“Retrato de la infancia y sus alrededores”. Los sentidos (2016), de Marcelo Burd

Nicolás Taramasco 7 - Diciembre - 2017 Textos

 


Los Sentidos es una película argentina, que retrata la historia del pueblo de Olacapato, en la provincia de Salta, haciendo eje en la escuela. Olacapato es un pueblo fabril, abandonado a las promesas eternas de los políticos de turno. Por Olacapato pasan las vías de un tren fantasma, inconclusas. Allí, los chicos se debaten entre seguir estudiando (en la Ciudad de Salta) o trabajar para ayudar a sus familias, mientras los padres y los maestros se esfuerzan por convencerlos de que continúen sus estudios, para forjarse futuros más prósperos, lejos de Olacapato, pero a la vez, sin olvidar sus raíces.
Es una película documental, pero filmada como una película de ficción. Cámaras fijas, encuadres prolijos, captando momentos de la cotidianeidad diaria del pueblo. Sobresale especialmente el cuidado de la fotografía. Lejos del documental de “cabezas cortadas”, las escenas fluyen como en una ficción. Este sea, quizás, el mejor recurso para comunicarle esta realidad a espectadores que pueden considerarla totalmente lejana. El documental no parece un frío informe televisivo o un ojo que mira desde la lejanía, como turistas, o peor aún, como quien mira un espécimen extraño, ajeno, a través de un cristal. La forma en que está filmada Los Sentidos, como en cualquier ficción, nos hace sentir que miramos a través de una ventana invisible, un pedazo de realidad. Que estamos ahí y somos parte. Nos genera una impresión de realidad, que no siempre el género documental logra (ni tiene por qué buscarlo).
No hay monólogos a cámara o respuestas a un entrevistador invisible, o si los hay, están escondidos entre conversaciones entre los mismos sujetos del pueblo. Así oímos conversaciones entre niños, sobre un hombre que se volvió loco en la fábrica porque se le apareció un duende. O a una de las maestras de la escuela hablándole a otra sobre la única huelga que hubo en la fábrica del pueblo, en la que sólo estaban cuatro mujeres porque los hombres no se animaban, por miedo a perder sus empleos. Todo el tiempo el espectador es invitado a ser un voyeur que escucha conversaciones íntimas. Aún cuando es posible que todo estuviera orquestado de ante mano por el director, como en cualquier ficción bien hecha, la impresión de realidad es demasiado fuerte, y nos dejamos absorber por la trama. En un documental en el que un personaje habla con un entrevistador, podemos sospechar que miente, o que tiene un “cassette” con un discurso preparado de antemano. No todos desconfían del documentalista, pero hay quienes lo hacen y con razón. Hay que tener cierta habilidad para, durante una entrevista, agarrar con la guardia baja al entrevistado y hacerle hablar desde el corazón, sin tapujos, decir aquello que no quiere decir. En el formato de documental elegido por el director de Los Sentidos, es más fácil creer que uno se encuentra frente a un retrato objetivo de la realidad. Como si los habitantes de Olacapato no supiesen o se hubiesen olvidado de que tienen frente a ellos una cámara.
El eje de la película es la infancia, los niños, que son el futuro. Por eso también es necesaria esa forma de filmar. El mundo del niño es el del juego y la imaginación, difícil de reproducir en una entrevista. En Los Sentidos los niños nunca dejan de comportarse como niños. Los maestros comprenden esto. Es por eso que todo el tiempo parecer estar en una carrera contrarreloj, luchando por expandir la imaginación y la curiosidad de los niños. Imaginación para querer ser artistas y curiosidad para querer ser científicos. Imaginación para creer que pueden llegar más lejos que donde llegaron sus padres, y curiosidad para seguir estudiando. Imaginación para imaginar un mundo más grande que Olacapato y la curiosidad para dejar Olacapato y conocer el mundo. En la escuela los niños aprenden a escribir historias de fantasmas, leen Julio Verne (De la tierra a la luna) y fabrican cohetes de propulsión a chorro con botellas de plástico mientras aprenden sobre Newton. Frente a las dificultades que asolan el aula todos los días (niños de distintos grados en una misma aula, niños que quieren abandonar el estudio para trabajar, o niños que faltan a la escuela porque son los únicos que pueden ir un lunes a visitar a la abuela y ver como está) los docentes deben inventar recursos sobre la marcha, ser más flexibles que en una escuela urbana. Y sacrificarse. Los adultos, padres o docentes, saben que se deben sacrificar por el recurso más importante de Olacapato, que son los niños. El final de la película, que no voy a revelar, pero que tiene que ver con el matrimonio de maestros rurales que protagonizan la película, tiene que ver con eso.
El título de la película, “Los Sentidos”, parece hacer referencia a la percepción, el oído y la vista con los que nos sumergimos como espectadores en la realidad de Olacapato. Yo creo que se refiere a “sentido” como “significado”, “objetivo”, “fin”. Todo lo que hacen los adultos de Olacapato lo hacen por los niños. Cada uno de los chicos de la escuela le da “sentido” a Olacapato. Por eso ellos son “los sentidos”.

Nicolás Taramasco

nicolastaramasco@caligari.com.ar

 

Los sentidos