Desmesurada ambición. Macbeth (2015), de Justin Kurzel

Carla Leonardi 6 - Enero - 2016 Textos

 

 

La literatura y el cine:

La tragedia “Macbeth” de William Shakespeare es considerada como un clásico de la literatura. Y esta propiedad no tiene que ver con cuestiones estilísticas de la escritura propia de la época victoriana en Inglaterra, sino con el hecho de que siguen pasando los años, y cuando uno relee Macbeth en la Argentina de hoy, se da cuenta de que el texto no pierde vigencia para pensar cuestiones de la política contemporánea.  Además se trata de una obra que no termina de arrojar todos sus sentidos posibles, aún con todas las lecturas, representaciones teatrales y adaptaciones cinematográficas que sobre ella se realizaron hasta el presente.

Es larga la lista de Macbeth en el cine, pero destacan las adaptaciones de Orson Welles de 1948 y de Roman Polanski de 1971. En cuanto a “Macbeth”  (2015) de Justin Kurzel, puedo decir que es una buena adaptación del texto de Shakespeare, pues respeta el espíritu de la obra tanto en lo que hace a conservar el texto original, como el tono de permitir la reflexión sobre las decisiones éticas y sus consecuencias. Por otro lado, es también una buena película, por cuanto no asistimos a la filmación de una obra de teatro; al estilo de las adaptaciones de Shakespeare del director Kenneth Branagh, sino que asistimos a una película donde toda la tecnología,  la fotografía y las actuaciones están al servicio de narrar una historia entretenida, pero sin perder cierto registro poético y alegórico.

 

 

Un guerrero confundido:

Al inicio, vemos a las tres brujas o “hermanas fatídicas”  (como se las llama en el texto original) en un páramo desértico  y el entierro del hijo de Macbeth, cuestión esta última, que no figura en la obra teatral.  La acción nos lleva a Escocia, y nos sitúa en plena guerra civil durante el reinado de Duncan. Macbeth es un guerrero del rey, y lo vemos en plena batalla. En este punto es interesante cómo está filmada, con tiempo lento que enfatiza cómo la espada se hunde en los cuerpos y brota la sangre. Lo cual es un acierto porque esos signos ya nos pintan el carácter de Macbeth. Macbeth es ante todo un guerrero; y uno precisamente sanguinario, lo que uno llamaría un carnicero. Y darle a la guerra cierto realismo teatral, justifica la línea interpretativa del director, de que Macbeth vuelve de la guerra psíquicamente perturbado y estresado.

Macbeth vencerá al Barón de Cawdor y terminada la guerra,  junto a Banquo (otro general del ejército) tendrá su encuentro con las tres brujas. Destaca aquí el logrado tono oniroide de la escena, pues ciertamente Macbeth duda de sus sentidos, así como el uso del negro y de una estética gótica que refuerza el hecho de que las brujas encarnan “el mal”; una fuerza  que empuja al lado oscuro y que aparece proyectada en el exterior pero que proviene de su propio interior. Las brujas lo saludarán a Macbeth como “Salve Macbeth, Barón de Cawdor! Salve Macbeth, seréis Rey en el futuro!”  Y a Banquo le dirán: “Engendrareis reyes, aunque vos no lo seáis.” Hay que señalar que las hermanas fatídicas no profetizan a Macbeth su destino, sino que dicen ambigüedades. Efectivamente se trata de significantes sin sentido pleno y sin contexto alguno,  de carácter enigmático, que lo incitarán a la confusión.

Hombres a la orden del rey, vendrán a coronarlo a Macbeth como Barón de Cawdor, cumpliéndose en parte lo que auguraron las brujas y Macbeth comenzará a abrigar oscuros pensamientos de poseer la corona, a la vez que, intentará oponerse a ellos.  Y es que en el fondo, si el destino de Macbeth es ser rey, lo será de algún modo, en el momento adecuado. Se destaca en este punto la labor de Michael Fassbender a lo largo de la película componiendo a un Macbeth, que no solamente es el guerrero idealizado e insensible; sino ante todo un humano con conflictos morales, dudas y debilidades, que lo sumirán en la enfermedad.

 

El goce femenino y el superyó:

Una carta de Macbeth a su esposa, le adelantará  su encuentro con las brujas y el título de Barón de Cawdor que ya ha obtenido. Pero si Macbeth es un hombre dividido entre el bien y el mal; la ambición de Lady Macbeth, es claramente decidida, y asumirá el papel de la instigadora del crimen.  En este punto, la interpretación de Marion Cottiliard, es correcta pero deslucida e insípida; en relación al peso que el personaje que encarna, tiene en la obra.

A Lady Macbeth no podemos situarla en una posición femenina, en tanto encarnando para su esposo lo Otro, el otro goce enigmático más allá del goce fálico, pero sin prescindir del amarre al significante falo.  De hecho es interesante mencionar que en un rito de magia negra luego de recibir la carta de su esposo, pedirá a los espíritus que la despojen de su sexo, de su feminidad; para llenarse de crueldad. Es decir, Lady Macbeth pide quedar desamarrada del falo, en tanto significante de un límite, en tanto significante que acota el goce absoluto vía la ley.

Entonces, Lady Macbeth  no es  la mujer que produce en su hombre cierto efecto apaciguador de su neurosis y que funcionaría como sinthoma para ese hombre. Por el contrario, podríamos decir que Lady Macbeth es un ejemplo de una mujer que funciona como estrago para el hombre. Claramente lo  denigra; lo trata de débil y lo cuestiona en su hombría por no atreverse a asesinar al Rey. Lady Macbeth vertiendo “su espíritu en su oído” encarna para Macbeth el superyó, en tanto imperativo que empuja a un goce todo, sin castración.

 

La usurpación del trono:

Y será entonces, incitado por su esposa, que Macbeth asesinará  Rey Duncan. Pero este crimen no es un crimen cualquiera, porque Macbeth no solo asesina al Rey sino también a su tío. En este punto es interesante señalar la diferencia con Edipo. Edipo, no tenía complejo de Edipo, es decir; no sabía que transgredía una ley, que a quien mataba era a su padre; pero aquí Macbeth sabe que con su acto cruza un límite y que este acto tendrá consecuencias; y aun así tomado por  su ambición desmedida, seguirá adelante.

El Padre, es para Lacan, el significante que ordena la estructura, por eso lo equipara a la carretera principal en tanto es ordenadora y orientadora. El significante Padre introduce la prohibición vía la ley y determina la castración en tanto fija un límite al goce absoluto. A su vez el padre es el significante que ordena el linaje generacional. Por lo tanto, transgredir el orden de sucesión, pasar al acto en ese crimen, no será para Macbeth sin consecuencias. Tras apropiarse del lugar del Rey, impondrá una dictadura, en la cual matará a todo aquel que aparezca como amenaza a la continuidad de su reinado; y caerá presa del insomnio y la locura. 

Es cierto que el camino de un análisis supone ir más allá del Padre, y separarse de las marcas simbólicas ordenadoras heredadas de la novela edípica; pero aquí se trata de ir más allá del padre, a condición de servirse de él. Es decir, que es condición necesaria pasar por el embrollo edípico, para poder separarse de él.  Macbeth no se sirve del Padre en tanto significante como instrumento separador; sino que reniega del Padre, y  se creerá el mismo la ley transformándose en un déspota.

 

Triste, solitario y final:

Mientras el reinado y caída de Macbeth, será interesante el uso del color negro marcando la oscuridad del régimen de terror que habrá impuesto, y asimismo del rojo, símbolo de toda la sangre derramada, esa sangre que como marca indeleble, engendra cada vez más sangre.
Hacia la última parte, Macduff huirá a Inglaterra para reunirse con Malcolm, el primogénito de Duncan y heredero legítimo de la corona. Juntos conducirán un ejército hacia el castillo de Dunsiname, para derrocar a Macbeth y restaurar el orden. Una nueva profecía de las brujas, dirá a Macbeth que solo deberá temer a aquel que no haya nacido de una mujer. Y Macbeth al final, volverá a ser lo que fuera en un comienzo, un guerrero enceguecido,  que resistirá, en soledad, el asedio de las tropas inglesas. 

Como balance, diría que la ambición desmedida de Macbeth, se juega también en el director Justin Kurzel; que no sale del todo airoso del desafío de adaptar al cine una obra de la envergadura dramática de esta obra de Shakespeare. Sin embargo tiene el mérito de  ser una buena película y de traducir de manera muy bella ciertos elementos dramáticos a la expresión plástica. De esta manera se vuelve una buena puerta de entrada para acercarse, o volver a transitar, este gran clásico de la literatura.

 

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Macbeth