La peripecia del desamor. Le mépris (1963), de Jean-Luc Godard

Juan Pablo Barbero 15 -Abril - 2018 TextosFoco: 20º BAFICI, Buenos Aires Festival Internacional Cine Independiente

 

El desprecio alejando de lo que cuenta y fijándonos en su idea, narra lo que la Nouvelle Vague, movimiento cinematográfico al que Godard pertenecía, lo llamaron “Política de los autores”, donde los creadores de la película eran sus directores, no sus productores, ni sus estrellas, sino que la marca del autor era la del creador. Para dibujar esto, Godard llama nada más y nada menos que a Fritz Lang, gran director alemán, para que haga el papel del director que está filmando el clásico de Homero, también convoca a Brigitte Bardot, estrella del cine fracés para que haga el papel de la pareja del protagonista que es el guionista y con quien tiene conflictos, tanto laborales como amorosos, es con el productor que no deja de meterle palos en la rueda con una sonrisa horrenda y traicionera.

El desprecio es una adaptación literaria pero que su director dio todas las pinceladas posibles para hacer de la película una obra distinta, ya que el punto de partida si bien es la novela, no deja de tratarse de una historia sobre el cine, donde hay paralelismos con otras películas para hacer de esta cine puro. Hasta por momentos Godard se cita así mismo homenajeándose con pequeñas referencias, como la peluca que recuerda a la protagonista de “Vivir su vida”; también los afiches de cine que están por todas partes o también las reflexiones que hacen los personajes debatiendo sobre el futuro del séptimo arte. Se pone en la balanza la discusión entre creatividad y dinero y se enfatiza contar una historia a través de distintos aspectos.

 La paleta de colores que utilizaba Godard en esos años fue el período cuando más puso incapié en ese punto, donde las paredes tenían el color de la sangre y del cielo y los colores están siempre presente porque se les da la duración suficiente para brillar en planos secuencia que están pensado casi milimétricamente, por un fuerte énfasis en el montaje. Cada corte y cada segundo, son cuestiones políticas y estéticas. El desprecio se disfruta en esos pequeños flashbacks donde la película vuelve a esos segundos que fueron fugaces donde el título se hace presente y el ensayo se abandona para recordarnos que estamos viendo una película de amor… o desamor.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

Le mépris