Regalarle al ojo una oportunidad. Loving Vincent (2017), de Dorota Kobiela y Hugh Welchman

Juan Pablo Barbero 30 - Noviembre - 2017 Textos

 

 Una experiencia cinematográfica que deja a todo aquel asiduo de pintura, asombrado con semejante trabajo; y si se trata de algún desconocedor, Van Gogh es un nombre del que ninguna generación puede escapar. Así que una vez que la película empiece te va a hacer admirarlo más, o empezar a admirar su grandeza. De esta película se habló durante mucho tiempo, ya la idea era fascinante: un largometraje con cada fotograma pintado con la misma técnica que utilizaba Van Gogh. Esa pincelada corta que te adentra en el lienzo, imagínate su efecto gracias al movimiento y la duración cinematográfica, con una pintura precedente y otra que le siga. Absurdamente vas a perder el tiempo, porque es algo inimaginable. 

 Primero la técnica, Van Gogh es considerado postimpresionista porque como lo dice su palabra, le encontró otra vuelta de tuerca a la contemplación impresionista de dejarse llevar por el movimiento de la luz, el agua, el viento… o las bailarinas de Degas. Van Gogh es más onírico, más surrealista y eso lo llevó a grandes locuras sensitivas que plasmó en sus pinturas. Todo aquel que vea una pintura de Van Gogh puede asegurar que no es así, pero va a preguntarse qué se siente. Van Gogh nos dio otra mirada, la del inconsciente. La película logra un ambiente único, porque cada pincelada corta al cambiar rápidamente de fotograma le regala algo único a la historia del cine. Cada escena con los colores vivos, ese amarillo único que sólo se encontraba en los girasoles de Van Gogh, cada sueño en el lienzo se vuelve una escena para finalizar en el cuadro. Como si todo lo que Van Gogh hubiera pensado al pintarlo cobrara vida.

 Los colores son los personajes primordiales, después está la historia. En el cine muchas veces se puede hablar de una hermosa fotografía, pero esto es algo diferente. Es la experimentación pictórica en movimiento. La experimentación no sólo pictórica, sino que encima de Van Gogh, uno de los locos más alucinantes de la historia, el suicidado por la sociedad. Con esta técnica la película le regala al espectador una visión de su mundo interior, donde cada pintura, de acuerdo a su interpretación, va acompañando el nivel dramático de la historia que se cuenta y lo único que puede frenar esa especie de alucinación colorida es su antagonista, un apagado blanco y negro fotográfico. La película juega con ese choque de sensaciones al apagar todo, al morir todo tan de repente. Esa sensación hermosa de la muerte que te da la falta de colores se acerca tanto a Van Gogh hasta ver su sangre tan viva salir del famoso corte a la oreja. La sangre nunca estuvo tan viva, la sangre nunca fue tan hermosa.

 La importancia de la técnica también ayuda a mantener el ojo en el espacio y a veces hasta no seguir la historia, porque ya no sabes para donde mirar o a la vez lo mejor es planear verla otra vez, para seguir la historia y en la primera dejarse llevar, como si estuvieras contemplando una pintura que cambia veinticuatro veces por segundo. Percibir la historia en vez de entenderla. Regalarle al ojo la posibilidad de no tener que conectarse a la obligación de causa-consecuencia cinematográfica condenada a la interpretación. Regalarle al ojo la oportunidad de no estar atado al cerebro sino a la sensación. Regalarle al ojo no entender lo que está pasando para disfrutar lo que se está sintiendo.

 Pero luego la película no sólo se queda en la técnica, sino que al igual que tantos otros directores, como Altman quien hizo su adaptación de esas famosas cartas que Van Gogh le mandaba a su hermano; o Pialat al haber hecho una retrato de un momento de la vida del pintor. Loving Vincent también cuenta la historia pasando por los diferentes períodos en su vida, sus lamentos y aquellos pequeños destellos de felicidad que luego volvían a fragmentar la continuidad de sus bienaventuranzas. Personajes que acompañaron al pintor y lo marcaron profundamente, pero los pájaros también hicieron lo suyo al igual que los girasoles. Van Gogh era una persona tan sensible que la luz lo lastimaba. Kurosawa también hizo su acercamiento a esto en uno de sus sueños Loving Vincent es la combinación de todo: de Altman, Pialat, Kurosawa y Van Gogh.

Juan Pablo Barbero

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Loving Vincent