“El terrorífico angst de la muerte viviente”. Les affamés (2017), de Robin Aubert

Rocio Molina Biasone 5 - Agosto - 2018 Texto

 

 

A menudo en contextos cinéfilos miramos con escepticismo y tratamos de evitar ciertos géneros. Nos burlamos de la comedia, nos violentan las de acción, y les escapamos a las de terror. A menudo se trata de prejuicios, es verdad, pero en nuestra defensa no están del todo injustificados: nos encontramos en una práctica cuyos fines se dividen entre el arte y el entretenimiento, y equilibrar uno y otro no es tarea fácil. Lo que nos suele enfrentar a géneros como el terror, la comedia, la acción, lo romántico y la aventura es que está en su naturaleza ponerse más del lado de entretenimiento que del lado del arte. Son géneros basados en provocar emociones muy específicas al espectador. Esto puede ser un arte, y es de hecho, parte integral del cine, pero cuando se trata de asustar, o de hacer reír, o de simplemente entretener, a veces la industria se va a contentar con producir películas que logren esto de forma directa, acudiendo a los mismos mecanismos una y otra vez, para seguir produciendo el resultado esperado en la taquilla. Pero esto no es culpa del terror, o de la risa, o de ninguna de las emociones humanas hacia las que el cine nos puede llevar (¡y qué agradecidos estamos de que nos lleve!), sino de los fines poco artísticos y más bien industriales, de gran parte de la producción cinematográfica mundial.
Dicho esto, estos géneros pueden alcanzar su máximo potencial — a mi criterio — cuando van en pos de lo original, de romper con ciertos esquemas en lo visual, lo auditivo y lo narrativo, para lograr los fines que se propone. De la misma forma en que películas como It Follows y A Girl Walks Home Alone At Night lo hicieron un par de años atrás, Les affamés crea un terror propio y nuevo, aprovechando los recursos que el audiovisual tiene para ofrecer, dialogando con los logros del terror de antaño, pero usándolos de maneras nuevas y escasamente vistas. Una película de zombies, sí, pero nunca fueron estos más aterradores.
El logro de Robin Aubert está en manejar la tensión de forma que los ‘sustos’ ocasionales y repentinos son apenas una parte de lo que asusta. Lo terrorífico invade la pantalla, no nos da descanso, nos sentimos tan cazados como los protagonistas, tan alertas como ellos, todo gracias a que el director nos deja en claro, desde las primeras escenas, que todo lo que vemos es engañoso, que nuestra perspectiva es parcial, que siempre hay algo que no estamos mirando, y lleva el viejo recurso del espejo que se corre para revelar un horror a niveles nunca vistos.
Aubert no se contenta con provocarnos miedo. Cuando no tememos, lo que sentimos es angustia, porque otra cosa no podría hacer una trama apocalíptica y tan trágica como tener que matar humanos para sobrevivir. El zombie es tradicionalmente visto como una bestia, y en las películas, matarlos es deporte, diversión incluso. Sí, siempre está el dilema moral y la tristeza de que los seres queridos se hayan convertido en zombies, pero raramente dejan que esto invada la película, como si tuvieran miedo de que la tristeza terminara absorbiendo el terror. Les affamés mezcla muchas emociones, pero las más presentes, las más conectadas entre sí, son el miedo y la angustia, pues qué es la angustia sino miedo, y qué es el miedo sino una angustia profunda hacia la incomprensión total de lo desconocido, y de la muerte. Qué es la pesadilla zombie, sino la representación misma de nuestro temor ante no poder encontrar palabras para definir algo que no conocemos: que no es vivir, pero tampoco morir.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Les affamés