Las tres brujas de Losada. Los fantasmas de Losada (2015), de Gonzalo Murúa Losada

Manuela Rímoli 20 - Junio - 2016 Textos

 

En “Nadie acabará con los libros”1, en diálogo con Umberto Eco, Jean-Claude Carriere dice “(…) uno de mis amigos compara el libro con un cálido abrigo de piel. Se siente como abrigado, como protegido por los libros. Protegido contra el error, contra la incertidumbre y también contra la escarcha. Estar rodeado por todas las ideas del mundo, por todos los sentimientos, los conocimientos y los errores posibles, ofrece una sensación de seguridad y comodidad. Nunca tendremos frío en nuestra biblioteca. Ahí estamos protegidos, por lo menos del helado peligro de la ignorancia.”

En estas palabras pensaba cuando elegí ver la película “Los fantasmas de Losada”. Al reconocer en las puertas del cine el clásico arte de tapa de la respetada editorial argentina Losada, esa película parecía la solución a la melancolía y el frío de la tarde dominical. Sin embargo, las palabras de Carriere comenzaron a disolverse a medida que el film avanzaba ya que a pesar de estar presentado como un documental alrededor de la historia de la prestigiosa editorial, lo que luego se ve en pantalla es algo muy diferente.

La editorial Losada fue fundada en 1938 por Gonzalo Losada, quien fue sucedido por su hijo también llamado Gonzalo, último Losada relacionado con la cultura ya que hoy, internado en un geriátrico, a pesar de estar vivo es como si no lo estuviese; además lo suceden sus tres hijas, quienes serán las peculiares protagonistas de este film.

Teniendo en su archivo editorial a enormes escritores con obras literarias igual de magnánimas, esta editorial está presente en las bibliotecas de todo lector argentino. Losada padre fue un inmigrante español que apostó por la cultura en nuestro país y creó un centro de literatura tan importante y comprometido que los propios escitores (tanto de América como de Europa) lo estimaban, respetaban y admiraban. Pero esta parte (fundamental) de la historia se desdibuja en el documental a raíz de las palabras y las acciones de las herederas Losada. Lamentablemente, de estas dos generaciones comprometidas con la literatura y la cultura ya nada queda.

Las tres señoras no aparentan sentir la protección que los libros parecen darnos a los lectores, o quizás entiendan esta protección como seguridad económica y reconocimiento público (nada de esa lectura en silencio que fascinaba a San Agustín). Si el libro te protege del error, la incertidumbre y la escarcha, las Losada no tuvieron contacto real con el “archivo” editorial. Y de alguna manera, esto nos lo dejan muy en claro. No sólo por su léxico notoriamente reducido en comparación con las interesantes personas a las que entrevistan- historiadores e investigadores de la cultura argentina, sino también porque a lo largo de todo el film irán buscando la manera de acceder a ese archivo editorial, pero no para leerlo (objetivo que se cree principal) sino para otro tipo de amparo que a algunos dan los libros, la protección económica.

Si bien los trámites de venta y herencia económica ya fueron resueltos, las tres Losada no parecen estar conformes. Se aferran a algunas palabras perdidas en la historia y las usan como escudo para predicar su afán de venganza y su profundo odio. Los “fantasmas” de Losada, entonces, ya no importan y recordando “Macbeth”, reconocemos a tres brujas que parecen obrar con maldad.

Estas (¿aparentes?) pérfidas revelan secretos familiares (realmente, intimidades) que ni al más apasionado lector de las colecciones Losada le interesan. Tristemente, libros se ven pocos. También los nombres de grandes escritores (Beatriz Guido, Rafael Alberti) se pierden en la maraña de palabras cargadas de enojo y la importancia de don Losada (fundador de la editorial) queda sepultada al insistir, las tres figuras shakespeareanas, en su personalidad autoritaria y la final enemistad con su hijo, es decir, el padre de las tres Losada.

Sin embargo, hay dos escritores que “pelean”, a modo de representantes de la Literatura Universal, para que ésta al menos nos dé una cálida caricia a aquellos lectores sentados en la sala: Federico García Lorca y Pablo Neruda. Pero la caricia no oculta lo que ya se percibe desde el comienzo del film; aunque grandes poetas, en boca de las herederas Losada, no pasa desapercibido el (sutil) truco. Es decir, que las nietas del creador de una de las editoriales más prestigiosas de nuestro país solo mencionen -y se afanen en repetir sus nombres (como si de una memorizada poesía de escuela primaria se tratara)- a escritores que cualquiera conocería, es vergonzoso.

 

De todos modos, hay otra caricia, una audaz pero respetuosa y amable señora -de quien olvidaremos el nombre porque (a diferencia de otras figuras que se presentan en el film) no es mencionado con la importancia que merece- nos cuenta que la “L” del logo de la Editorial Losada no alude a la palabra Libro o al apellido del fundador sino a la palabra Libertad. En estos tiempos en los que la pregunta existencial alrededor del libro (como soporte) está en el corazón (ya casi desesperado) de todos los amantes de los libros, tiempos de aparente amenaza, todo lo que se acerque a ellos resulta atrayente. Y pensar, alejados del fetichismo, en los libros como libertad es un pensamiento muy acertado. Pero al parecer, esto es algo que sólo entendemos los amantes de la Literatura… Cuidado, herederas de Losada, en este frío invierno están más expuestas que todos al helado peligro al que hacía mención Carriere.

Manuela Rimoli

@manuelarimoli

manuelarimoli@caligari.com.ar

 

1- de Tonnac, Jean-Philippe (2009) Nadie acabará con los libros. Jean-Claude Carriere y Umberto Eco. Editorial Lumen, Argentina

Los fantasmas de Losada