“Las dietas no nos dejan acabar (felices)”. Las malcogidas (2017) de Denisse Arancibia

Rocio Molina Biasone 1 - Mayo - 2017 Textos - Foco:19º BAFICI, Buenos Aires Festival Internacional Cine Independiente

 

Siento que debo confesar el más abominable de mis pecados antes de hablar sobre esta película: soy feminista. Me fue imposible, entonces, no detenerme de forma instantánea cuando, scrolleando hacia abajo en el archivo pdf del catálogo de este Bafici, me choqué con el título de esta película. Como argentina y latinoamericana, creo no estar equivocada si digo que la palabra “malcogida" puede entrar en el top cinco de insultos, a veces increíblemente absurdos, de los que las mujeres sudamericanas somos destinatarias con frecuencia, a lo largo de nuestras vidas. “Puta”, por supuesto, siempre a la delantera. Pero oportunamente, “gorda” y “fea” son otros.
Malcogida, mal-cogida: ¿nos cogieron mal? ¿Bajo qué lógica nos deberíamos sentir insultadas por una situación de la que aparentemente somos víctimas y no victimarias? Absurdo, antes que nada, porque solo a una mujer se la haría responsable de que la falta de talento, compromiso, o esfuerzo de otra persona. Segundo, porque este insulto es utilizado, primordialmente, para desacreditar a una mujer que se enoja, que evidencia una injusticia, o que tiene el atrevimiento de quejarse de algo. Y aparentemente, la solución para no estar enojada, es que te cojan bien. Si así fuese, con tanto macho cabrío que se jacta de la cantidad y calidad de sexo que tiene, me sorprende que hayan guerras en primer lugar.
Carmen, interpretada por la misma Denisse, es una mujer en la cual recae a diario la tríada tríada de insultos a la mujer corporalmente subversiva: “fea”, “gorda” y, por supuesto, “malcogida”. Si analizamos su significación, las últimas dos palabras son descripciones a las que nuestra sociedad decide ponerle un filtro de indeseabilidad, para así juntarlas y formar la primera. Veredicto, fea. No solo malcogida, sino incogible.


Como mujeres, solemos pasar por un proceso de duelo antes de llegar la aceptación de nuestros cuerpos, a entender que podíamos desear y ser deseadas sin impulsos de autodestrucción. Una gran forma de llevar adelante este proceso, es la risa. Y otra, aún, es el arte. Denisse Arancibia las junta para crear su propia obra donde su voz es protagonista. Su voz testimonial, pero también su voz musical y cinematográfica. Se anima a poner el cuerpo. Y no hablo de animarse en el sentido que bien describió la comediante Amy Schumer en una entrevista, en la que contaba, entre risas, que aprendió qué era lo más insultante que le podían llegar a decir después de hacer una sesión de fotos desnuda: — ¡Qué valiente! —. Lo digo porque Denisse no solo pone su cuerpo, frente a cámara, al desnudo, sino que también exhibe su mente, sus experiencias, y se atreve a dirigirse a sí misma, en un conflicto que tiene como temática central el cuerpo de la mujer, y todo lo que otros tienen para decir al respecto.
El estilo de humor crudo y ácido a lo Almodóvar, mezclado con temas clásicos latinos de hace algunas décadas atrás, y una gama de personajes coloridos como solo la diversidad de género y sexual pueden ofrecer, se combinan en una película que quiere hablar de temas dolorosos sin quitarnos la chance de divertirnos, pues también lo merecemos. Una persona trans o homosexual ya sabe lo que es tener un grupito de machos esperando para molerte a golpes; una mujer gorda sabe lo que es que el mundo entero te recuerde que tu forma y tu peso no son bienvenidos en la nueva era, y que la mujer en serio no molesta, y por ende, ocupa el menor espacio posible; una señora de tercera edad sabe lo que es darse cuenta tarde de que muchos placeres le han sido negados, imposibilitados u ocultados, a lo largo de su vida, ya sea por mujer, ya sea porque su sexualidad era tabú. Si la película es desde ellas, y para otras como ellas, el melodrama no facilita las cosas. El melodrama es para quien no lo vive en carne propia, y lo ve desde afuera. La comedia es para quien necesita hacer catársis de su vida cotidiana.
En esta película — que más que “comedia musical”, yo llamaría “comedia con musicalidad” — el sexo y el deseo atraviesan toda la historia y todas las relaciones, acercándose a temas tabú pero con ligereza. Cuidado, no todo lo tabú lo es en cuanto considerado obsceno. Lo tabú puede venir de una ignorancia, de un estereotipo tan instalado que ni sabíamos que lo teníamos. Un primer tabú, que las gordas no cogen. El segundo, mostrar como una mujer gorda fantasea con un chico con belleza de modelo de Abercrombie. Como si estar fuera de lo configurado como bello, te impidiera racionalmente desear a una persona que sí entrara en los cánones. El deseo y el orgasmo son derechos y posibilidades para todos, para todas.
Carmen trabaja en una sala de cine porno que, gracias a internet, va en decaída. Se podría decir que el cine porno es el símbolo de una sexualidad vista de manera unilateral. Una sexualidad centrada en el deseo del varón hetero, y que por ello solo puede percibir el sexo desde la configuración de ese único placer, y desde cuerpos que se encuadran en lo que vemos en el porno. Y este cine porno, afortunadamente, está en bancarrota, y no queda otra que una refundación de ese espacio: una mujer gorda y un hombre virgen deberán hacerlo renacer, claro está, después de una pequeña muerte.

Rocio Molina Biasone

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Las malcogidas