“El amor es un cuarto pequeño donde siempre habitan dos”. Las pibas (2012), de Raúl Perrone

Victoria Leven 8 - Noviembre - 2016 Textos- Foco: 3 Asterisco Festival Internacional de Cine LGBTIQ.

 

La imagen difusa imagen de una joven hablando se refleja en un espejo roto. La primera toma del film ya es una imagen confesional pues mientras observamos su rostro fuera de foco escuchamos sus palabras intimas. Nos narra momentos traumáticos de su vida con una voz que brota de sus labios mientras fuma y desnuda sus pasadas angustias sobre un historia llena de temor y soledad.

 

¿Quién es ella? ¿Quién es “la piba”? “Creo que no soy la misma pero me puedo volver a reír”, Alguien la escucha fuera de campo, ¿alguien la escucha fuera de campo? ¿O somos solos nosotros testigos de esa confesión? Tal vez alguien está en el borde del cuadro y al otro lado de la pantalla, fuera de nuestra vista pero cerca de nuestra intuición.

Son dos mujeres, son “las dos pibas” que habitan un cuarto con una camita pequeña envuelta en sábanas blancas. Las paredes gastadas, descascaradas, como si fueran escamas que caen de la piel de los personajes.

 

“Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan…” *

 

“El amor es un cuarto pequeño donde siempre habitan dos” así llamo a esta nota, así vivo este film cada vez que vuelvo sobre él. En este cuarto que habitan hablan de su deseo amoroso y de sus avatares como pareja ¿cuáles son los límites del amor? ¿las reglas del compromiso? ¿Cuán cerca?… ¿cuán lejos?… ¿cuánto dar o pedir al otro para amar? para no perderlo…

La pregunta sobre el amor no solo está dentro del plano sino que se respira está ante todo fuera de campo, ubicada en la mirada que las envuelve por más allá del encuadre. En el cuadro podemos ver una puesta cuidada y no invasiva, escuchando esos diálogos que parecen simples pero son genuinamente profundos, y ante todo debemos entrever todo lo que evita ser mostrado o exhibido gratuitamente.

En esta breve historia las cosas se proponen, se sugieren, pero nada de esto se presenta de manera explícita, muy lejos de verse como una escena gay estereotipada ni con los clichés de los vínculos. Se construye distante de los clichés del amor pero a su vez cerca de los lugares comunes a los que accedemos todos los que amamos alguna vez en la vida, a un hombre o a una mujer. Las preguntas, las afirmaciones, las diferencias, los temores y las ansias son de una u otra manera las de cualquiera que necesita existir por la existencia de una pasión.

 

“se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan…” *

 

De Raquel ya te separaste ahora te estás separando de mí”… los diálogos fluyen dentro de unas pocas tomas planteadas sobre una cámara fija que se instala contrapicada para narrar toda la película. Parece decidida a ocupar ese lugar de testigo atento de la intimidad emocional de una pareja y mirar desde la tierra hacia el cielo a sus personajes. Así la realidad se engrandece frente a la lente y se impone radical frente a nuestros ojos, más grande que la que podemos ver fuera de la sala.

Los colores del film vibran como manchas saturadas que tiñen partes del encuadre cual una pintura moderna. La ropa, una pared, unas pelotitas fluorescentes, los pocos objetos. El verde, el amarillo, turquesa o rojo están envueltos por la luz blancuzca del sol que invade el espacio desde alguna puerta o una ventana. Estas pinceladas intensas de color le dan cuerpo y materia a la pantalla. Y aunque la matriz de film no está registrada en celuloide la sensación de lo corpóreo se instala desde el primer plano hasta el final. Cálido o frío, saturado o desaturado, nítido o difuso, definido o indefinido, granulado o pixelado, la paleta se construye con esa suma de sensaciones creando un recorte de texturas visuales en cada plano.

El film es una unión de momentos. ¿Vamos y venimos en el tiempo? ¿Es fragmentaria pero cronológica? No importa en absoluto, son cuadros vivientes. Ellas habitan el espacio mientras batallan por armar y desarmar el deseo que las une en cada línea del diálogo: “El acuerdo que tenemos que hacer es entre nosotras ….compartiendo como si fueras mi compañera o para coger nada más? …

Unas pelotitas fluorescentes bailan por el cielo nocturno, danzan desde las manos de una de las pibas hacia el cielo en un ir y venir de pura plástica visual. Es el mundo de la piba sola en su pequeño refugio, en su solitario universo silencioso.

 

“se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen…” *

Fuera de la habitación se abren dos espacios más: un camino y una fábrica.
Una caminata que se repite, una línea recta que une el mundo privado del cuarto despintado con la fábrica, el mundo de los otros. Allí la piba trabaja rodeada de varones que la observan con un deseo amenazante. En ese mundo externo no hay diálogos, y si los hubiera no se escuchan. El mundo sonoro mixtura el zumbido de las máquinas con otros ruidos indefinibles del espacio generando un clima de falsos silencios y de incómoda estadía.

Estos ruidos subjetivos invaden el cuadro marcando el preámbulo de un amenazante acontecimiento, algo que acecha y no sabemos que es a ciencia cierta. Y finalmente se precipita la escena tan esperada y tan odiada a la vez, la barbarie de una violación en manos de un obrero más , dueño de esas miradas perversas y maliciosas.

Pero lo magistral es que lo salvaje del hecho no se ve, se escucha en un perfecto fuera de campo. Nosotros espiamos desde el marco distante de una puerta a los obreros trabajando en la fábrica , todo en cámara lenta, mientras, los sonidos del llanto de la piba y los gemidos repulsivos del hombre cristalizan la fantasmática violencia del abuso.

Jamás se hablará entre ellas de este hecho, nunca. La omisión de eso lo dice todo, la vergüenza y el vacío, la vida que continúa. “¿Y entonces querés que estemos juntas?... los silencios son como las pausas del pensamiento y sus miradas se encuentran detrás de alguna respuesta que flota en el aire. Se toman de la mano y sellan todo en ese gesto. “Ser más tolerantes, confiar una en la otra” son frases que sobrevuelan la escena y la identificación es inevitable con esa necesidad del amor.

 

“se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan…” *

 

La otra piba, cuenta que se ha cruzado con su padre al que hace años que no ve y apenas puede reconocer. Una historia de abandono para una que le pone palabras, una historia de abuso para la otra que lo esconde en el subtexto. Dos soledades, dos dolores en una misma habitación.

Y en un íntimo primer plano fuera de foco se recuestan y se unen en un abrazo de enorme aceptación, esos abrazos que dicen “te necesito”. Besos. Sutiles viajan de la boca a las mejillas, tiernos, casi pudorosos. Una extraña melodía nos sumerge en ese plano sugerente y más revelador que cualquier desnudez explícita.

Si la primer imagen es la de un reflejo difuso de una piba sola, la última es la de dos unidas en una misma intimidad. Finalmente nos instalamos en ese espacio para quedarnos recostados buscando la verdadera esencia de estar allí enlazados en la contención de un abrazo.

“se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan” *

Victoria Leven

victorialeven@caligari.com.ar

 

* - Fragmentos del “Poema Número 12” / Oliverio Girondo : Obras completas.

Las pibas