Dios existe y es un sádico. Le tout nouveau testament (2015), de Jaco Van Dormael

Eduardo Savino 13 - Abril - 2016 Textos

 

El director de Mr. Nobody (2009) entrega esta vez una comedia negra basada en una premisa fundamental, conocida y resonante para la sociedad actual: Dios existe y es un sádico. Interpretado por Benoit Poelvoorde, es un hombre cínico y violento que vive encerrado en un departamento en Bruselas, desde donde reparte desgracias a la humanidad por medio de una computadora.

La idea recuerda vagamente a Bruce Almighty (2003), pero oponiéndose por completo al pensamiento expresado en esa película de que la bondad de Dios reside en administrar eficientemente –pongámoslo así- la dicha y el sufrimiento, como partes igualmente necesarias en la existencia humana. Desde el comienzo de Le tout nouveau testament, esta idea es reemplazada por una visión cruda de la hipotética función de un ser todopoderoso, mucho más acorde al mundo actual, menos regido por la fe que en siglos pasados. Dios se muestra como un padre violento, sometedor, que prohíbe hablar a su esposa (Yolande Moreau) y golpea brutalmente a su hija pequeña, Ea (Pili Groyne). Por el odio que siente hacia su padre, la niña decide escapar para encontrar seis apóstoles nuevos –gracias al consejo de su hermano, al que llama “J.C.” (David Murgia)- y escribir con ellos un nuevo Nuevo Testamento, con la intención de devolver la espiritualidad a la humanidad. Lo que se convertirá en el giro cómico más interesante de la película y que guiará el avance general de la trama será la decisión de Ea de enviar a todos los humanos sus fechas de muerte por mensajes de texto.

Por medio del género de comedia negra, Van Dormael aborda un tema de no poca complejidad conceptual que durante toda la primera parte de la película le sirve para tener una mirada crítica, manejándose en el terreno de una ambigüedad tan incómoda como graciosa. Sin embargo, a medida que avanza el film, pareciera como si el director –que escribió el guión junto a Thomas Gunzig- se arrepintiese de esa primera decisión y empezara de a poco a desdecirse, a buscar pequeños espacios donde pueda entrar lo políticamente correcto y hasta lo cursi. Por ejemplo, “castigar” a Dios cuando baja a la tierra y se encuentra con situaciones en las que termina derrotado, puesto que sin su computadora carece de cualquier tipo de poder. Esto, sumado a la estructura de la película (que emula la división en partes del Nuevo Testamento, con el Génesis, el Éxodo y los Evangelios) que tiende a volverse repetitiva y predecible, decepciona un poco frente a la voracidad de los primeros minutos donde la fragilidad de la especie humana se cruza con la justa dosis de absurdo –que terminará por dominar todo elemento de la película hasta el final- para dar una comedia lo suficientemente interesante y divertida para estar trabajando con temas bastante conocidos anteriormente para cualquier espectador.

especie de indecisión en lo argumental se condice con una heterogeneidad en lo técnico y estético. Más allá de la belleza indudable de las imágenes y la efectividad de los recursos utilizados –el trabajo de cámara está impecablemente realizado-, no existe una unidad visible en cuanto a estas decisiones. Como si se quisiera renovar todo el tiempo en lo visual para esconder otro tipo de errores, lo que se percibe es una heterogeneidad que termina por indicar que ante la duda sobre cómo contar la historia que se estaba desarrollando, se acabó por decidir hacer un poco de todo y quizás termina siendo demasiado como para interpretarlo como una cuestión estilística.
A pesar de estas cosas, la película en sí es disfrutable casi todo el tiempo y cuenta con algunos momentos de indiscutible inteligencia para hacer reír al público. Al fin y al cabo, no debe ser fácil afirmar en una película que Dios es un imbécil, salirse con la suya y de paso regalar un par de risas.

 

Eduardo Savino

eduardosavino@caligari.com.ar

Le tout nouveau testament