Lo efímero del día. Le parc (2016), de Damien Manivel

Juan Pablo Barbero 9 - Mayo - 2017 -Foco: 7º FICIC, Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín

 

Ya desde su título nos dice su escenario que va a recorrerse durante toda la película, un parque inmenso, o por lo menos la película así lo construye con una precisión en los planos generales donde los personajes se vuelven pequeños, donde ya de por sí lo son en la historia, ya que cuenta un pequeño romance, durante una tarde, entre una pareja de jóvenes que deambulan por el parque con la única intención de disfrutar la inocencia del amor mientras el parque los devora. Caminatas detenidas por juegos que terminan en el piso buscando dibujos en las nubes, una armonía verde durante una tarde tranquila, las risas, las caricias, los corazones jóvenes disfrutan el simple hecho de existir, para eso, para caminar, para reír, para acariciarse. Pero el amor cuando es muy joven se termina y la tarde se oscurece, se hace de noche y no se ve nada.
La narrativa del espacio lo pone como el primer protagonista, dejando atrás a los personajes, ya que la construcción enfatiza más en la inmensidad de lo recorrido, en la potencia del territorio y así se olvida de lo subjetivo, como si la historia de amor no sintiera y el parque sí. Los personajes van caminando armando sus caminos y disfrutan su juventud enamorados, pero el tiempo es cruel con el amor y esta película maneja ciertas duraciones específicas donde resalta lo efímero de una emoción, como si el amor se terminara al apagar la luz y cuando todo está oscuro no queda otra cosa que soñar. El día y la noche son enemigos cuando el día es tan feliz y la noche tan extraña, por culpa de un mensaje que baja el sol, lo esconde entre los bosques y hace de su luz la simpleza de una linterna. Lo fugaz del amor, lo joven del amor, lo onírico del amor.
Durante la noche se entra en un terreno completamente distinto, donde reina la extrañeza y el giro de la luz provoca que la inocencia se apague, como el sol de la tarde, aún en el parque, perdidos y desorientados, ya que la cámara que antes nos guiaba ya no ayuda, como si se perdieran las perspectivas, como si fuera otro lugar, otro momento y otro tiempo. Y en esta película, el otro, se vuelve imprescindible, porque en el amor, aun joven, el otro es indispensable. El sueño termina cuando se hace de nuevo de día y el parque abre su boca otra vez.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

 

Le parc