“Perder la identidad”. Los parecidos (2015) de Isaac Ezban

Nicolás Taramasco  11 - Agosto - 2017 Textos Foco: MARFICI 2017 - Festival Internacional de Cine Independiente de Mar del Plata.

 


Ocho personajes quedan atrapados en una estación de autobuses en una lluvia tormentosa de 1968. La elección del año no es azarosa. 1968 fue el años del estreno de The Night of the Living Dead. Ahí, George Romero no sólo inventó al zombie moderno. También sentó las bases para un nuevo cine de terror. La idea era mostrar un grupo de personas, en lo posible desconocidos entre sí, encerradas juntas. Los zombies eran sólo una excusa, podría tratarse de un tornado u otro fenómeno catastrófico, el elemento zombie dotaba de terror y fantástico al film. Pero el verdadero monstruo de la película era el hombre vivo. Romero mismo lo decía: “My stories are about humans and how they react, or fail to react, or react stupidly. I'm pointing the finger at us, not at the zombies”. El cine de George Romero es un cine político. The Night… saca lo peor de sus personajes, y termina siendo una parábola perfecta acerca de la caza de brujas y el racismo. Este estilo tuvo a su continuador y maestro en John Carpenter, amo y señor de fantástico inexplicable y las historias de gente encerrada.


            Los Parecidos es un homenaje al cine de George Romero no sólo por la referencia cultural a la que hace alusión el año. Los Parecidos hace gala de una economía de recursos envidiable. Al igual que The Night… la acción transcurre en pocos ambientes de una misma locación, y todo se dispara y se resuelve en una noche. La lucha desesperada por llegar vivo al amanecer, rodeado de ajenos. El tema principal de The Night… es la otredad y la paranoia. Lo mismo ocurre en Los Parecidos. 1968 fue el año en que los Movimientos estudiantiles de la Ciudad de México se unieron para manifestarse contra el Gobierno, pidiendo la renuncia del PRI. El resultado fue la matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, el 2 de Octubre del mismo año. Estos sucesos están constantemente de trasfondo en la película, a través de comunicados radiales, que recuerdan a los usados por Romero para dar a entender la globalidad del asunto zombie en The Night…. En Los Parecidos está presente el miedo a las nuevas ideas, a lo revolucionario, a los “rojillos”. Aquí no hay zombies sino una extraña condición que hace que a todos les “crezca” el mismo rostro (por eso “los parecidos”). Es graciosa e inteligente la elección del rostro que se contagia y a la cual todos le tienen terror: pelo largo, morocho y con barba tupida. Es sabido que una de las críticas clásicas que se le hacía al comunismo durante la guerra fría era que “eliminaba la individualidad”. Acá ese miedo se hace palpable. Sin embargo, sobre el final hay un giro de tuerca, y resulta que la condición se expande a todo el mundo, pero la gente no se da cuenta, hay que ser especial para ver los rostros de los “parecidos”. ¿Y acaso ese no fue el final de la guerra fría? Los norteamericanos en los 50s combatieron el fuego con el fuego, buscando imponer modelos de casas iguales en los suburbios de clase media, y un modelo de vestimenta similar para la clase obrera, camisas y corbatas para los hombres, vestidos similares entre sí para las amas de casa. La imposición de la igualdad llegó de la mano de la moda, que empezó a marcar la tendencia de lo que se debía y no se debía usar. Y el consumismo y el marketing, que hacen que no sólo aceptemos la pérdida de identidad, sino que además la necesitemos. Todo eso a su vez movilizando una gran industria y bombeando el corazón de la economía capitalista. Estados Unidos ganó y la globalización extendió La Palabra a toda la Tierra, incluso a Rusia. La igualdad ganó, pero no como los marxistas la soñaban. Ganó de otra forma, más sutil y efectiva. Y nadie se da cuenta. 
Los Parecidos logra sus mejores momentos cuando llega a niveles surrealistas. Se nota la influencia de Buñuel y su Ángel Exterminador. También cubre su limitado presupuesto con una excelente estética y puesta en escena basada en el cine clásico de género de los años 40 y 50 (Alfred Hitchcock también está presente, a través de la banda sonora). Lamentablemente, un giro de tuerca sobre el final, claro homenaje a The Twilight Zone, da una explicación a un fenómeno que no necesitaba ser explicado. Como bien demostraron George Romero y John Carpenter, el terror fantástico no siempre necesita explicación, y hasta a veces, es mejor sugerir o no explicar nada. Los Parecidos acaba contando demasiado, y se desvía un poco de la cuestión de la paranoia, en pos de darle cierto cierre a un relato que bien podría haber quedado abierto. No obstante, esto no le quita méritos a una muy buena expresión del fantástico mexicano.
Para cerrar, cabe destacar que todo el tiempo está presente el símbolo del niño matando al adulto (como en otra deudora hispana de The Night…, la enorme ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador). Lo cual nos remite a otra declaración de George Romero: “I always thought of the zombies as being about revolution, one generation consuming the next”. En el año de la muerte del maestro del terror, es bueno recordarlo reviendo sus clásicos, pero también apoyando películas como “Los Parecidos”, que mantiene viva la antorcha de un cine fantástico que busca revelar aquello que nos rodea y a veces nos negamos a ver.    

Nicolás Taramasco

nicolastaramasco@caligari.com.ar

Los parecidos