Formas de la memoria. Lea y Mira dejan su huella (2016) de Poli Martinez Kaplun

Valentino Cappelloni  9 - Marzo - 2017 Textos

 


Lea y Mira dejan su huella pertenece al género de textos que reflejan, de forma variada, alguna dimensión relacionada con la experiencia nazi. Desde el lado del ejército, desde el lado de los colaboracionistas, los cobardes, los ignorantes, los indiferentes, o desde el lado de las víctimas. Este último caso es el caso de Lea y Mira... porque Lea y Mira no fueron otra cosa que víctimas: dos mujeres arrancadas de jóvenes e inyectadas en el horror más grande (sin ánimos de relativizar: por lo menos el más grande del que, colectivamente, hemos tomado consciencia) que haya generado un conflicto armado, los campos de concentración nazis. Por azar, por fortuna, por entereza y lucha individual, Lea y Mira sobrevivieron a Auschwitz y más tarde emigraron a la Argentina.
¿Cuál es la forma adecuada para filmar la memoria? Quizás cada memoria propone, y es solamente una cuestión de leer bien, su forma para ser filmada. En el caso de Lea y Mira... se trata de un registro intimista. Solamente una o dos cámaras, un plano medio o un primer plano en el living de las casas de Lea y Mira, o un plano en conjunto donde las dos conversan. Ocasionalmente, alguna foto de registro histórico que ilustra y sirve de puente entre dos momentos de relato.
Lea y Mira nos hablarán, alternadamente, de lo que vivieron en los campos, de su relación con las personas que las ayudaron (a veces una ayuda mínima, a veces una ayuda metódica y riesgosa que fue aquello que acabó salvándoles la vida), su relación con los soldados y cómo por muchísimos momentos casi prefieren quebrarse y terminar con todo. ¿Cómo entender que una persona pueda ser capaz de semejante violencia? “El ser humano puede ser lo mejor o lo peor”, parafraseo a Mira. Esta contemplación del horror nos permite comprender que, en esa violencia, existe algo íntimamente humano: no se trata de bestias. A su vez, esa violencia pareciera repercutir por siempre. El trauma con el que llegan a nuestro país, convencidas de que el mundo es un lugar demasiado horrible como para lanzar a otro ser humano a su sufrimiento, encuentra felizmente su repliegue cuando las dos hablan de sus familias: sí, hay esperanza.
¿Es importante contar con la existencia de estos testimonios? Definitivamente sí. Es un acierto que el realizador no quiera imponer demasiado su presencia: la intimidad que se logra es adecuada, siendo que la idea es volverse a un destinatario universal, porque el mensaje es para toda la humanidad, no para un diálogo de entrevistas.
En definitiva, el objetivo pareciera ser dejar un registro de un testimonio. Como todas las películas, en un momento la forma y la intención se delatan. En este caso sucede hacia el final, cuando vemos a Lea en diferentes charlas, en centros donde cuenta lo que, sabemos, nos ha contado a nosotros. Y este documental tranquilamente podría haber sido una filmación de esas charlas. Sin embago, a pesar de compartir su intención, no lo es. Este documental es el registro de dos testimonios de aquellas personas que vivieron en carne propia no sólo algo que no debería repetirse jamás, sino algo que todavía no es posible comprender del todo. Auschwitz emerge como un agujero negro en la historia del siglo XX que, después de los postulados de Hanna Arendt, parece producido por el método de la razón ejercido al extremo. Algo de ese pensamiento, la deshumanización que iguala a un ser humano con un objeto (que puede ser destruido o maltratado), todavía merodea entre nosotros. Lea lo dice claro cuando enumera las guerras recientes y actuales. No sólo el nudo del fascismo anida todavía en lo profundo, sino los horrores explícitos de la guerra se repiten mientras, paradójicamente en un mundo cada vez más globalizado donde más deberíamos estar al tanto, se replican maneras “justificadas” de cerrar los ojos.

Valentino Cappelloni

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Lea y Mira dejan su huella