“Audiosexuales”. Le Plombier (2016), de Méryl Fortunat-Rossi y Xavier Seron

Rocio Molina Biasone 10 - Febrero - 2017 Textos- Foco: VII festival online MyFrenchFilmFestival

 

 

No es la primera vez que Fortunat-Rossi y Seron escriben y dirigen juntos un cortometraje, ni la primera vez que eligen el blanco y negro para su imagen. Podríamos preguntarnos por qué, pero la estética audiovisual de sus obras es tan sólida que no parece necesario saberlo, solo disfrutarlo. No me aventuro a suponer sus razones, pero hay algo de la crudeza y la extrañeza de las situaciones que estos realizadores ponen en la pantalla, que es enteramente compatible con la falta de color que las sostienen.
En esta ocasión, eligieron hacer cine autorreferencial, una película que habla del hacer películas. Mas no eligen cualquier tipo de industria cinematográfica: los personajes están haciendo una película porno.
“Haciendo una porno”, dice alguien; “gente teniendo sexo”, pensamos todos. Olvidamos, entonces, que en lo que a la producción respecta, una película pornográfica es como cualquier otra película: guionar, pre-producir, rodar, post-producir, distribuir, exhibir. Le plombier (El plomero) es el título del cortometraje que relata el proceso de doblaje al francés de una película porno con ese mismo nombre. Estamos en el universo más oculto e ignorado del cine en general, y diría, del cine porno en particular, pues para que exista la obra audio-visual… Alguien tiene que ocuparse del “audio”.


Entramos, entonces, en una situación donde el producto pornográfico ya no rige sobre lo visual. Los que trabajan, los que actúan, no son mujeres y hombres con físicos cuasi-perfectos, ni siquiera jóvenes. No son sus cuerpos los protagonistas, sino sus voces y sus bocas. Si bien, al pensarlo, no hay nada erótico en un conjunto de personas vestidas, de mediana edad, emitiendo gritos y gemidos, haciendo muecas y gestos ridículos para quien los ve de afuera, la dirección de Seron y de Fortunat-Rossi crea una nueva lógica erótica dentro de ese mundo del doblaje de películas porno, una sensualidad que se concentra en las diferentes bocas y sus múltiples usos.
En el sexo, los genitales suelen ser los protagonistas; pero las bocas dominan el doblaje, y éstas tienen su propios movimientos y fluidos, sus propias señales de excitación. Y pareciera que este universo afecta a sus personajes tan particulares. El director de porno que uno se imagina excitándose por la actividad de los cuerpos que coordina, acá es el director de doblaje que se fascina por sus protagonistas y sus sonidos. Los protagonistas de la escena, a pesar de (y, tal vez, justamente por) no tener que tocarse en ningún momento de su trabajo, van desarrollando una química, una intimidad y complicidad en esos gemidos ridículos.
Es como si los dos autores desearán a la vez contrastar y mezclar el universo sonoro y el visual, preguntándose: ¿cómo se ve lo que se oye en el porno? ¿Cómo se alteran los focos de atención y atracción en el paso de un universo a otro? ¿De qué maneras son diferentes los personajes que se involucran en cada uno?

Esta nueva lógica propia del doblaje del porno y de la selección de sus participantes pareciera, por un lado, terminar por exponer los mecanismos arbitrarios en la lógica del guión y del rodaje de las películas porno. Esto se ve ante la confusión del actor “vocal” cuando su co-protagonista se le insinúa haciendo referencia a la película misma en la cual están trabajando (“Puedes venir a mi casa si quieres… Creo que mi fregadero está bloqueado”). Es como si la misma persona que contribuyó a ese film pero solo a partir de lo sonoro, no entendiera esa lógica ya tan aceptada del porno por la cual los encuentros sexuales pueden darse de forma orgánica a partir de la visita de un plomero, o de un delivery de comida, o de alguien que viene a arreglar el aire acondicionado. Éste personaje no solo no tiene como lengua madre el francés, sino que tampoco tiene como lengua madre el porno.
Y por otro lado, así como todo universo determina a los personajes que lo habitan, los protagonistas de esta película no se excitan con lo visual, sino con lo sonoro. La estimulación no vendrá de ver cuerpo masculino y femenino al desnudo y en contacto, sino de la mera escucha de gritos o gemidos, sonidos que no son exclusivos de los films para adultos, o siquiera del sexo mismo; sonidos que fácilmente podrían encontrar (y que de hecho encontrarán) al sintonizar un partido de tenis.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

 

Cléo de 5 à 7