La gente y su tierra. Las calles (2016), de María Aparicio

Ivan Garcia 4 - Junio - 2017 Textos

 

 

A veces es complicado realizar un trabajo que demuestre amor por el lugar en el que uno vive, mostrar sus valores, su belleza y la riqueza que puede tener su historia, por más pequeña o desconocida que sea. Más aún hacerlo sin caer en el famoso “color local” despreciado por Borges, el remarcado artificioso e inauténtico de los supuestos lugares comunes o elementos decorativos que los extranjeros asocian al lugar. Sin embargo, María Aparicio toma un enfoque efectivo y acertado: el enfoque humano.

En una ficción con interesantes retazos de documental, acompañamos a una maestra de colegio en un trabajo de campo junto a sus alumnos. El trabajo consiste, en primera instancia, en realizar entrevistas a distintos pobladores de Puerto Pirámides y sus alrededores. A través de esto los chicos aprenden a realizar un trabajo investigativo con personas, pero sobre todo, aprenden las historias de la gente, que no son otra cosa que la historia del pueblo en que viven. En segunda instancia lo que busca la profesora es que aquellos  hombres y mujeres contribuyan con nombres de aquellos que consideren merecedores de tener una calle del pueblo a su nombre.

Esta historia es una versión ficcionalizada de un trabajo real, y que llevó varios años, en el que una profesora y sus alumnos lograron llevar adelante este proyecto de nombramiento de calles. El basamento en hechos reales, como así también las entrevistas personales, le dan ese carácter que lo acercan al relato documental. Es una línea que “las calles” transita delicadamente y no por pretensiones genéricas, sino para darle un mayor relieve al tipo de relato que se está contando.

La obra encuentra un interesante balance reflexivo alternando entre dos estilos yuxtapuestos. Por un lado tenemos los amplios planos de paisajes locales, del mar, de las distintas calles de tierra. Son fijos, de composición cuidada y, silenciosos, nos sirven de transición y de descanso. Por otra parte están aquellos planos muy cerrados, de cámara en mano y que juegan constantemente con el desenfoque, en aquellas escenas donde existe diálogo y las personas entran en juego. Esto se destaca sobre todo en las escenas de entrevistas, lo cual le confiere a estas situaciones un carácter mucho más intimista y personal. Esta es una película que se preocupa por la gente y sus historias, y trata de vincular a través de este cruce ambos factores, la tierra y la gente que la habita, como elementos que se complementan y conforman entre sí.

Las calles abre y cierra con grupos de pescadores trabajando. Quizá porque la simbiosis más clara y pura entre el hombre y la naturaleza, su tierra y su lugar, esté en el trabajo de todos los días que hace a la cultura  y al desarrollo del pueblo. Este es un relato amoroso dedicado a una tierra amplia, árida y ventosa, pero habitada por personas cálidas que la llenan y convierten en un lugar particular del mundo. Con sus propias historias. Con sus propios nombres. Con sus propias calles.

Ivan Garcia

ivanggarcia22@gmail.com

Las Calles