Del amor al odio hay un sólo paso. Las arácnidas (2015 ), de Tom Spinoza

Soledad Marcote 5 - Mayo - 2016 Textos - Foco: 3 Festival internacional de cine de Puerto Madryn

 

 

El mundo de las piletas es un espacio recurrente común en el mundo del nuevo cine argentino.

La idea de la intimidad en un espacio donde estamos igualados por un traje, la multiplicidad de sensaciones que produce la idea de inmersión, la variedad de capas que puede ofrecer el armado de sonido, los contrastes que vemos de los personaje exhibidos en el espacio de la pileta y el vestuario. Cambiarse, desvestirse, levitar en el agua, la ausencia de voz, el flotar en el agua como en el vientre materno.

Podemos recordar el cine de Lucrecia Martel en los inicios de “La Ciénaga” y el final de “La Niña Santa” en la pileta de María Alché y Julieta Zylberberg, las escenas de “Monobloc” de Luis Ortega en una puesta  casi teatral con Carolina Fal y Rita Cortese sumergidas en una pelopicho, el desaliento y el futuro que se acerca cada vez más incierto de Nicolás Mateo en “Nadar Solo” de Ezequiel Acuña, como algunas películas de nuevo cine argentino que exploran y recorren las posibilidades narrativas de éstos espacios.

Aparecieron también otras tras cinematografías, cortometrajes, menos visualizados sobre este mismo universo. Algunos son el cortometraje “Las Trillizas Propaganda” sobre campeonas imbatibles en nado sincronizado de Fernando Salem en 2006, el cortometraje de animación “Pileta Libre” de 2012 de Pablo Penchansky ganador del Concurso Georges Mélies, el documental "La pileta" sobre nadadores de Matías Bringeri y el reciente cortometraje ganador de historias breves de Josefina Recio “Las nadadoras de Villa Rosa”, sobre vínculos preadolescentes de un grupo de chicas de natación.

“Las arácnidas” se presenta como un capítulo primero -tal vez, a futuro una serie de cortometrajes sobre de un grupo de nadadoras adolescentes- que se prepara para un campeonato. En él, se describe el mundo de chicas adolescentes dado por un retrato siniestro, incomprensible y sórdido desde las maneras de vincularse y competir.

Las arácnidas no tienen un aspecto tan angelical como las nadadoras convencionales. Algunas están rapadas, usan pircings, se visten de negro. Juegan competencias en relación a aguantar la respiración, se filman. Se graban, se dan besos mientras la otra está sin respirar, se esconden cosas, se psicopatean.

El conflicto se da desde el grupo contra Nina, la nueva. La líder del grupo se enfrenta a ella. Aunque en su vínculo hay una tensión que se mezcla con atracción, o al menos se sugiere. Nina vive cierta culpa de ser la nueva y reemplazar a la gordita del grupo. Nadie cuestiona nada. O que desde un principio, nadie parece cuestionar a la líder.

Nina está sola y contra todos. En su mirada hay algo que la hace pura, distinta a las arácnidas. La lucha de Nina por conseguir su derecho de piso, se revierte de manera total de manera sorpresiva.
Del amor, al odio hay un sólo paso.

Soledad Marcote

soledadmarcote@caligari.com.ar

Las arácnidas