Será así como con el correr del metraje ambos personajes abandonarán sus diferencias para hacerse más cercanos, aunque la posible amistad que podría haberse gestado queda truncada por ese fatídico final. Un final que termina por desmoralizar al espectador, aunque de extrema necesidad para crear esa atmosfera de desesperanza que solo puede confluir en esas últimas escenas. Casi a modo de moraleja los minutos culmines nos deja con Ahmed a punto de escuchar ese cassette amarillo que durante toda su estadía su “enemigo” georgiano intentó con demasiado ahínco arreglar. Un objeto que prevalece no solo por su color sino por la música que se desprenderá de él hasta los créditos.

En lo que refiere a premios y menciones, la obra de Urushadze fue Nominada en los Oscars y Globos de Oro de la edición 2014 para la terna Mejor película de habla no inglesa, aunque no consiguió llevarse ningún premio, Mandariinid (como su nombre estonio así lo indica) logró posicionarse en los Satellite Awards del mismo año.

Con una banda sonora que musicaliza a la perfección cada uno de los matices que propone el film y una fotografía casi inescrutable de lo perfecta que es, Tangerines no es un film más para ver y olvidar, sino para quedarse durante días analizando los mil y un “Que hubiera pasado si…”.

Mandariinid