Su majestad, el niño. Lolo (2015), de Julie Delpy

Carla Leonardi 10 - Abril - 2016 Textos

 

Lolo es una comedia romántica dirigida y también protagonizada por Julie Delpy, que es parte de la cartelera de la edición 2016 del festival de cine francés “Les Avant -Premieres.”

La película abre con un estilo moderno, con música francesa e imágenes de animación, donde vemos a un muchacho que lleva una corona, que se desplaza, entra a una casa y saca a bailar a una mujer, mientras desfila el título y los nombres de los protagonistas.

La acción se inicia en un pueblo del sur de Francia donde Violette (Julie Delpy), pasa unos días de vacaciones junto a su amiga Ariane. Ambas ya cruzaron el umbral de los cuarenta años, y buscan cierta diversión.  Violette trabaja en el mundo de la moda y no ha tenido ninguna relación duradera con un hombre desde la separación de su esposo y padre de su hijo Eloi. En sus días de descanso, conocerá a Jean-René (Dany Boon), un hombre que vive en Biarritz y trabaja en informática financiera.  Jean-Rene encarna al estereotipo del provinciano inocente, con mal gusto para vestirse, pero dulce y bonachón.  Y contra todo pronóstico, se enamorarán y Jean-Pierre se trasladará por trabajo a Paris, donde continuarán su relación.

Los problemas comenzarán a surgir cuando entre en escena “Lolo” (apodo de Eloi), el hijo de 19 años de Violette (Vincent Lacoste). Lolo es un artista plástico conceptual, se ha separado recientemente de su novia y ha vuelto a vivir con su madre. Lolo encarnará al “enfant  terrible” y se encargará de llevar adelante distintas tretas que irán inscrecendo en gravedad, con el fin de sabotear la relación de su madre con Jean-Rene: echará polonio en su ropa creándole una reacción alérgica, le colocará tranquilizantes en el alcohol para emborracharlo en medio de una fiesta del mundo de la moda que era importante para su madre,  y hasta llegará a colocarle un virus en el software que tenía que presentar en una cadena bancaria y logrará que su madre lo encuentre en la cama dormido con dos jóvenes mujeres.

Con la aparición de Lolo, si bien la película siempre mantiene el paso de comedia, comienza a despuntar un acento terrorífico, que se esboza en las sonrisas diabólicas de Vincent Lacoste, y en esta línea es interesante la referencia explícita en la pantalla del televisor a la película de Carpenter “El pueblo de los malditos” (1995)

Violette, pegada a su papel de madre y cegada por el brillo de ese hijo que la colma en tanto sustituto del falo; no podrá escuchar las explicaciones que tanto Jean-Rene , como los hombres que anteriormente pasaron por su vida, le den de las situaciones ocurridas. Será su amiga Ariane, quien le abra los ojos.

La película trabaja en clave de comedia y con gran acierto la cuestión del “Edipo no resuelto”. La adolescencia supone una reedición del Complejo de Edipo, que aquí se juega en Lolo en el venerado amor por la madre y el odio hacia aquel que ve como rival respecto de su lugar junto a la madre, que se expresa claramente en el duelo de paraguas, en tanto símbolo fálico, que mantendrá con Jean-René en una de las escenas. Lolo se resiste a abandonar su lugar de niño mimado y pequeño tirano de su madre. Pero el fin de la adolescencia implicaría también la salida del complejo de Edipo, es decir, que la marca del Ideal del yo, permita un pasaje de la posición de ser el falo maravilloso de la madre, a tener el falo en calidad de símbolo del cual hacer uso con otras mujeres. Es este pasaje el que Lolo, no está dispuesto a atravesar.  Del padre de Lolo, no sabremos nada, pero lo que sí sabemos es que tampoco Jean-Rene debido a su inocencia provinciana puede estar a la altura de la función de un padre que muestre su potencia  respecto de la madre y desaloje a Lolo de su trono, como quedará evidenciado en la escena del duelo mencionada. 

Pero como en todo vínculo, siempre hay dos, del lado de Violette se jugará  la dificultad para producir una separación respecto  de su hijo;  y en consecuencia, para darle lugar en su vida a un hombre. Este pasaje implicaría para ella abrirse al goce femenino, ese que se experimenta en el cuerpo vía la palabra de amor.

Como en toda comedia romántica, cuya naturaleza es conservadora, los amantes se reunirán al final. Y será la distancia física, ya que ahora Jean-Rene vive en Londres,  y no una operación de separación simbólica, lo que permitirá que Violette “corte” el cordón con Lolo.

La película logra entretener con un humor inteligente, sostenido por las sólidas actuaciones de sus protagonistas y entrega planos destacables por su belleza cromática. Además resulta interesante y refrescante poder ver a Delpy, tanto en la dirección como en la actuación, componiendo un personaje diferente de la “Celine” de la trilogía de Richard Linklater a la cual nos tiene acostumbrados; como ya lo hiciera en su película “La condesa” (2009)

En su trasfondo más profundo, Delpy pone en el tapete una problemática contemporánea cada vez más frecuente: la de una adolescencia que se ha hecho más extensa y eterna, y la de los padres que continúan siendo hijos y por ello se ven asediados por las demandas ilimitadas de sus propios hijos.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Lolo