Noches de verano. Los vagos (2017), de Gustavo Biazzi

Rodrigo Zimerman 7 - Septiembre - 2018 Textos

 

¡Ay de aquel cuyo corazón
 no ha aprendido mientras era joven
 a esperar, amar
y poner su confianza en la vida!
“Victoria” de Joseph Conrad

 

Contrapuesto a Buenos Aires (CABA) se encuentra Misiones (Posadas)/ En una vereda/El asfalto/ En la otra/ La tierra colorada/ Contrapuesto a la Facultad de Derecho se encuentra un boliche/  En una vereda/ El estudio/ En la otra/ Vagar/ Ernesto tiene novia/ Su novia tiene amigas/ Ernesto tiene amigos/ Sus amigos no tienen novia/ Ernesto quiere estar abrazado a su novia/ Ernesto quiere estar de joda con sus amigos/
Ernesto quiere coger con su novia/ Pero no solo con ella/ Ernesto es bueno/ pero/ Ernesto hace el mal/ A escondidas/ Ernesto puede ser responsable/ Pero prefiere la ingenuidad/ Ernesto puede ser adulto/ Pero prefiere su juventud/ “Y la cosa más divina, que hay en el mundo, es vivir cada segundo, como nunca más” / “Por creerme el rey mi vida, se quedó vacía, tan solo me queda el dolor y estas ganas locas de llorar, al saber que nunca, nunca más, junto a ti voy a estar”
Estas adversidades, separadas por una línea (como si se tratara de “La línea de sombra” de la cual habla Conrad en su novela homónima, “En esa región crepuscular que separa la juventud de la madurez”)  son las que conviven en la cabeza de Ernesto, el personaje principal de “Los vagos”. La excusa del estar de vacaciones es el envido inicial para que Ernesto vuelva a su ciudad natal en Misiones, Posadas. La historia, por su parte, narra las secuencias de un grupo de amigos que se desviven por disfrutar, con insensatez, con adrenalina, con calor, con sed, con alcohol, con diversión, con resaca, con sed (de sexo), sus vacaciones, antes de lo que será, los comienzos de su madurez.
Una especie de “Dazed and confused” (de Richard Linklater) pero ambientada en los finales de los 90’ y comienzos del año 2000 (detalle que jugará a favor de las relaciones humanas ya que no se ven atravesadas por la distancia entre personajes que provocan los aparatos tecnológicos y sus mundos aparte) y atravesado por la mirada del lente de la cámara de un director de fotografía de la provincia de Misiones, dará como resultado el tono y los condimentos especiales que harán de “Los vagos” una película peculiar. Sobre todo porque que es un tipo de películas de las cuales en nuestro cine no abundan.
Gustavo Biazzi, director de la película, dibuja con cariño y nostalgia (¿cómo no ver con nostalgia a un identificador de llamadas y el recuerdo de esos segundos intensos en que descubríamos que quien llamaba era ese chico o chica que manejaba nuestros pensamientos?) mediante la luz, este retrato personal de una instancia de la juventud, de la cual se nos hace difícil no sentirnos identificados dentro de la pantalla. Si bien es una época que se vive con vaivenes constantes, como en un momento estás en lo más arriba del boliche para de golpe caer cuando ves a la piba que te gusta con un perejil, Biazzi se preocupa por contrarrestar los momentos más dramáticos con un momento más feliz. Si hay reflexión en el plano siguiente hay un disfrute. Si hay llanto se corta a una sonrisa. Podría tomarse dicha postura del director como un capricho, pero la película está tan bien lograda que el capricho está permitido. Está permitido, como si se tratara de un capricho de alguno de “Los vagos”. Un capricho. “Como esas noches de verano, que salía a matar. Como esas noches de verano, llenas de felicidad” diría Maxi Prietto.

Rodrigo Zimerman

rodrigozimerman@caligari.com.ar

Los vagos