“La forma que elegimos y nos elige”. Las decisiones formales (2016) de Melisa Aller

Rocio Molina Biasone 14 - Mayo - 2017 Textos 3º FCCH, Festival de Cine de Chascomús.

 

La forma. Nos encanta pretender que no nos importa. Que es irrelevante, o menor. Que “lo que importa es lo de adentro”. Y sin embargo, la forma es lo primero que vemos, y lo primero que ven de nosotros. No solo eso, sino que arte, todo arte, es forma. Una forma con un contenido, una forma que refleje el contenido, y para ello, imprescindible.
La forma, y las decisiones que se toman en su respecto, son propios de lo poético: de podría afirmar, por supuesto de modo general, que en la prosa — sea esta literaria o cinematográfica — el contenido predomina sobre la forma. Mas en la poesía pasa lo contrario: la forma es la Reina, el contenido cae servicialmente a sus pies, alimentándola y haciéndola más fuerte. Y no caben dudas, Las decisiones formales es, ante todo, poesía en imágenes.
Así como el cuerpo — ese eterno campo de batalla, aún hoy vivo y sanguinario — suele ser la tela sobre la que pintamos nuestro interior, y sobre la cual podemos plasmar lo que sentimos por dentro, el soporte que elegimos para nuestra película es particularmente importante cuando de filmar y editar poesía se trata. En el Super 8 fue que Melisa encontró su primer y más importante decisión formal. Aquel contenido que vemos como moderno se junta así con una estética que resulta tan antigua. Una relación forma-contenido trans-temporal que resulta más que adecuada para narrar las problemáticas de una mujer trans en la actualidad.

Ley de Identidad de Género: presente. Medidas para la inclusión laboral de personas trans: presentes, pero insuficientes. Igualdad de oportunidades para tener una vida digna: vergonzosamente ausente. El trabajo tal vez no haga a la persona, pero el acceso a un salario y a los medios necesarios para llevar adelante una vida digna, sí le permite configurarse en cuanto sujeto que sueña y que puede acercarse aunque sea un poco a sus sueños. Porque por más sensiblero que pueda sonar, soñar es un derecho humano, y hoy, a la comunidad trans, y a mujeres como Kimby, se les hace increíblemente difícil poder soñar con esperanza, poder imaginarse en cuanto personas legítimas, ya sea para formar una pareja como para tener un trabajo digno y estable.
La manera en que Melisa se dispuso a realizar su película es, de por sí, un acto poético: cámara Super 8 en mano, caminando por las calles de Buenos Aires, junto sus dos actrices y nadie más, y valiéndose sola y exclusivamente de los rollos que filmaba, y de la edición en cámara. Y acto poético es también la lucha trans, poner el cuerpo de forma constante. Como Kimby que se pasa sus días entre el ruido y el calor, entre la gente y el caos, en el tren o en la calle, para ganar unos pesos más, o menos. Y como el resto de hombres y mujeres trans, que abren el discurso sobre su propia carne, sobre sus genitalidad y sus identidades: teniendo que soportar que otros vean en su cuerpo una amenaza, por ceguedad ante ver la poesía en un contenido que elige una forma — o de una forma que refleja su contenido — con la justificación de que en nuestro manual de vida ya está ilustrado con suma prolijidad cómo se tienen que llamar las cosas y las personas según sean XX o XY, o XXY.
Para concluir, voy a citar a la misma Melisa Aller: “No quiero pecar de futuróloga, pero creo que hoy Benjamin diría que el formato digital es el formato que está desprovisto necesariamente de su carácter aurático”. No sé qué tanta verdad haya en su afirmación, pero una cosa es segura: tanto la lucha trans, como Las decisiones formales, tienen aura de sobra.

Rocio Molina Biasone

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Las decisiones formales